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Carromero cuenta todo a los cubanos a través de Radio Martí


Angel Carromero sobre el video que le grabaron en Cuba: "En España no decimos 'accidente de tránsito', sino 'de tráfico'. Estaba repitiendo lo que me dijeron que dijera".

El joven político español estuvo en el programa "Las noticias como son", donde expuso sus recuerdos e impresiones del día en que murieron --o fueron ultimados-- Oswaldo Payá y Harold Cepero.

Angel Carromero, protagonista clave de los sucesos del 22 de julio del 2012 en los que resultaron muertos el líder civilista cubano Oswaldo Payá Sardiñas y el activista de su Movimiento Cristiano Liberación Harold Cepero, contó a Radio Martí el miércoles los detalles de aquella jornada que cambió su vida.

A continuación, una versión escrita de la entrevista que Carromero concedió a nuestros colegas Amado Gil y José Luis Ramos para el programa “Las noticias como son”:

“VAMOS A VARADERO”

--Salimos en la mañana del 22 de julio hacia Santiago de Cuba. Pero allí no se puede hacer nada sin que lo sepa la seguridad del Estado. El día anterior fui a cambiar unos euros por CUC. Me preguntaron para qué quería cambiar el dinero y lo primero que se me ocurrió fue decir que íbamos a Varadero. Un tweet que envió ese día un tuitero oficialista [Yohandry Fontana] anunciando que habíamos salido para Varadero es la primera prueba de que los seguimientos son efectivos y de que siempre se hacen ¿Cómo podían saberlo, si no hablamos con nadie?

A lo largo del recorrido nos siguieron en tres ocasiones. Por lo que me dijo Oswaldo eran seguimientos rutinarios.

Cada vez que pasas una provincia hay un punto de control. Es como en la Alemania nazi, controlan quiénes van, hacia dónde se dirigen y por qué cambian de provincia. El primer seguimiento fue después de uno de esos puntos de control. Más tarde nos siguió un Lada rojo. Hasta que al final un coche más nuevo nos impactó y nos sacó de la carretera.

UN COCHE CON MATRÍCULA AZUL

--Entrando en la provincia de Bayamo [Granma] ya es cuando el coche empieza a seguirnos de cerca y ahí es cuando Oswaldo ve la matrícula – algo que yo no sabía, que en Cuba, por la matrícula se sabe qué tipo de coche es—y él se da cuenta de que era un coche del Estado,por la matrícula azul. Y bueno, lo que intentamos fue no dar ningún motivo para que nos pararan. Fueron momentos de tensión en los que no sabíamos qué estaba pasando, pero seguimos adelante.

Me hace mucha gracia la versión cubana que sacaron en los primeros momentos en la televisión. Decían que iba a 132 kilómetros por hora.

Todos los oyentes saben cómo son las carreteras en el interior de la isla: no es que una persona quiera ir más rápido o más lento, sino que es físicamente imposible ir a esa velocidad en unas carreteras que no es que tengan agujeros, es que están completamente dejadas de la mano de Dios, nunca se ha invertido en mejorarlas. Entonces, aunque uno quiera ir rápido por ese tipo de carretera, pues no puedes.

¿DE DONDE SALIÓ ESA FURGONETA?

--El coche iba muy cerca de nosotros, estaba pegado a la parte de atrás. Yo lo último que recuerdo es estar mirando por el retrovisor y ver qué nos iba a pasar, porque estaban demasiado cerca. Después nos impactó, perdí el control del automóvil y perdí el conocimiento. Más tarde recuerdo que dos personas me sacaron del coche y me introdujeron en una furgoneta con puerta lateral, como en la que me llevaron al juicio.

Esa es otra de las cosas que no entiendo: en el interior de la isla ¿de dónde sacaron de repente una furgoneta moderna que llegara allí y que luego en el juicio nadie sabe quién la llevó, de quién es, o quién me llevó a mí al hospital? Los que me metieron en la furgoneta eran civiles, o vestían por lo menos de civil. Pero nadie los ha identificado.

EL HYUNDAI Y SUS ESCENARIOS

--He visto las fotos del coche que ha sacado el régimen, o sus satélites, de forma oficiosa. Si alguien las comprara, se dará cuenta de que el coche que muestran cada vez está en un sitio [distinto] a veces sale rodeado de maleza, otras de tierra, más cerca de la carretera o más lejos; con el embellecedor puesto o caído, y sobre todo tuvieron la torpeza de enseñar el árbol contra el que según ellos nos dimos: no está ni doblado. Yo supongo que, según el impacto que ellos dicen, estaría por lo menos torcido, si no roto y quebrado.

Aron [Modig] le corroboró a Rosa María Payá que él no recuerda que en ningún momento impactáramos con un árbol y que no estábamos donde dice el gobierno cubano a través de las fotografías. Está claro que si el gobierno cubano no hubiera modificado el coche, no hubiera hecho nada para encubrir lo que realmente fue, ¿por qué no dejó a mi defensa acceder a ese coche? Es que nadie pudo examinar ese coche más que ellos. Entonces tuvieron toda la libertad del mundo para modificarlo y para crear esta historia por la que me enjuiciaron a mí.

RODEADO DE MILITARES

--En el hospital, cuando me tumban en la camilla lo primero que veo es a una oficial, una militar del Ministerio del Interior sentada a mi izquierda que me toma declaración. No sé si por aturdimiento o por qué, pero le conté lo que pasó. Tomó nota de todo y se fue de la sala. Ya entonces pude preguntarles a las enfermeras.

La lógica me decía que si yo estaba allí solo, si era el primero que había llegado y estaba ileso completamente, los demás pasajeros no tendrían ningún problema, o los hubieran llevado a ellos antes. Al principio las enfermeras me decían que sí, que venían al hospital los cuatro. Luego empezaron a decir que éramos tres, hasta que al final dijeron que éramos dos.

Al rato llegó Aron y le pusieron en la misma sala donde estaba yo. Le dije “Dios mío, Aron, nos han dado ¿Qué nos va a pasar? ¡Nos van a matar!”. El me contestó: “Probablemente”.

A mí me pusieron en una camilla, me sedaron con una vía (suero intravenoso) y recuerdo que estaba rodeado literalmente de militares. Incluso uno de ellos me estaba grabando constantemente con una cámara de mano.

SMS, SOS

--A través del móvil de Aron llamamos a España y a Suecia para avisar de lo que había pasado. Uno de los mensajes de texto más gráficos es el que envío yo desde el móvil de Aron: “Socorro. Estamos rodeados de militantes. Militares”. Como no tenía mi agenda de teléfonos se lo envié a una amiga común.

Me cuentan que desde España, a través de la Iglesia, se manda a un sacerdote para que compruebe que estoy con vida. Yo estaba sedado, y no me acuerdo ni siquiera de haberlo visto. Pero eso permitió que desde España empezaran a enviar mensajes diciendo que yo estaba vivo y estaba bien. Había mucho temor de que pasara de estar vivo y bien a estar muerto.

OSWALDO Y HAROLD ¿MUERTOS O REMATADOS?

--Todo apunta a que Oswaldo y Harold salieron vivos [del accidente]. Hay una cantidad de incongruencias: ¿Cómo es posible que los dos opositores cubanos murieran y los dos europeos salieran ilesos? ¿Cómo es posible que si esto fue un accidente no se hayan entregado después de un año y más de veinte días las autopsias de los cadáveres? ¿Cómo es posible que a los abogados que me defendían no se les haya dejado ver el coche, acceder a las pruebas por las que se me acusaba? ¿Cómo es posible que no se dejara proponer peritos independientes? Si no había nada que ocultar ¿por qué todas estas cosas?

[Según Rosa María Payá, el capitán Fulgencio Medina, que estaba encargado de la investigación entrevistó a dos testigos: un señor que conducía un tractor y alguien que se trasladaba en una bicicleta. Püblicamente, en una de las salas del hospital, dijo lo que habían contado los testigos].

--Eso en el juicio desapareció. Los testigos que propusieron llevaban sus declaraciones en la mano, apuntadas con bolígrafo. Fue una farsa y la mayor prueba es que el tiempo que estuve retenido en Cuba no podía comunicarme con el exterior sin ser vigilado y controlado, no podía hablar libremente.

Sin embargo la familia [de Payá] lo sabía [lo del capitán Medina], porque hubo testigos, y por eso desde el primer momento dijeron que yo era inocente.

BOTONES DE MUESTRA

--Sobre mi declaración en video, les digo a los cubanos: en España no decimos “accidente de tránsito”, sino “accidente de tráfico”. Simplemente estaba repitiendo lo que me habían dicho que dijera.

Es más, me abroché y me desabroché los botones del polo [pulóver] para que se viera que eran varias tomas. En una de las tomas aparezco con dos botones del polo abrochados, y en otra con el polo abierto. A mí me obligaron a grabar ese video.

¡Pero si es el típico video que graban los secuestrados!


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