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Prisiones cubanas, más allá de las flores y las banderitas


En una visita de un día, la corresponsal de la BBC halló indicios de un sistema penal severo, a veces injusto, y vedado para los expertos internacionales.

Recientemente, en anticipación del Examen Periódico Universal de Cuba por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, el gobierno de la isla permitió a corresponsales extranjeros visitar por un día un par de centros penitenciarios normalmente cerrados a cualquier escrutinio externo, dice en un reportaje desde La Habana la corresponsal de la BBC Sarah Rainsford.

La periodista describe cómo las dos prisiones que visitaron –el Combinado del Este, de máxima seguridad, y La Lima, de régimen abierto—parecían haber sido preparadas para la visita con flores de papel, banderitas cubanas y coros de reclusos. Sin embargo, hablando con los presos ella encontró bajo ese maquillaje algunos lunares del sistema penal cubano.

Eduardo, de 46 años, entró por primera vez a una prisión por un “delito económico”. Le dijo a Rainsford que hasta ahora le han tratado bien, pero se quejó de llevar 17 meses esperando juicio.

La reportera señala que el gobierno no establece un límite a la prisión preventiva. Varios reclusos le dijeron que muchos en su ala de uno de los edificios del Combinado habían estado esperando juicio por más de un año.

En La Lima, una prisión relativamente nueva – en la isla suman más de 200-- inaugurada en el 2009 tras reconvertir antiguos almacenes militares, se les mostró a los corresponsales el sistema de trabajo y estudio, que permite a los reclusos reducir sus condenas.

Rainsford apunta que las autoridades penitenciarias dicen estar tratando de reducir la cifra de reos que envían a las cinco cárceles de máxima seguridad de Cuba, donde están recluidos la mitad de todos los detenidos, y extender el uso de prisiones de menor seguridad. Pero la reportera observa que de lo que se trata es de cambiar el estilo del castigo en Cuba, no su severidad

Uno de los internos con quienes habló, Ricardo, está cumpliendo tres años por "peligrosidad predelictiva". Fue arrestado por no estar trabajando y asociarse con "elementos indeseables".

"Yo no he robado ni he matado, ni nada. Sólo por relacionarme con ex presos me consideraron 'peligroso' y me enviaron aquí", dijo.

Otro recluso admitió haber entrado de manera furtiva en una finca, pero insistió en que había sido sin violencia. "Me echaron siete años por robar siete mangos", dijo, y agregó: "Nunca había estado en una cárcel. Ya aprendí la lección, quiero salir”.

Como contrapeso de su historia, Rainsford consultó al portavoz de la independiente Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, entidad que el gobierno nunca ha accedido a legalizar.

Según Elizardo Sánchez, fuera de lo que él describe como "prisiones vitrina", las condiciones de las cárceles cubanas siguen siendo lamentables, “y lo peor es que los presos están desprotegidos”.

"Cuba niega acceso a las prisiones a la Cruz Roja, alegando que eso sería una injerencia en sus asuntos internos. Pero ellos saben que no pueden abrirse totalmente al escrutinio internacional, porque la opinión pública se horrorizaría", comentó Sánchez.

Reclusos posan para los periodistas en un pasillo del Combinado del Este, durante la visita de un día autorizada a la prensa nacional y extranjera acreditada.
Reclusos posan para los periodistas en un pasillo del Combinado del Este, durante la visita de un día autorizada a la prensa nacional y extranjera acreditada.
Cuando los periodistas preguntaron al director del Combinado del Este por qué Cuba no permite una inspección de la Cruz Roja sobre el estado de sus prisiones, éste calificó la visita de los medios de comunicación como "un paso adelante".

"Ustedes han visto la realidad", insistió el funcionario.

Rainsford cree que juzgar los cambios en el sistema penitenciario cubano será difícil.

Apunta que durante su visita no vieron a ningún preso político, pese a que activistas y diplomáticos afirman que hay decenas de ellos,

“En cuanto a los comunes, parece que se están haciendo esfuerzos para mejorar su situación. La retórica, al menos, enfatiza los derechos de los detenidos. Sin embargo, nuestra visita única fue limitada. Y los verdaderos expertos en evaluar las prisiones, aún tienen prohibido visitarlas”, concluye diciendo la corresponsal de la BBC.

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