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En los cementerios cubanos los muertos pierden prendas y ofrendas y los muros exhiben carteles de "Patria o Muerte" y "Regresen los cinco".

En Cuba saquean las sepulturas, ponen música alta cerca de los cementerios, se roban las flores plásticas o naturales y hasta despojan los féretros del vidrio frontal.
En un promontorio humilde descansan los muertos pobres, sin abolengo y en un panteón empotrado en mármol descansan los “héroes de la patria”. El apartheid y la diferencia llega hasta la tumba.

Como no basta vivir en la pobreza, para algunos, guardar a sus muertos se vuelve una odisea. A Duniesky Domínguez González le parece increíble que el caso del cementerio en la oriental Palma Soriano no sea único y se repita en todo el país pues “pues los cementerios son víctimas incluso de la propaganda gubernamental, que en sus muros ponen letreros como “Patria o Muerte”, “Vivan los Cinco” “Somos felices aquí” y otros más, lo que es una falta de respeto. En Cuba después de 1959 usted no puede comprar una bóveda y los que no la tienen son enterrados en la tierra directamente”, dice sorprendido.

A la imposibilidad de adquirir un nicho de piedra o mampuesto se une el vandalismo, que incluye el despojo de prendas o los obsequios finales que les hacen los seres queridos, según sea la cultura funeraria de la región. “Los muertos son despojados de prendas de vestir, botellas de ron que les dejan los familiares y a las cajas los sepultureros o personas ligadas a ellos les roban el cristal para revenderlo. Pero cuando se van a hacer las exhumaciones las personas deben llevar sus propios medios como alcohol, talco de preparación, guantes y la caja para los restos”, señala Domínguez González.

Entre los tropiezos burocráticos más comunes de los cementerios están los registros trocados, extraviados o deteriorados por la falta de condiciones de archivo.

En el camposanto de Palma Soriano “se ha perdido una tradición, la de que lo muertos descansen en paz, pues eso allí parece una casa de cultura o un carnaval por la música alta que ponen, mesas para vender productos alimenticios y demás. Hay personas que viven cerca del cementerio y el día de las madres ponen música, una pipa (cisterna) de cerveza a granel como un día festivo”, indica Henry Sánchez Martínez.

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Arletis Roque Villamir junto a su familia se ha encargado de acondicionar el panteón familiar que tienen en el Cementerio de Palma Soriano con recursos propios. “Mi familia tiene una bóveda con seis capacidades y la limpieza y reparación corre por parte nosotros. Yo he ido a llevar flores a las jardineras y al otro día ya no están, se las han llevado de ahí. Si eso está estable, es gracias al particular”, concluye.

En La Habana el periodista Odelín Alfonso afirma que el irrespeto por los muertos “empieza por el gobierno, que no pone la vigilancia necesaria. En ocasiones el robo de huesos se achaca a los ritos afrocubanos. Pero se roban también los canteros, floreros y hasta las flores naturales”.

“Para la fabricación de los osarios se usan materiales de construcción, que por la necesidades de la población, van a dar a otras manos. Que se los roban aunque sean de bajo costo. Hace poco estuve en el cementerio de Santa María del Rosario y el local que tienen para los osarios, los restos de los combatientes están apilados unos encima de otros en un local de cuatro por seis metros de largo, yo fui a entrar y la muchacha me dice: no te recuestes, por favor que se desbarata eso, se caen”, afirmó el periodista independiente.

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Cuando en 1989 comenzarón a traer los cadáveres de los combatientes caídos en la guerra de Angola, en los cementerios municipales se creó el panteón de los “internacionalistas caídos”. Estos sitios “contrastan con las malas condiciones de los panteones de la gente común pues están empedrados con mármol y tienen hasta un servicio de vigilancia” agrega Odelín Alfonso.

No solo en Palma Soriano, “en toda la isla es así. Para los combatientes un buen panteón y la tierra para los otros cubanos”, añadió algo molesto Henry Sánchez. Y es que en la revolución socialista, vendida como “de los humildes y por los humildes” hasta el descanso eterno precisa de un privilegio.

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    Luis Felipe Rojas

    Luis Felipe Rojas Rosabal, 1971. Narrador, poeta y realizador audiovisual. Tiene publicados -entre otros- los poemarios Para dar de comer al perro de pelea (2013) y Máquina para borrar humanidades (2015). Conduce el programa Contacto Cuba, de Radio Martí. Periodista dedicado al tema de los Derechos Humanos, ha recibido seminarios de la Universidad Internacional de la Florida (FIU) y la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). Lector voraz, amante del running, las artes plásticas y la música alternativa. Es autor del blog Cruzar las alambradas . Siga a Luis Felipe Rojas en @alambradas.

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