Las Grandes Ligas siempre se han vanagloriado desde su nacimiento de tener el mejor béisbol del mundo, pero hasta 1947, algo faltaba para que esa afirmación fuera una verdad absoluta.
Los peloteros de raza negra estaban vetados para jugar en las Mayores desde que a finales del siglo XIX, Cap Anson, mánager-jugador de los Chicago Cubs y primera estrella genuina que tuvo el béisbol en sus albores, se negara a compartir el terreno con jugadores de piel oscura.
En la década de los años 40 del siglo XX, muchos de los mejores peloteros de las Grandes Ligas se alistaron en el ejército y fueron a combatir en la Segunda Guerra Mundial y el espectáculo decayó por la ausencia de estrellas como Joe DiMaggio y Ted Williams, entre otros.
Los negros tenían su propia liga y los equipos de las Mayores les alquilaban sus estadios los días que no había partidos para que ellos jugaran allí.
Un visionario llamado Branch Rickey, gerente general de los Dodgers de Brooklyn, vio la gran cantidad de público de todas las razas que atraían aquellos encuentros por la indiscutible calidad de los jugadores, en los que vio una mina de oro para llenar el vacío de quienes habían tomado las armas para combatir a la Alemania Nazi en Europa.
Aunque para finales de 1945 la guerra había terminado y las estrellas comenzaban a regresar a casa, Rickey estaba decidido a llevar su revolucionaria idea adelante y el 23 de octubre de ese año escandalizó al entonces conservador mundo del béisbol, al firmar como agente libre a Jackie Robinson, un jugador de cuadro que brillaba en las Ligas Negras con los Kansas City Monarchs.
Tras pasar la temporada de 1946 en AAA, el 15 de abril de 1947, se convirtió en el primer pelotero de raza negra en jugar en Grandes Ligas desde que se estableció la infame barrera racial en el siglo XIX.
De hecho, no fue Robinson la primera opción para quebrar el muro racial. La primera elección fue el cubano Silvio García, quien no entendió la dimensión de lo que se venía y a una pregunta de Rickey sobre cómo reaccionaría si un pelotero blanco lo escupía en el terreno, prometió matar al que se atreviera.
Fue entonces que los Dodgers escogieron a Robinson, quien, con un estoicismo a prueba de balas y consciente del papel histórico que le tocó desempeñar, le abrió las puertas de las Mayores a sus hermanos de raza.
Llegaron entonces otros inmortales como Satchel Paige, Frank Robinson o Willie Mays, y el cubano Minnie Miñoso, primer latinoamericano de raza negra en jugar en MLB.
En su honor, en 1997 se estableció el Día de Jackie Robinson, cuando todos los peloteros usan excepcionalmente su número 42, retirado de todos los equipos.
A partir de su llegada, hace 79 años, las Grandes Ligas estuvieron finalmente completas y la afirmación de que se trata del mejor béisbol del mundo se convirtió en una verdad absoluta.
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