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Y los estudiosos de Cuba, entre pobres con hemoglobina alta y doctores casi analfabetos; se pierden en la irrealidad.

Según he leído en los libros, existió y desapareció en alguna región europea, un pequeño grupo aborigen que usaba un único vocablo para expresar libertad, miedo y amor. Desde entonces, la libertad se ha utilizado para, entre tantísimas cosas, y valga la redundancia, tronchar nuestra libertad. Vladimir Ilich, el líder ruso de los bolcheviques, así lo dejaba plasmado en uno de sus tantos escritos: "Es cierto que la libertad es algo precioso, tan precioso que debe ser racionado."

No pocas revoluciones, conocidas por la historia, han impuesto libertades de forma violenta, totalitaria y/o dictatorial. Filósofos renombrados, pensadores encumbrados, y homéricos luchadores, han grabado sus conceptos en prestigiosas publicaciones y mohosos borradores. Para ellos, la libertad es algo así como La luna para los enamorados, una justificación.

Muchísimos luchadores por la libertad, a menudo ni son luchadores, ni desean La libertad. Y los estudiosos de Cuba, entre favelas con piso de mármol, pobres con hemoglobina alta, y doctores casi analfabetos; se pierden en la irrealidad.
Un conocido analista político asegura que desde tiempos coloniales, Cuba naufraga en un síndrome revolucionario, interrumpido de vez en vez por ciertos interregnos republicanos.

Algunos utilizan la web para imponer su omnipresencia. Es conocido que los más grandes personajes de la historia han sido recordados por sus gestas. Cuanto mayor es la gesta, mayor es su gloria. Pero eso ya es asunto trillado, los manipuladores piensan que si Alejandro Magno, en vez de espada y escudo, hubiese dispuesto de internet y televisión, quizás aún no hubiese muerto. Los neo-ciberhéroes olvidan, y les debemos recordar, que para ser mito, o leyenda, necesitan de una muerte trágica que deje a nuestra imaginación lo que pudo haber sido, y nunca fue.

Internet y libertad son temas heterogéneos, diversos y contradictorios. Por ejemplo, Michael Moore es un hombre obeso y sedentario, un conocido cineasta, excelente documentalista y destacado escritor. Un señor que desde Los Estados Unidos abiertamente critica la globalización y las grandes corporaciones. Su obra de la industria farmacéutica y del sistema de salud norteamericano; es fustigadora. Ganador de un Oscar, y nominado un par de veces. Me arriesgaría a asegurar que en un país como el mío, donde “la bondad” del sistema está constantemente visible en toda su publicidad; alguien ya habría visitado al honorable señor Moore, y le hubiese sugerido escoger entre el disfrute de ser golpeado, preso, discapacitado, desterrado, muerto o desaparecido.

La muchedumbre tiende a engrandecer la calidad del líder, sin entender que la tarea de un buen adalid es despojar a las masas de todos sus atributos para manejarlas con desfachatez, para imponernos el mal llamado “bien” y manipularnos mejor. Las dictaduras siempre surgen de antecedentes similares, sean de izquierda o derecha, y poseen más similitud que diferencias.

La libertad, es un fenómeno individual. Y para transitarla no basta con escribir panfletos, constituciones, decretos, o usar frases populistas que parezcan solidarias. Se nos hace imprescindible dejar de cuestionar al de al lado, analizarnos y ampliar nuestros horizontes. La libertad perderá su valor cuando pierda los obstáculos.
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    Juan Juan Almeida

    Licenciado en Ciencias Penales. Analista, escritor. Fue premiado en un concurso de cuentos cortos en Argentina. En el año 2009 publica “Memorias de un guerrillero desconocido cubano”, novela testimonio donde satiriza  la decadencia de la élite del poder en Cuba.

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