Las personas de 60 años o más representan el 26,7% de la población cubana, según reconoce la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), una realidad que, para la socióloga Elaine Acosta, expone la falta de preparación del país y las consecuencias de años sin políticas públicas oportunas para afrontar el envejecimiento.
En declaraciones a Martí Noticias, la directora del Observatorio de Envejecimiento, Cuidados y Derechos, Cuido60, cuestionó que las autoridades presenten este escenario principalmente como un desafío de países ricos que Cuba enfrenta con recursos insuficientes.
“Esconde la responsabilidad política que el Estado cubano ha tenido en que un proceso que debería ser una buena noticia para la sociedad cubana se haya convertido en una de sus principales tragedias actuales”, afirmó.
El informe de la ONEI, correspondiente a 2025, confirma que más de uno de cada cuatro habitantes de la isla tiene al menos 60 años. Esa proporción aumentó del 19,4% en 2015 al 26,7% en 2025. En Villa Clara alcanza el 30,2%, mientras que en el municipio habanero Plaza de la Revolución llega al 38,2%.
Para Acosta, las cifras muestran una transformación profunda de las necesidades del país, que ocurre sin las condiciones materiales, institucionales y sociales necesarias para atenderla.
“No está preparada ni en términos materiales, ni en términos institucionales, ni en términos culturales”, aseguró sobre la sociedad cubana.
La especialista señaló que la emigración masiva del último quinquenio ha acelerado el envejecimiento y advirtió que la salida de población continúa, aunque no alcance la magnitud de los años anteriores.
A su juicio, el problema no es únicamente la velocidad del cambio demográfico, sino las circunstancias en que se produce: una crisis que afecta tanto los recursos económicos como la disponibilidad de personas para sostener los cuidados.
Meses atrás, el demógrafo Juan Carlos Albizu-Campos alertó en entrevista con Martí Noticias sobre el llamado “vaciamiento demográfico”: una pérdida acelerada de población provocada por la combinación de baja fecundidad, mortalidad y emigración.
Albizu-Campos menciona escenarios en los que Cuba podría llegar a tener alrededor de 5,6 millones de habitantes si se mantienen las tendencias actuales, un escenario que, advierte, podría comenzar a hacerse visible mucho antes de 2100.
El envejecimiento está ocurriendo en “un país devastado, no solo en términos materiales, sino también en términos de recursos humanos”, afirmó.
Acosta describió una profunda crisis de cuidados que recae sobre las familias y que relacionó con el “retroceso o la retirada del Estado de la protección social”. Según su análisis, las personas mayores están entre quienes sufren con mayor intensidad las consecuencias de ese deterioro.
“Están pagando los costos más altos de la crisis, los costos más altos de no haber tenido una política pública oportuna para abordar este envejecimiento que estaba claramente pronosticado y anunciado que iba a ocurrir”, sostuvo.
La ONEI reconoce en su informe que Cuba enfrenta desafíos similares a los de países desarrollados, pero dispone de menos recursos económicos para afrontarlos. Acosta considera que esa explicación resulta insuficiente porque deja fuera las decisiones políticas y la falta de una respuesta anticipada.
Como contraste, mencionó a Uruguay y Chile, países con poblaciones envejecidas que, según explicó, han adoptado medidas políticas, económicas, educativas y de inversión para responder a esta transformación.
Aunque reconoció que ambos cuentan con mejores indicadores económicos que Cuba, destacó que sus experiencias muestran la importancia de las políticas públicas, incluso sin disponer de los recursos de las naciones más desarrolladas.
Para la directora de Cuido60, el envejecimiento podría representar una oportunidad para la sociedad cubana, pero la ausencia de una respuesta adecuada lo ha convertido en una fuente de mayor vulnerabilidad.
“Hay una raíz política detrás del asunto”, afirmó.
La socióloga sostuvo que enfrentar estos desafíos requiere ampliar las oportunidades de participación y decisión de los distintos actores sociales. Sin una democratización de la sociedad cubana, advirtió, será muy difícil responder adecuadamente a las necesidades de una población cada vez más envejecida.
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