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El hombre había creído sencillamente que el papanatismo turístico keniano iba a repetirse en las urnas.

Obama sufrió la semana pasada un vapuleo electoral demoledor; una derrota de las que hunden cualquier carrera política : no sacó en las urnas más allá del 1% de los votos en tanto que el vencedor se llevó más del 56%.

Y si bien esa debacle no raya siquiera el aura política del presidente de los Estados Unidos – Barack Obama -, sí que le debe entristecer un poco a este : al fin y al cabo, la aplastante derrota de la semana última la padeció en Kenia su hermanastro, Malik Obama, de 54 años.

Este último se había presentado al cargo de gobernador en Siaya, una provincia occidental de Kenia, y de los 55.000 electores que habían acudido a las urnas, tan sólo 700 – exactamente, 694 – creyeron que estarían bien gobernados por un Obama. La mayoría depositó su confianza en Ordhiambo Oduol.

Aunque, y en honor a la verdad, una tiene que darle la razón al electorado de Siaya : Malik Obama basó toda su campaña en el parentesco con el presidente de los EE.UU. El argumento máximo de su oferta electoral fue que “…iba a hacer en Kenia y África lo mismo que su hermanastro menor estaba haciendo en Norteamérica… luchar por los desfavorecidos…”. Cómo, con qué dinero y con qué programa no lo explicó Malik en ningún momento. El medio parentesco de sangre le pareció – a él, no al electorado – garantía más que suficiente.

El frustrado aspirante a gobernador de Siaya se equivocó en realidad menos de lo que denuncian las duras cifras del escrutinio. El hombre había creído sencillamente que el papanatismo turístico keniano iba a repetirse en las urnas.

Al fin y al cabo, la localidad de Kogelo, cuna del padre de los hermanastros Obama, es una de las localidades más visitadas del país desde que Barack se hizo con la Casa Blanca en el 2008.

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