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Las "mieles del poder" económico verdeolivo (¿Así estamos todos?)


La población llama a algunos de los nuevos y lujosos edificios construidos para oficiales del Ministerio del Interior "los Meliá MININT"

Como nunca antes, los cubanos son testigos de los privilegios cosechados por los militares tras su asalto a los puntos estratégicos de circulación de divisas.

En noviembre de 2006, unos meses después de que Raúl Castro heredara interinamente el poder en Cuba por proclamación de su enfermo hermano Fidel, un reportaje discretamente publicado en el portal Cubanet esbozaba un perfil del Grupo Empresarial CIMEX.

El autor, el periodista independiente Juan González Febles señalaba que CIMEX era “uno de los holdings empresariales más importantes del país” donde, como en cualquier otra rama corporativa económica en Cuba, el nepotismo y los mecanismos de selección basados en la confiabilidad política marcaban una pauta infranqueable para la mayoría de los cubanos, excluidos de estas actividades.

Y remarcaba que CIMEX se inscribía por derecho propio en la “piñata” que se estaba organizando y cuyos contornos ya se perfilaban.

Esa próspera corporación, fundada originalmente como un tentáculo económico de la Dirección de Inteligencia castrista para acopiar divisas a toda costa, es sólo un ejemplo de cómo la alta oficialidad de las FAR y el MININT fue copando en la última década todas las esferas de la economía cubana que mueven divisas.

Hoy hay muchas otras sociedades anónimas regentadas por militares en Cuba: Gaviota, TRD Caribe, Habanos S.A… Son bolsones de capitalismo y prosperidad en un país pobre, generalmente desconocidos por el cubano común, que sólo puede entrar a algunos a dejar sus pocos dólares.

En el neocastrismo que comenzó oficialmente el 31 de julio del 2006 --el día del “dedazo” de Fidel-- la nomenklatura, gradualmente domeñada por los uniformados, accedió a abrir espacios al mercado y al sector privado sin incurrir en cambios políticos riesgosos, a fin de conseguir una economía más eficiente y productiva, y de perpetuar su poder…y sus privilegios.

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En la segunda década del siglo XXI, esas “mieles” del poder son “más visibles y atropelladoras” que nunca en más de medio siglo de castrismo, escribe, también en Cubanet, el periodista independiente José Hugo Fernández.

Fernández observa que si durante los largos apagones del apogeo del Período Especial la luz inamovible en el Edificio de los Generales del reparto habanero de Kohly ofendía a la población desesperada, nadie puede pasar hoy por alto la repartición del poder entre las élites del régimen, en la que --dice--, “a los cogotudos de las FAR y del Ministerio del Interior les ha tocado el monopolio de las riquezas, tal vez porque también les toca el trabajo sucio de la represión”.

El autor cita como ejemplos los “hermosos y sofisticados edificios que hoy se construyen en zonas de La Habana, para entregar, gratis y totalmente amueblados, a coroneles y otros oficiales”, “mientras las casas en ruinas de los ciudadanos comunes se derrumban sobre sus cabezas, o tienen que inventarla en el aire buscando los materiales imprescindibles para remendar sus tugurios”.

Otro comunicador, Augusto César San Martín, acaba de documentar lo anterior en un reportaje, con fotos y direcciones de algunos nuevos edificios levantados para la élite militar-gubernamental-partidista. Los nuevos inmuebles mostrados en la pieza de Cubanet son:

Interior de un nuevo edificio para la élite ¿Le recuerda los de microbrigadas?
Interior de un nuevo edificio para la élite ¿Le recuerda los de microbrigadas?
- Un lujoso edificio de tres plantas, con 24 apartamentos, tiendas y otros servicios, construido por la empresa Habaguanex de Eusebio Leal frente al Malecón habanero. Lo están ocupando dirigentes del Consejo de Estado y la Fiscalía General

- Un edificio de cuatro plantas concluido en julio en la avenida Vento y calle L, municipio Boyeros. Tiene un lindo diseño arquitectónico y alta calidad en su terminación. Pertenece al Ministerio del Interior.

- Los edificios construidos en zonas selectas de los municipios Playa y la Lisa. Por su lujo, la población los ha bautizado como “los “Meliá MININT”, en alusión a los hoteles de la cadena española.

El periodista independiente apunta que el lujo en estos inmuebles aumenta con la jerarquía militar del inquilino. Agrega que para mayor ironía son levantados con la mano de obra de los presos, que no escasea en la isla gracias al MININT. Mientras, a los cubanos sin techo se les dice que deben construir sus viviendas “con sus propios esfuerzos”.

Isbel Díaz Torres, colaborador del portal Havana Times, conoce por ser hijo de militar los privilegios de la casta castrense en Cuba.Él los describe como una “corrupción autorizada”, pues el altísimo presupuesto que se destina a las FAR y el MININT es desconocido por la población, y cree que hasta por los diputados a la Asamblea Nacional.

Aporta dos ejemplos: el esposo de su vecina, un coronel del MININT, acaba de comprar una lavadora que en las tiendas regulares cuesta más de 700 CUC, unos 770 dólares; pero el coronel no tuvo que pagar esa cantidad.

Su padre, por otra parte, comió varias veces bistec de res (un “manjar exótico” en Cuba) en el Hospital Militar de Marianao, durante una semana de internamiento en una sala destinada a oficiales intermedios.

Díaz Torres censura que, pese a la situación económica del país, los militares pueden adquirir a precios fuertemente subsidiados alimentos nacionales e importados, teléfonos móviles, autos, muebles, electrodomésticos (refrigeradores, computadoras, lavadoras, televisores, aires acondicionados), y una larga etcétera, que se suma a sus ya altos salarios y jubilaciones.

El colaborador de Havana Times se pregunta “¿Seguimos hablando de un proyecto socialista, o en algún momento “cambiaron el canal”?

El autor afirma haber visitado asimismo los espacios de ocio que los militares han creado para ellos, y confiesa que le indigna ver cómo “las lógicas de consumo desenfrenado, insolidarias, elitistas y egoístas, se han entronizado en esos predios”.

Acerca de esta otra brecha que los encumbra sobre la gente de a pie, el periodista independiente Moisés Leonardo Rodríguez traza un paralelo entre dos centros recreativos en su provincia, Artemisa, uno para “patricios” (la villa de recreación Guajaibón, del MININT), y otro para l “plebeyos” (la playa La Herradura), ambos en la costa norte del municipio Mariel.

Apunta Moisés Leonardo que Villa Guajaibón, una antigua unidad militar, es actualmente un conglomerado de nuevas y vistosas construcciones, destinadas a la recreación exclusiva de oficiales del Ministerio del Interior y sus invitados.

En La Herradura, en cambio hay una zona de casas móviles, una base de campismo popular y la playa.

La carretera de un kilometro que conduce a Villa Guajaibón está bien pavimentada y señalizada. La que lleva a La Herradura tiene 9 kilómetros en su mayor parte sin asfalto, los baches abundan tanto como el marabú, no hay señales de tránsito, ni servicio de transporte público de pasajeros.

En La Herradura, el servicio gastronómico corre por cuenta de particulares, a precios fuera del alcance de quienes dependen de un salario. En contraposición, el periodista cita a una persona que fue invitada a comer en Villa Guajaibón por un oficial, con otros 14 comensales.

El almuerzo incluyó arroz, frijoles, carne a escoger entre bistec de res, cerdo o pollo, y ensalada; además, postre, cervezas o refrescos enlatados, y café. El costo total del banquete fue de 120 pesos en moneda nacional (unos cinco dólares).

En La Herradura, las cabañitas para campistas son rústicas y sólo unas pocas tienen baño interior. El agua es salobre, y hay que llevar ventiladores para combatir el calor y los mosquitos.

Villa Guajaibón, un "resort" del MININT. En Herradura hay que conformarse con la playa depauperada y el diente de perro.
Villa Guajaibón, un "resort" del MININT. En Herradura hay que conformarse con la playa depauperada y el diente de perro.
Las casas de Villa Guajaibon, son bonitas y sólidas, poseen baño intercalado y aire acondicionado, y cuentan con refrigeradores surtidos con cervezas, refrescos y alimentos que se incluyen en la renta, a precios muy inferiores a los del mercado estatal para la gente de a pie.

Los bañistas de La Herradura deben conformarse con la depauperada playa y el diente de perro. En Guajaibón existe una enorme piscina, siempre limpia y dispuesta para recibir a sus exclusivos bañistas.

La motivación del colega para escribir este paralelo fueron unas palabras de Raúl Castro durante su improvisado discurso del pasado 26 de julio en Guantánamo. Luego de explicar que el país no se podía dar el lujo de subir los salarios debido a que hay que gastar miles de millones en alimentos, y admitir que incluso los médicos ganan muy poco, Castro aseveró: “Pero así estamos todos”.
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    Rolando Cartaya

    Rolando Cartaya (La Habana, 1952) Graduado de Periodismo, Universidad de La Habana 1976. Ha trabajado en la página cultural de Juventud Rebelde, la agencia UPI, el servicio Worldnet y como editor de las revistas “Newsweek”, “Discover” y “Motor Trend” en español. Ha traducido más de 20 libros para la editorial cristiana Thomas Nelson, Inc. Con Radio Martí desde 1989, ha sido editor, redactor, reportero, y director y guionista del programa “Sin Censores ni Censura”. Actualmente trabaja en martinoticias.com. Fue vicepresidente en la isla del Comité Cubano Pro Derechos Humanos.

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