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A quién importa lo que Fidelito diga


Archivo - Fidel Castro Díaz-Balart, imparte una conferencia en La Habana (Cuba).
Archivo - Fidel Castro Díaz-Balart, imparte una conferencia en La Habana (Cuba).

Los rusos –parece- tienen en alta estima a la familia Castro y ésta se siente cómoda dando entrevistas a ese medio ruso, mientras a penas se dejan ver en los medios de su propio país.

Fidelito Castro Díaz-Balart, el hijo mayor de Fidel Castro, ha hablado esta semana para Rusia Today, un medio del gobierno ruso que hace ya unos meses entrevistó también a su primo, Alejandro Castro. Antes de esta entrevista con el hijo del actual mandatario cubano, Raúl Castro, otra Castro fue entrevistada en el mismo canal, la hermana de Alejandro Mariela Castro. En definitiva, los rusos –parece- tienen en alta estima a la familia Castro y ésta se siente cómoda dando entrevistas a ese medio ruso, mientras a penas se dejan ver en los medios de su propio país. Los periodistas que menos pueden cuestionar a los Castro son, paradójicamente, los cubanos y los medios que menos pueden hablar de ellos son también los propios. Otra cosa bien curiosa es que los periodistas cubanos que trabajan en esos medios parecen estar conformes con esa situación y aplauden fervorosamente las cosas de la familia reinante. Se lo aguantan todo.

Cabría preguntarse por qué existe en Rusia ese interés en entrevistar solamente a miembros de una misma familia cuando demuestran, una y otra vez, que poco tienen por decir (la entrevista a Fidelito es, por ejemplo, un monumento al aburrimiento), que no han nacido con dotes para la comunicación verbal, y demuestran, una y otra vez también, que la familia Castro lo tiene bastante difícil para continuar en el trono tirando del carisma de alguno de los continuadores de la saga. Por eso se ven con la imperiosa necesidad de conseguir un hombre o mujer de paja que ponga la cara por ellos.

Resulta bastante desolador pensar que de ese país, Cuba, a los únicos que se puede entrevistar (al menos hasta la salida de los opositores, disidentes o activistas) es a los miembros de la familia única gobernante y, en todo caso, a los artistas que salen de gira y participan en festivales internacionales. La voz de Cuba en los medios internacionales está mediatizada por esas pocas voces interesadas y privilegiadas a las que se les permite hablar. Por un lado, la de los máximos beneficiarios del régimen, es decir, aquellos que directamente disfrutan de todos los placeres porque detentan el poder o bien porque están relacionados por vía sanguínea con aquellos que lo detentan, y luego sus cortesanos, los que viven alrededor de familia real, la cual les ofrece, de vez en cuando, algún que otro privilegio.

Ahora también podemos escuchar los argumentos de los opositores, algunos pocos –también hasta cierto punto privilegiados-, pero seguimos sin oír la voz del pueblo cubano, la de la gente corriente. Esas voces no se escuchan, ni se pueden escuchar, tampoco las podemos alcanzar. Los periodistas no podemos viajar libremente a ese país y salir al encuentro del cubano de a pie. Los corresponsales no pueden hacer su trabajo y los que van a hacer un trabajo periodístico puntual lo hacen como turistas corriendo un riesgo o sometiéndose al control y normas del régimen. Cuba sigue, pues, cerrada a cal y canto.

Es realmente digna de admirar la asombrosa capacidad que ha tenido el castrismo de cerrar picos, una capacidad que mantiene ahora, a la vez que proyecta una imagen de cambio. En Cuba o en torno a Cuba pasan cosas, pero quizás no deberíamos considerar que eso sea un cambio. Millones de cubanos siguen sin poder expresarse, la oposición sigue siendo reducida a la fuerza en las calles, nadie se puede parar y gritar consignas de descontento frente a un edificio gubernamental, no hay prensa alternativa legal, no puede circular prensa extranjera, no se puede acceder a canales televisivos del exterior, nadie tiene acceso a Internet por sus medios y con absoluta libertad. Al mismo tiempo, ni los periodistas dentro de la isla ni los de afuera podrían trabajar con libertad.

Hagan una lista de los cambios que ha habido en Cuba en los últimos dos años y en paralelo una lista de lo que sigue igual. Yo no tengo dudas. Estoy convencido de que sería mucho más largo y pesaría más el listado de aquello que permanece inamovible. Por mucho que Fidelito les cuente a los rusos que en Cuba hay cambios, es más que probable que otra versión obtendríamos de los cubanos a los que nadie pregunta y a los que ni se puede preguntar. Esos son los que interesan verdaderamente y a esos sí que es importante poder escuchar. La cuestión es cuándo y cómo.
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    Joan Antoni Guerrero Vall

    Joan Antoni Guerrero Vall (Reus, España, 1979) es periodista licenciado en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). Ha trabajado y colaborado con agencias de noticias como Europa Press y ANA, con periódicos en lengua catalana como el AVUI, ARA, Diari d'Andorra o Diari de Tarragona, así como en el semanario El Temps, Nació Digital o la antigua COM Ràdio. Combina sus colaboraciones periodísticas con actividades de comunicación para instituciones educativas como la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) o también culturales. En 2009, tras varios viajes a Cuba, decidió crear un blog sobre la Isla. Bajo el título Punto Cuba, el autor pretende ofrecer una visión externa y desde la distancia sobre lo que sucede en la Isla, con especial interés sobre las dinámicas de oposición al gobierno cubano, tanto sobre el espacio físico como el digital, así como observar la lucha del pueblo cubano por la recuperación de sus derechos fundamentales. Colabora con Radio Martí desde 2010. Al mismo tiempo, forma parte del equipo que lanzó la versión en catalán de la plataforma de blogueros Global Voices, colectivo con el que obutvo el Premio Blogs Catalunya 2013 en la categoría de Nuevos Medios.
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