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El delito de Ernesto Borges


Ernesto Borges, prisionero político cubano

Es real que el capitán Ernesto Borges cometió alguna fase del delito de espionaje, pero nunca fue un espía.

El trabajo de espiar es tan antiguo como el hombre. Episodios de espionaje podemos encontrar en el antiguo testamento. Josué, en su afán por guiar a los antiguos israelitas hasta tierra prometida, envió un grupo de encubiertos a Jericó, que bajo el manto de una prostituta estudiaron e investigaron las mejores estrategias para atacar y conquistar la ciudad.
“El arte de la guerra”, el mejor libro de estrategias de todos los tiempos, su autor Sun Tzu nos enseña, entre otras cosas, como recaudar información para exterminar al enemigo no en la lucha sino en la paz.
La primera mujer espía que se conoce fue Dalila, quien siguiendo orientaciones de Hanún, el rey de los filisteos, averiguó el secreto del origen de las fuerzas de Sansón, y luego le corta el cabello.
Los espías de ficción son muy sensuales. Tom Cruise en Misión Imposible, Cameron Díaz en Los ángeles de Charlie, o la interminable saga del legendario James Bond.
La realidad es diferente, Aldrich Hazen Ames ex oficial y analista de contra-inteligencia de la Agencia Central de Inteligencia estadounidense nacido en Wisconsin y alistado desde muy temprana edad. Comenzó realizando trabajos de poca importancia y terminó siendo reclutado por los rusos. El New York Times lo describe como “El topo más destructivo” en la historia de la CIA. En febrero del 94 fue arrestado y condenado a cadena perpetua.
Margaretha Geertruida Zelle, (Mata Hari) una holandesa que estudió danza oriental de quien se dice que socavó información de alcoba. Fue acusada de actuar como doble agente para Francia y Alemania, condenada a muerte y ejecutada en 1917.
Oleg Penkovsky, Teniente Coronel de la artillería rusa, calificado por la CIA como uno de los mejores espías al servicio de Estados Unidos. En 1961, cuando era coordinador de Investigación Científica del Ejército de la URSS, comenzó a transmitir información al servicio de inteligencia británico (MI6) y a los norteamericanos. Penkovsky fue ejecutado por la KGB, y su contacto en Moscú, Greville Whynne, castigado a años de prisión.
El espionaje auténtico es una figura delictiva en todo código penal, la labor fundamental de los servicios secretos es buscar información para utilizar o traficar. Es también una actividad excesivamente cara y selectiva. No por gusto los tan sofisticados órganos de búsqueda de información cubanos, después de la caída del campo socialista, han bajado de lugar en el ranking del espionaje mundial.
El caso de Ernesto Borges es más que significativo. Después de graduarse en la escuela superior de la KGB en Moscú, regresa a La Habana e ingresa en la Dirección de Contra Inteligencia del Ministerio del Interior.
Según dice la sentencia número dos del Tribunal Militar, en Junio del año 1998, Ernesto decide entregar información de interés a los servicios especiales de los EUA. Para ello recopiló documentación sobre 26 agentes que trabajaban para la seguridad cubana, añadió datos sobre la estructura de su sección, integrantes, características, seudónimos, operaciones especiales, y luego pretendió ponerse en contacto con funcionarios de la Sección de Intereses de los Estados Unidos en Cuba.
Visto así, es inteligible la sanción de la magistratura marcial; pero Ernesto nunca entregó lo compilado, porque, si es cierto que lo intentó, también es cierto que en su empeño Ernesto parecía un dinosaurio bañándose en el malecón. Quizás por eso en la tarde del 15 de julio de 1998, sin aún tener preciso a quien informar, agarra su preciado sobre y lo lanza por sobre la cerca perimetral de la casa de un funcionario estadounidense. El regalo cae al césped, y la acción es observada por el teniente Iván Pérez Albear. La Seguridad del Estado recuperó el sobre y su contenido.
Es real que el capitán Ernesto Borges cometió alguna fase del delito de espionaje, pero nunca fue un espía. De acuerdo a la severidad de la sanción y el posterior tratamiento de las autoridades, me hace creer que no ha sido juzgado por su acción, si como previsión de posibles contingencias de muchísimos soldados que, como él, sienten un enorme descontento.
La táctica es vieja y sencilla: Esparcir cierto temor entre presas perturbadas, asegura la estampida y da control al depredador.
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