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Cuba ha colocado al gobierno americano en una encrucijada. Si acepta las medidas propuestas, el embargo queda de hecho eliminado.

Siempre me han preocupado las víctimas de los que violan los derechos humanos. Por eso el anuncio de que Cuba eliminaría en 90 días la famosa tarjeta blanca que permite o niega la salida de la isla a sus ciudadanos es una buena noticia. Espero que esto quiera decir que la blogera Yoani Sánchez por fin pueda salir de Cuba a recibir sus múltiples premios internacionales. Lo mismo quiero para las Damas de Blanco y para cientos o miles de disidentes en toda la isla.

Por supuesto que todo depende que Cuba cumpla su palabra y no ponga trabas adicionales. En principio quisiera que todo saliera bien. Es un punto de vista.

Otro, sin embargo, es lo que siento como un cubano que vino a los Estados Unidos hace más de medio siglo y que como ciudadano estadounidense que considera el sur de la Florida como mi segunda patria. En este caso estoy muy preocupado.

Cada vez que Cuba tiene problemas internos abre la válvula de escape y utiliza a sus ciudadanos como proyectiles letales en contra de todo el que se les atraviese.

Lo hicieron en 1965 cuando abrieron el Puerto de Camarioca. El Presidente Lyndon B. Johnson les cortó el impulse y organice los Vuelos de la Libertad. En siete años llegaron más de 270,000 personas a Estados Unidos.

Ocho años después Fidel Castro abrió el Puerto del Mariel y dijo que todo el que quisiera ir a recogerá sus familiares podía hacerlo. Castro le tomo el pelo al pobre Jimmy Carter y en un abrir y cerrar de ojos Cuba controlaba el Estrecho de la Florida. Más de 125,000 cubanos llegaron a Estados Unidos en cinco meses.

Y repitió el cuento en 1994, cuando dijo que todo el que quisiera irse de Cuba podía hacerlo. Vinieron en balsas hechas de llanas de tractor y en todo tipo de embarcación. Si flotaba salían de Cuba. El Presidente Bill Clinton desplegó a los Guarda Costas e interceptó a más de 30 mil cubanos que fueron enviados a la base de Guantánamo. Pero tuvo que concederle a Cuba 20 mil visas anuales y por fin darle entrada a los que estuvieron meses en Guantánamo.

Ahora, con rumores de la posible muerte de Fidel Castro, problemas económicos insalvables por el régimen y con un creciente número de disidentes, el gobierno de La Habana anunció nuevas medidas migratorias que:

  • Permitirían a los cubanos viajar al exterior sin un permiso de salida y vivir fuera del país dos años sin perder su ciudadanía.
  • Dejarían que los cubano-americanos que viven fuera de la isla regresen a vivir en Cuba.
  • Permitirían que los cubanos en el exterior compren propiedades en Cuba y vivan en las mismas.
Las relaciones entre Cuba y Estados Unidos son como un interminable partido de ajedrez en el cual Raúl Castro ha movido una pieza en una forma muy agresiva y le ha dicho a los Estados Unidos: “Ahora te toca a ti responder”.

La propuesta no va a afectar las elecciones estadounidenses. No entran en vigor hasta enero y queda muy poco tiempo antes de día de las elecciones.

Así y todo Estados Unidos tiene que responder y no le va a ser fácil. Cuba quiere que Estados Unidos levante el embargo impuesto en enero de 1961. Si no, va a tener que estar muy al tanto y considerar un cambio en la forma en que trata a los que salen de Cuba.

La ley de inmigración vigente da trato preferencial a los que salen de Cuba. Si pisan suelo americano pueden quedarse legalmente y al año y un día hacerse residentes. Ellos pueden viajar a Cuba cuantas veces quieran y mandarle dinero, comida y medicina a sus parientes y amigos en la isla. Lo que nadie entiende es como una persona a quien se le permite entrar en Estados Unidos porque es un perseguido en Cuba puede regresar de visita a la isla al año y un día de llegar a este país.

La lógica nos dice que Estados Unidos debe eliminar el status preferencial que les otorga a los cubanos. Cuba ha colocado al gobierno americano en una encrucijada. Si acepta las medidas propuestas, el embargo queda de hecho eliminado. Y si no las aceptan, Cuba puede decir que Estados Unidos es el que les impide viajar.

Por mi parte creo que Estados Unidos debe darles la bienvenida a los disidentes que viven en una isla convertida en cárcel. Pero no confío en Cuba ni en Raúl y sus nuevas propuesta de migración. En el pasado, cada vez que Cuba ha hecho este tipo de sugerencia los que pagamos los platos rotos somos los que vivimos en el sur de la Florida.
¡No más! ¡Ya basta!

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