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Sucesores de Chávez deberán enfrentar caótico legado socioeconómico


Con ayuda cubana y de sus petrodólares, Chávez repartió limosnas entre los más pobres, pero desaprovechó la bonanza petrolera para resolver los problemas del país. En la foto "La Cumbre del Paraíso", una villa miseria de Caracas.

Medios internacionales analizan si el chavismo será capaz de remontar la pérdida de su carismático fundador y los complejos problemas que le legó a Venezuela.

Los venezolanos de barrio adentro –aquellos entre quienes Hugo Chávez, valiéndose de las misiones cubanas y un aguacero de petrodólares, repartió alivio, (viviendas, médicos, supermercados con descuentos, televisores de plasma)-- se aferran hoy al ataúd del finado presidente regalón. Mientras tanto, no parecen “pararle bolas” al sucesor designado. Al menos hasta que abra la billetera.

(En “El Príncipe”, Nicolás Maquiavelo observaba cómo quien quisiera conquistar el reino autocrático del Turco encontraría un Estado unido, donde los subalternos eran esclavos y deudores del autócrata. Pero una vez derrotado el Turco en el campo de batalla, sólo habría que temer a su familia. Más nadie entrañaría peligro, “pues nadie goza de crédito en el pueblo”).

Importantes medios de prensa internacionales continúan tratando de descifrar lo que le espera a Venezuela tras el final biológico de una autocracia de 14 años.

WALL STREET JOURNAL: LO BUENO ES LO MALO QUE SE ESTÁ PONIENDO

En la sección The Americas del diario neoyorquino, Mary Anastasia O'Grady advierte que restablecer la democracia en la dictadura petrolera no será fácil, incluso sin el caudillo de la boina roja fomentando el odio. En tanto, los venezolanos soportarán aún más dificultades que ahora.

O’Grady señala que el chavismo acechará a Venezuela por largo tiempo, porque la muerte prematura de Chávez justifica que no llegara a lograr, como prometió, que los pobres se harían ricos, y la propaganda podrá seguir explotando el conflicto de clases. Además, cualquier nueva elección no será ni libre ni justa, sino una formalidad diseñada para legitimizar al próximo dictador. “Mientras más pronto se realice, más fácil será sacar rédito del voto de compasión por el revolucionario muerto”, apunta.

O’Grady estima que como nuevo presidente, el gran problema de Nicolás Maduro es que es un ideólogo apasionado, pero un demagogo mediocre. Además, carece de vínculos con las fuerzas armadas, una institución crucial. Eso lo habría empujado a convertirse en el hombre de La Habana en Caracas. “Si queda en el poder, se prevé que continúe enviando miles de millones de dólares a La Habana en subsidios petroleros”, pronostica la autora.

A cambio, Cuba continuará enviándole agentes de seguridad del Estado y todo lo que necesite para mantener a los militares a raya y apoyar la represión. Pero la columnista del WSJ toma nota de los rumores que indican un considerable resentimiento entre los militares venezolanos por el significativo poder e influencia que tiene La Habana en su país.

En ese contexto podrían suscitarse pugnas por el poder, pero nada de eso ayudará a los venezolanos a alcanzar el sueño de vivir en un país libre y próspero. “Ningún país puede crear la riqueza necesaria para generar un cambio verdadero en la vida de los pobres sin derechos de propiedad, mercados libres, una moneda sólida y el imperio de la ley”, sentencia O'Grady. Y estas virtudes –apunta—“no las va a restablecer ningún dictador nuevo”.

Para ella, es la economía la que podría empujar a los venezolanos a deshacerse “del terrible azote conocido como chavismo”, y en ese sentido –dice--son buenas noticias las malas noticias: una devaluación reciente dejó el bolívar en nuevos valores mínimos, y la escasez de alimentos, el desempleo y la pobreza están empeorando.

THE ECONOMIST: REVOLUCION BOLIVARIANA, OPORTUNIDAD DESAPROVECHADA

La revista británica augura que después de 14 años de autocracia financiada por el petróleo, los sucesores de Hugo Chávez tendrán que esforzarse para evitar que la revolución bolivariana se salga de su cauce.

The Economist describe el panorama socioeconómico de Venezuela: cómo detrás de la propaganda, la revolución bolivariana ha sido un hervidero de corrupción y mala gestión.

La economía se hizo cada vez más dependiente del petróleo y las importaciones. Las expropiaciones de tierras por parte del Estado redujeron la producción agropecuaria. Los controles sobre precios y divisas no paliaron la persistente inflación y generaron escasez de productos de primera necesidad.

Las infraestructuras se desmoronan: la mayor parte del país lleva años padeciendo frecuentes cortes eléctricos. Los hospitales son un caos: incluso muchas de las "misiones" languidecen. La delincuencia se ha disparado: Caracas es una de las capitales más violentas del mundo. Y Venezuela se ha convertido en un conducto del tráfico de drogas, con la participación de sectores de las fuerzas de seguridad.

Sin embargo, la publicación valora como un logro político supremo de Chávez que muchos venezolanos de a pie le acreditaran las limosnas pero no el mal manejo [tal como en Cuba era común escuchar: “¡Si Fidel se enterara de esto!”]. Lo veían como alguien que estaba de su lado. Sus partidarios, especialmente mujeres, decían: "Este hombre fue enviado por Dios para ayudar a los pobres". A ello contribuían su ingenio y encanto llanero, y un sentido instintivo de la oportunidad política, talentos que desplegaba en sus interminables "Aló, Presidente".

La revista advierte que la revolución bolivariana enfrenta ahora su mayor prueba, pues mientras los venezolanos más pobres recordarán la presidencia de Chávez con afecto, sus herederos tendrán que lidiar con problemas de difícil solución.

La economía se ha vuelto a desacelerar. Ante la escasez de productos y divisas, Nicolás Maduro devaluó en febrero el bolívar en un 32%. Venezuela figura en el sótano de casi todas las tablas sobre buen gobierno o competitividad económica. La movilidad social depende de la lealtad política y no del mérito. Y la inscripción en masa de millones de personas en "universidades" que imparten principalmente propaganda ha creado expectativas mayormente condenadas al desengaño.

El semanario británico observa que si el oficialista PSUV ganara las elecciones, estaría muy mal equipado para lidiar con estos problemas. Ninguno de sus dirigentes tiene la autoridad de Chávez, ni su habilidad para comunicarse con las masas. Maduro, un tipo afable, es un yes-man sin peso político, y aunque Diosdado Cabello, el presidente de la Asamblea Nacional, le ha expresado su apoyo, él tiene sus propias ambiciones.

“Tal vez sólo la dirección cubana sería capaz preservar la unidad entre los chavistas –aventura The Economist--. “El presidente de Cuba, Raúl Castro, sabe que la pérdida del petróleo venezolano hundiría más profundamente en la penuria la economía de su país”.

Concluye diciendo la revista que, aunque puede que con el tiempo la mayoría de los venezolanos llegue a entender que Chávez desperdició la oportunidad extraordinaria de aprovechar una inédita bonanza petrolera para dotar a su país de una infraestructura de clase mundial, y de la mejor educación y salud que el dinero puede comprar, no hay garantías por ahora de que se hayan aprendido la lección.
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    Rolando Cartaya

    Rolando Cartaya (La Habana, 1952) Graduado de Periodismo, Universidad de La Habana 1976. Ha trabajado en la página cultural de Juventud Rebelde, la agencia UPI, el servicio Worldnet y como editor de las revistas “Newsweek”, “Discover” y “Motor Trend” en español. Ha traducido más de 20 libros para la editorial cristiana Thomas Nelson, Inc. Con Radio Martí desde 1989, ha sido editor, redactor, reportero, y director y guionista del programa “Sin Censores ni Censura”. Actualmente trabaja en martinoticias.com. Fue vicepresidente en la isla del Comité Cubano Pro Derechos Humanos.

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