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Elecciones de delegados en Cuba ¿Vale la pena votar?


La población sólo tiene derecho a nominar a los delegados de circunscripción del Poder Popular municipal.

¿Qué es mejor?: ¿abstenerse, anular la boleta?, o ¿votar por el candidato más comprometido con los cambios?

Más de ocho millones de cubanos pueden votar este domingo para elegir a los delegados a nivel de circunscripción del llamado Poder Popular, 14.537 que fueron postulados en septiembre en asambleas vecinales, a mano alzada. Ninguno es opositor.

Aunque no se espera sorpresas, podría ser la única votación con cierta importancia de todas las que prevé periódicamente el sistema electoral implantado en la isla.

Después de este nivel de base, no son los votantes, sino comisiones integradas por las organizaciones de masas afines al gobierno las que proponen los candidatos a las asambleas provinciales y a la nacional: 50 por ciento entre los delegados de las cerca de 15 mil circunscripciones del país, y otro 50 por ciento entre celebridades revolucionarias.

De modo que únicamente en esta etapa pueden los electores hacer sentir en alguna medida su influencia y sus aspiraciones, proponiendo y eligiendo candidatos. Aún así, muchos prefieren no enterarse. Y el camino de los pocos aspirantes alternativos a los favoritos del gobierno suele ser espinoso y cuesta arriba.

El periodista independiente Julio Aleaga Pesant lo sabe bien. Por tercera vez, aprovechando que la ley electoral permite que un ciudadano se autoproponga, se presentó el 23 de septiembre como candidato a la asamblea de nominación de su área en la zona del Vedado donde reside. (Cada municipio está dividido en circunscripciones, y cada circunscripción en áreas).

El periodista Julio Aleaga en la asamblea de nominación donde se propuso a sí mismo
El periodista Julio Aleaga en la asamblea de nominación donde se propuso a sí mismo
Sólo 60 personas acudieron a la asamblea, que era dirigida por un teniente coronel del Ejército. El favorito del gobierno era otro militar: un coronel del Ministerio del Interior, que no estaba presente. Aleaga señala que, si bien el Partido Comunista no propone candidatos, estas candidaturas con “idoneidad revolucionaria” suelen surgir de una organización afín al gobierno, la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana.

Luego de algún cuestionamiento inicial por parte de tres vecinos (“¿Qué hace aquí este contrarrevolucionario?”) otros sugirieron que Aleaga estaba en su derecho. Tuvo entonces un minuto para explicar por qué quería ser candidato a delegado. (En el sistema electoral de la isla se prohíbe hacer campaña, y se recomienda al votante guiarse no por un programa, sino por “el prestigio, las condiciones personales y la capacidad de servir al pueblo” del aspirante).

Poco después, el presidente de la Asamblea reclamó un voto a mano alzada y ni siquiera contó los votos a favor del disidente.

El primer opositor que se recuerde tuvo la “osadía” de presentarse a estas elecciones para delegado de circunscripción fue el recién fallecido Roberto Bahamonde Masot en 1989, en un distrito del municipio habanero de San Miguel del Padrón. Terminó encarcelado por supuestas actividades económicas ilícitas.

Con la certeza de que las elecciones son un gran teatro, de que los delegados no tienen ningún poder real, y de que sus votos no cambiarán nada, muchos cubanos disconformes se resisten a la presión puerta por puerta para que vayan a votar, y no acuden a las urnas. Pero si sus nombres por alguna "casualidad" no aparecen en el Registro Electoral, no se les contabiliza como abstenciones.

Este año en varias localidades del país grupos de personas se han negado a participar en el proceso.

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Otros sí van a votar, pero dejan en blanco la boleta, o escriben una cruz, un “NO” o alguna consigna. Este año el ex diplomático y teórico del socialismo democrático Pedro Campos y otros compañeros suyos han llamado a escribir en las boletas una “D” de democratización si se está de acuerdo con las siguientes propuestas: elección directa del Presidente y el Vicepresidente de la República; ratificación de los pactos internacionales de derechos humanos y adecuación consiguiente de las leyes cubanas; y que todas las leyes importantes sean discutidas en la base y sometidas a referendo.

Por supuesto, Campos, que vive en Cuba tan marginado como cualquier disidente activo defensor del capitalismo, no tiene acceso a los medios de comunicación ni otros recursos legales para divulgar sus propuestas en el país. Sus artículos y ensayos se publican en webs basadas en el extranjero como Rebelión, Kaosenlared o Havana Times a las que pocos cubanos pueden acceder.

Aleaga cree sin embargo que es importante ir a votar a favor de los candidatos menos comprometidos con el régimen. Opina que el gobierno gana cuando las boletas se anulan, y que es necesario darle el voto a la persona más preparada para los cambios democráticos en Cuba.

“Yo tengo esa opción: tengo un coronel del Ministerio del Interior, al que no conozco, porque no se ha presentado a ninguna asamblea en el barrio; y tengo a un publicista con quien he trabajado ¿Por quién voy a votar? ¿por el coronel que debe ser un militarote conservador, o por el publicista, que está más abierto a los cambios, que cree más en la libertad de empresa? Pues por el publicista. Ahí es donde podemos ir ganando espacio”.

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Para otros como el fallecido líder del Movimiento Cristiano Liberación, Oswaldo Payá, la votación en Cuba en las condiciones actuales es un ejercicio fútil.

Dos días antes de encontrar la muerte el pasado 22 de julio en una carretera de la provincia Granma, Payá escribió un artículo titulado "No hay elecciones libres si no hay hombres y mujeres libres". Allí argumentó lo siguiente:

“Si no hay reconocimiento legal, es decir, el derecho a existir y trabajar sin persecución en la sociedad y exponer sus ideas los partidos, sino hay pluralismo no hay elecciones. Respeto las opciones inclusive las de participar y presentarse, como ven no haremos una ley de fusilamiento ni ofendemos a nadie por su decisión, pero denunciamos que el pueblo sabe que no puede decidir. No es libre, y por eso no tiene sentido participar de ninguna manera en elecciones que sólo son el contrasentido de la democracia".

"Creo que es una dilación, una desviación y precisamente parte de la negación al cambio verdadero que Cuba quiere y necesita. Porque la falta de libertad de asociación, de expresión y de elecciones libres son precisamente la barrera que impide la participación política del pueblo”
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    Rolando Cartaya

    Rolando Cartaya (La Habana, 1952) Graduado de Periodismo, Universidad de La Habana 1976. Ha trabajado en la página cultural de Juventud Rebelde, la agencia UPI, el servicio Worldnet y como editor de las revistas “Newsweek”, “Discover” y “Motor Trend” en español. Ha traducido más de 20 libros para la editorial cristiana Thomas Nelson, Inc. Con Radio Martí desde 1989, ha sido editor, redactor, reportero, y director y guionista del programa “Sin Censores ni Censura”. Actualmente trabaja en martinoticias.com. Fue vicepresidente en la isla del Comité Cubano Pro Derechos Humanos.

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