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"No hay razones para que el Congreso no pueda hacer esto antes del fin del verano", aseguró Obama en un discurso en la Casa Blanca el mismo día en que comienza el debate sobre la ley en el pleno del Senado

El presidente, Barack Obama, aseguró el martes que nada impide que pueda aprobarse una reforma migratoria "de sentido común" antes de que acabe el verano en el país, aunque advirtió de que los adversarios de la ley tratarán de "inyectar miedo" en el debate.

"No hay razones para que el Congreso no pueda hacer esto antes del fin del verano", aseguró Obama en un discurso en la Casa Blanca el mismo día en que comienza el debate sobre la ley en el pleno del Senado.

"Mi administración ha hecho lo que ha podido por nuestra cuenta. El Congreso necesita actuar", señaló Obama, quien añadió que el proyecto de ley que comenzará a debatir el Senado "no es perfecto", pero ayudará a corregir el maltrecho sistema migratorio del país.

"No hay ninguna buena razón para entrar en juegos de procedimiento o recurrir al obstruccionismo sólo para bloquear la mejor oportunidad que hemos tenido en años para enfrentar este problema de una forma justa para las familias de clase media, para los empresarios, para los inmigrantes legales", subrayó.

Mientras tanto el Senado aprobó el martes una medida clave para el arranque del debate formal sobre una reforma migratoria integral que permita la legalización y eventual ciudadanía de la población indocumentada en este país.

Con 82 votos a favor y 15 en contra, el Senado aprobó una de dos medidas clave en la jornada de hoy para abrir el debate formal de un proyecto de ley negociado por el "Grupo de los ocho" de la Cámara Alta.

El proyecto de ley ya fue aprobado por el Comité Judicial del Senado el pasado 21 de mayo, en una votación 13-5. Horas antes, el presidente Barack Obama instó al Congreso a que apruebe la reforma migratoria antes del fin del verano en este país.

El siguiente voto, también clave, será para iniciar ya el debate y solo requerirá una mayoría simple de 51 votos.

Aunque ambas votaciones son de "procedimiento", son importantes y tienen una gran carga simbólica porque al menos demuestran que incluso los detractores de la reforma migratoria están dispuestos a debatir la medida.

Entre los que votaron "sí" a la primera medida figura el senador republicano por Florida, Marco Rubio, uno de los miembros del "Grupo de los ocho" -cuatro demócratas y cuatro republicanos- y que es considerado figura clave para conseguir el apoyo de los conservadores opuestos a la reforma.

Entre sus principales componentes, la iniciativa establece el reforzamiento de la seguridad fronteriza; un período de 13 años para la legalización y eventual ciudadana de los indocumentados; sanciones para empresas que a sabiendas contraten a trabajadores "sin papeles", y aumento de visas para extranjeros con altas destrezas laborales y para trabajadores agrícolas.

Así, de aprobarse en su estado actual, la reforma migratoria aumentara paulatinamente el número de visas "H-1B" para extranjeros con altas destrezas laborales de 115.000 a hasta 180.000 al año.

También amplía el uso de dispositivos biométricos para rastrear las entradas y salidas de extranjeros en este país.

Uno de los principales puntos de discordia en este debate ha sido la exigencia republicana de supeditar la legalización al reforzamiento de la vigilancia fronteriza, de manera que el Departamento de Seguridad Nacional demuestre el "control operacional" casi absoluto en toda la zona.

El senador republicano por Texas, John Cornyn, promueve una enmienda que, entre otros elementos, incrementa los fondos para la vigilancia fronteriza y para la contratación de otros 10.000 agentes de la Patrulla Fronteriza.
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