Veinticinco años después, las imágenes de los atentados del 11 de septiembre de 2001 siguen grabadas en la memoria colectiva. Aquel día cambió la vida en Estados Unidos y marcó un punto de inflexión para el mundo.
Martí Noticias rinde hoy tributo a quienes perdieron la vida en los atentados terroristas de ese día, y a los que arriesgaron la suya para salvar a otros.
La mañana en la que cambió el mundo
Con la caída de las Torres Gemelas y el ataque al Pentágono también se quebró la percepción de la seguridad.
Unas 3 mil personas murieron en ese día a consecuencia de los atentados, entre ellas, más de 400 bomberos, policías, paramédicos y otros miembros de los servicios de emergencia que participaban en las labores de rescate en Nueva York. Sus nombres figuran en el National September 11 Memorial, en Nueva York. El National 9/11 Memorial Trail, una ruta de más de 1.500 millas, une ese memorial con los del Pentágono, en Arlington, Virginia, y el del vuelo 93, cerca de Shanksville, Pensilvania.
Los atentados tuvieron un impacto psicológico en la población de Estados Unidos y en la de otros países.
El 9/11 fue una de las grandes tragedias de alcance mundial que pudo ser visto en directo por millones de personas. Las imágenes del segundo avión estrellándose contra la Torre Sur se siguieron prácticamente en tiempo real. La televisión transmitió durante horas lo que estaba ocurriendo y aquellas escenas, repetidas una y otra vez durante los días y años siguientes, han quedado grabadas para siempre en la memoria colectiva.
Estados Unidos descubrió su vulnerabilidad y el mundo comenzó una nueva era.
Viajar ya no volvió a ser lo mismo
Muchas de las rutinas que hoy consideramos normales llevan la huella de aquel 11 de septiembre. Por ejemplo, se establecieron controles de seguridad mucho más rigurosos en los aeropuertos.
Antes del 9/11 era habitual acompañar a un familiar o amigo hasta la puerta de embarque. No existían las actuales restricciones para transportar líquidos ni eran habituales las inspecciones de calzado o los escáneres corporales, aunque estas medidas llegaron tiempo después de los atentados terroristas.
También se reforzó la seguridad dentro de los aviones. Se blindaron las puertas de las cabinas de los pilotos y se restringió considerablemente el acceso a ellas como prevención de posibles secuestros. Además, se amplió de forma considerable el programa de agentes federales encubiertos a bordo de determinados vuelos.
Antes del 11 de septiembre, las distintas agencias de seguridad e inteligencia de Estados Unidos trabajaban de forma mucho más separada, y con ciertas barreras, para compartir datos entre ellas.
Después de los atentados, el Gobierno modificó ese sistema para facilitar la colaboración y el intercambio de información. El objetivo principal pasó a ser detectar posibles amenazas y prevenir nuevos ataques antes de que ocurrieran, lo que también llevó a ampliar las medidas de vigilancia y control.
En 2004, se aprobó la Intelligence Reform and Terrorism Prevention Act (Ley de Reforma de los Servicios de Inteligencia y Prevención del Terrorismo), que reorganizó el sistema de inteligencia estadounidense para mejorar la coordinación entre las distintas agencias.
La ley creó el cargo de Director de Inteligencia Nacional (DNI), responsable de coordinar la comunidad de inteligencia, y estableció el Centro Nacional de Contraterrorismo (NCTC), encargado de integrar y analizar información relacionada con posibles amenazas terroristas.
Otro de los grandes cambios fue la creación de la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA) en noviembre de 2001, responsable de reforzar y unificar los controles de seguridad en el transporte, especialmente en los aeropuertos. Muchas de las nuevas medidas de seguridad aérea adoptadas en Estados Unidos fueron secundadas por otros países.
Comenzó la “Guerra contra el Terror”
Estados Unidos y sus aliados iniciaron una campaña internacional contra Al Qaeda y otras organizaciones terroristas.
En octubre de 2001 comenzó la guerra de Afganistán, con el objetivo de desalojar del poder a los talibanes, que daban refugio a Al Qaeda, y así desmantelar la red terrorista responsable de los atentados del 11 de septiembre.
Por primera vez en su historia, la OTAN invocó el Artículo 5 de su tratado, que establece que un ataque contra uno de sus miembros se considera un ataque contra todos. Hasta hoy, el 9/11 sigue siendo la única ocasión en que la Alianza Atlántica activó formalmente este principio de defensa conjunta.
También aumentaron considerablemente las medidas antiterroristas dentro de Estados Unidos. En octubre de 2001 se aprobó la Patriot Act (Ley Patriota), que amplió las facultades del Gobierno para investigar posibles amenazas, realizar labores de inteligencia y aplicar medidas de vigilancia.
Por dicha ley y para reforzar el control sobre las transferencias de dinero, se endurecieron las medidas para impedir que organizaciones terroristas pudieran financiarse y mover dinero a través del sistema financiero.
Los bancos tuvieron que reforzar la identificación de sus clientes y la vigilancia de operaciones sospechosas. También se ampliaron las facultades de las autoridades para rastrear transferencias y congelar cuentas y activos relacionados con personas u organizaciones vinculadas al terrorismo.
Estas medidas se crearon para dificultar que los grupos terroristas pudieran utilizar bancos y otras instituciones para financiar sus actividades.
El aparato de seguridad nacional también fue reestructurado. En 2002 se creó el Departamento de Seguridad Nacional (DHS), que comenzó a funcionar en 2003 y reunió bajo una misma estructura a numerosas agencias y organismos relacionados con la seguridad, las fronteras, la inmigración y la respuesta ante emergencias.
Al mismo tiempo, Estados Unidos amplió sus operaciones antiterroristas en otros países, reforzó la cooperación internacional y la vigilancia de las fuentes de financiación del terrorismo. En los años siguientes también aumentó el uso de fuerzas de operaciones especiales y de drones para localizar y atacar a miembros y dirigentes de organizaciones terroristas.
La guerra en Afganistán, iniciada en octubre de 2001, se prolongó durante casi dos décadas. En marzo de 2003, comenzó la guerra en Irak.
Surgieron nuevas dinámicas regionales y organizaciones extremistas, entre ellas ISIS (Estado Islámico de Irak y Siria en inglés, Islamic State of Iraq and Syria) cuyas consecuencias geopolíticas aún persisten.
Compensación a las víctimas y familiares
Años después, miles de rescatistas, trabajadores y supervivientes comenzaron a sufrir enfermedades relacionadas con la exposición al polvo, el humo y las sustancias tóxicas liberadas en la Zona Cero.
Tras los atentados, el gobierno de Estados Unidos creó el September 11th Victim Compensation Fund, (Fondo de Compensación para las Víctimas del 11 de Septiembre), destinado inicialmente a indemnizar a los familiares de los fallecidos y a quienes sufrieron daños físicos.
Posteriormente, la protección fue ampliada ante el creciente número de bomberos, policías, voluntarios y trabajadores que desarrollaron cánceres, enfermedades respiratorias y otras afecciones relacionadas con las labores de rescate, recuperación y limpieza.
En 2011, la Ley James Zadroga amplió las compensaciones y estableció programas de seguimiento y tratamiento médico para los afectados. Además de la atención sanitaria, las víctimas elegibles pueden recibir indemnizaciones por enfermedad, pérdida de ingresos y otros daños.
En 2019, el Fondo de Compensación recibió autorización permanente y el plazo para presentar reclamaciones fue extendido hasta 2090.
Veinticinco años después de los atentados, Estados Unidos continúa atendiendo y compensando a quienes todavía sufren las consecuencias de aquel 11 de septiembre.
Martí Noticias ofrece una programación especial este 11 de septiembre dedicada a conmemorar el 25º aniversario de los atentados, para rendir homenaje a las víctimas y mantener viva la memoria de una fecha que nunca debemos olvidar.
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