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Cine de Estado de Sats no es de terror, pero enerva


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Una película sobre un artista disidente chino exhibida en casa de Antonio Rodiles (1ra no 4606 entre 46 y 60, Miramar) llevó a la policía política a bloquear las calles adyacentes a varias cuadras a la redonda.

Tal parece que la situación operativa dentro de nuestra isla está cambiando para peor.

Ayer día 16 de agosto del 2013 el Sr. Rodiles y familia habían cursado una invitación electrónica abierta para que los disidentes asistieran a otra de las sesiones "Cine a Toda Costa” donde se pasaría un documental sobre la vida de un famoso disidente chino [el artista Ai Weiwei], quien ha sufrido mucho la represión en su país.

Asimismo en estas actividades, las cuales son producidas por Ailer, la esposa de Rodiles, se pasan otros cortos ilustrativos e informativos sobre los temas que nos interesan.

La cita era para las 8 PM. Salí de mi casa sobre las siete y veinte lo cual me permitiría estar allí diez minutos antes, después de haber cenado tal vez demasiado si se armaba algún jelengue. Todo rodó normal hasta cuando crucé la calle 42 a la altura de Tercera en Miramar.

Allí me percaté de la razón por la cual no me habían seguido. En todas las intersecciones que dan acceso al hogar de los Rodiles, se aglomeraban decenas de agentes de la Seguridad del Estado vestidos de civil. Cuando rebasé la cafetería La Copa, muy conocida por mi persona en tiempos de estudiante, me llamó la atención una agitación extraña dentro de la masa de jóvenes gorilas, quienes se lanzaban al medio de la calle justo en la intersección para impedirme el paso, mientras tres o cuatro custodios y otros visitantes del Balneario Universitario, justo al frente, observaban curiosos la escena.

Mientras pisaba en apuros el pedal del freno, una camioneta van de la DICO, sección de operaciones especiales de la policía, con capacidad para diez energúmenos, se detenía bruscamente frente a mi auto, a unos centímetros de la defensa, impidiéndome el paso, mientras todos frente a mí se movían en forma caótica.

Estuve parado unos segundos que me parecieron minutos, mientras la confusión y la molotera gorila continuaba frente a mis ojos. Supuse preocupado que acto seguido los muchachos me extraerían bondadosamente de mi asiento detrás el timón, me insuflarían dentro del panelito reluciente de la DICO, y me trasladarían hasta alguna unidad represiva, mientras se llevarían mi carrito a cualquier otra parte.

Extrañamente un blanco flaco, alto y educado, agente con ínfulas de jefe, le señaló a gritos a la aguerrida tropa a alguien que intentaba escapar de la trampa a todo correr a la altura de La Copa.

Se fueron a cazarlo en tromba de mil a uno, mientras el jefe delgado me invitaba a proseguir cortésmente. “Pase, señor, pase. ¡Arturo, acaba de quitar esa m… del medio!” Le gritó al chofer del transporte policial.

Corté hacia la derecha para evitar el vehículo. Pasé por entre algunos agentes alborotados en la esquina y tomé a la izquierda por Primera hacia la casa de Rodiles.

Primera se apreciaba traicioneramente vacía. No se veía ningún guardia. Pensé que no podría estacionar como de costumbre justo al frente de la residencia de Rodiles debido a la cantidad de cámaras instaladas allí. Eso sería regalarme. Doblé a la izquierda en la primera intersección inmediata antes de la entrada. Se veía un generoso charco de agua acumulada minutos antes por un aguacero.

En la otra esquina, impidiendo el paso se aglomeraban unas treinta personas. No me detuve, aunque disminuí la velocidad. Afortunadamente los agentes se apartaron un poco, no sin que alguno intentara ver bien quienes eran los ocupantes del extraño coche. Sobrepasé este otro cordón. Estaba saliendo.

"En las otras dos esquinas de la calle 60 estaba estacionado un auto patrullero y varios coches de civil con una buena cantidad de agentes y policías de ambos sexos"
"En las otras dos esquinas de la calle 60 estaba estacionado un auto patrullero y varios coches de civil con una buena cantidad de agentes y policías de ambos sexos"
En las otras dos esquinas de la calle 60 estaba estacionado un auto patrullero y varios coches de civil con una buena cantidad de agentes y policías de ambos sexos. Todos me observaban atentamente pues aún había suficiente luz de sol. Parecían algo confundidos y no hicieron ademanes para detenerme. Sus órdenes seguramente serían de no dejar pasar hacia la residencia de Rodiles, no había nada con dejar salir a la hora de entrada.

De todas formas iba despacio. Esperaba que en cualquier momento algunos coches de civil o patrulleros de la policía se interpusieran aparatosamente en mi camino.

Saliendo de Miramar supuse que ya no me detendrían. De todas formas ellos conocen mi auto y su matrícula, saben dónde vivo y qué hago todos los días.

Rodiles había convocado para esta reunión con tres días de antelación y ese día había estado enviando mensajes de alarma, pues sus llamadas telefónicas estaban siendo bloqueadas y utilizaban su número de móvil para enviar mensajes falsos.

Hoy puedo extrañamente hacerles el cuento. El gobierno parece estar apostando por un lenguaje más violento contra los disidentes y cuentapropistas mientras la ONU estudia qué va a hacer con Cuba y su tráfico de armas obsoletas hacia Corea.

Nuestro ejecutivo también parece haberse puesto de acuerdo con el venezolano para montar al unísono una campaña contra la corrupción allá y contra los trabajadores privados aquí, con una evidente intención y trasfondo político. Sin duda el gobierno sabe cómo está la situación interna y externa para nuestra nación.

La Seguridad del Estado y la Policía parecen nerviosos y han recibido órdenes de actuar con crudeza para evitar las reuniones y manifestaciones públicas de los disidentes.

Cuando generan estos sobredimensionados aparatajes masivos para impedir el encuentro de cuatro gatos es porque temen y conocen que algo más fuerte está por suceder. El caldo de cultivo está preparado.

Ellos mismos se encargan de encender el fogón.

(Enviado por el Proyecto de Integración Gay Shui Tuix)

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