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Guantánamo, buena plaza para herreros


El sentimiento de inseguridad ha hecho proliferar las viviendas enrejadas en Cuba (Roberto J Quiñones).

Con el verano, los índices de robos en viviendas y los atracos callejeros aumentan en las calles de Guantánamo, que como toda Cuba, se enreja.

Al igual que ocurre todos los fines de año, al inicio del verano, y específicamente en los meses de junio y julio, los índices de robos en viviendas y los atracos callejeros aumentan significativamente en las calles de Guantánamo.

A principios de este mes de junio, personas desconocidas penetraron en el patio del señor Hernán Vargas Sánchez, vecino de la calle San Gregorio No. 1110, esquina a Ramón Pintó, una zona céntrica de la ciudad, y le robaron una "balita" de gas con su reloj. Le pregunté si había denunciado el hecho y me contestó que no valía la pena realizar la denuncia, pues no tenía ninguna prueba o sospecha. Optó por poner la balita de repuesto en lugar de la anterior y colocarle un reloj viejo que tenía guardado.

Ahora, cuando su esposa termina de hacer la comida, él se toma el trabajo de entrar la balita del patio para la cocina, pues ésta, con su reloj y manguera, puede costar hasta mil pesos en el mercado negro.

Una amiga, médico del hospital provincial de esta ciudad, me contó que el pasado jueves 19 de junio, al transitar por la calle Emilio Giró, entre Carlos Manuel y Beneficencia, un joven se le acercó y le arrebató la cadena, dándose inmediatamente a la fuga. Su aturdimiento, debido al golpe recibido en el pecho, y su pánico, le impidieron identificar al atracador. Tampoco formuló denuncia, pues –dijo- eso mismo le había pasado a una vecina suya, unos meses atrás, y aunque hizo la denuncia, la policía jamás encontró al ladrón.

Estos sucesos se reiteran con frecuencia en la zona centro de la ciudad, pero los dirigentes del MININT, que movilizan a decenas de policías y a cientos de agentes para cercar y hostigar a los opositores pacíficos, no han usado jamás esas fuerzas para erradicar tales hechos delictivos en una zona densamente poblada y transitada.

El gobierno tampoco se salva

Pero la ola de robos no se centra únicamente en los bienes de los particulares. También ocurren en los del gobierno. Las bodegas, las tiendas recaudadoras de divisas y las cafeterías son objetivos muy apetecidos por los ladrones.

Comercios estatales como las bodegas también se curan en salud instalando rejas contra los ladrones de comida (RJQH)
Comercios estatales como las bodegas también se curan en salud instalando rejas contra los ladrones de comida (RJQH)

El pasado mes de mayo, la bodega No. 172, El Rincón, ubicada en la esquina de las calles 5 Oeste y 5 Norte, Reparto Pastorita, fue objeto de un robo por el que fueron sustraídos alimentos de la canasta básica y otros productos que se ofertaban a precios liberados. El inmueble estaba en muy malas condiciones y no era la primera vez que los ladrones se aprovechaban de su estado para robar.

La bodega El Caracol, ubicada en la esquina de las calles Paseo y Ahogados, una intersección muy céntrica de la ciudad, fue objeto de un robo en la noche del pasado jueves 19 de junio, acción que fue detectada el viernes por la mañana y provocó la presencia de la policía y de los técnicos de criminalística. Esta bodega fue objeto de una reconstrucción hace menos de seis meses.

El pasado lunes 16 de junio, la tienda conocida popularmente como “Cubanacán”, sita en la calle José Martí entre Carretera y Emilio Giro, también en el centro de la ciudad, fue objeto de un robo. Esta vez, según rumores escuchados por este redactor a vecinos de la cuadra, los ladrones usaron un bisel para horadar un cristal del frente de la tienda y penetrar en ella.

Dándole vida al herrero

Como si no bastaran las numerosas cárceles y restricciones que padecemos, Cuba entera se enreja y Guantánamo no es la excepción. Las rejas proliferan en el centro y en todos los barrios de la ciudad.

Las casas de los nuevos ricos (léase dirigentes, militares de rango de las FAR y el MININT, gerentes y trabajadores del turismo, jubilados de la base naval y sus descendientes, familias que reciben divisas del extranjero, médicos que han cumplido misión internacionalista, transportistas privados, jineteras, chulos, viajantes al extranjero y otros prósperos emergentes), han hecho de las rejas separadoras su signo de identificación.

Precisamente, ese grupo social ha ido imponiendo otra visualidad a la ciudad por el uso de las rejas. Algunas, justo es decirlo, están bien hechas. Otras no. Pero tanto unas como las otras, reflejan que el sentimiento de inseguridad ha calado hondo en la sociedad guantanamera.

(Publicado originalmente en Cubanet el 06/26/2014)

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