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Temor norteamericano ante Corea del Norte


Sucursal del banco Shinhan permanece vacío durante un día en el que la red informática del banco se ha congelado en Incheon (Corea del Sur).

Corea del Norte ronda la bancarrota, tiene brotes de megalomanía militar y se ha quedado en el mundo con un solo amigo, Cuba.

Pero así y todo, los EE.UU. la consideran un peligro lo suficientemente serio como para incrementar en 14 bases su sistema defensivo anti balístico del Pacífico.

La noticia la dio el pasado fin de semana el nuevo secretario de Defensa estadounidense, Chuck Hagel, quien precisó que el despliegue se haría en la costa occidental , seguramente, con el centro de gravedad en Alaska, para prevenir así eventual agresiones norcoreana. La financiación del nuevo proyecto – un tema esencial en tiempos de penurias económicas – saldría de la renuncia a la cuarta fase del sistema anti balístico de la OTAN en Europa.

La medida es sorprendente hasta cierto punto. Y es que si bien nadie cree a Pyongyang capaz de ganar una guerra contra Estados Unidos, en cambio si cree capaz al régimen estalinista de emprender una acción suicida contra Washington o sus aliados con tal de no tener que renunciar al poder.

También se ha de relativizar la sorpresa porque hoy por hoy los servicios norteamericanos de espionaje carecen de datos absolutamente fidedignos acerca de los avances técnicos e industriales norcoreanos y por tanto no se atreve a descartar totalmente la capacidad de una agresión nuclear de largo alcance.

Esta incertidumbre del espionaje occidental es aún mayor cuando se trata de calibrar la sensatez de los dirigentes norcoreanos y su obsesión belicista heredada de la época inmediatamente posterior a la II Guerra Mundial.

En descargo de los titubeos de los servicios secretos hay que señalar que la imprevisibilidad de la conducta del Partido Comunista y el Estado Mayor norcoreanos es tal que la propia China les ha retirado su apoyo diplomático como una medida cautelar, de contención militar.

Falta aún saber cuál será la fórmula de financiación, toda vez que desde hace años era evidente que Washington no tenía mayor interés en completar esa cuarta fase de protección contra eventuales ataques balísitico-nucleares “…desde el Este…”. Originariamente, el “Este” aludía tanto a Rusia como al Irán, o eventuales agrupaciones terroristas que se pudieran apoderar armas atómicas. Las puntas de lanza de ese sistema defensivo de la OTAN en Europa debían serlo las bases de misiles a instalar en Polonia y Rumania, cuyo despliegue efectivo había de hacerse a lo largo del año 2018

Pero hoy en día, la Rusia de Putin es una potencia de conducta previsible y las capacidades balísticas iraníes inquietan poco. Es por lo que este lunes último, el secretario general de la OTAN, Anders F. Rasmussen, declaró que Europa no corría peligro alguno, pese al abandono estadunidense de la cuarta fase del sistema defensa anti balístico.

Lo que no ha mencionado nadie, quizá por sabido, es que el citado abandono tiene por añadidura un beneficio diplomático inmediato: Para el Kremlin, el despliegue de las bases anti balísticas de Polonia y Rumania era mucho más un acto anti ruso que una acción preventiva anti terrorista.

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