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Hay disímiles historias que logran llamar la atención; y esta, es una de ellas. Jorge Vázquez Chaviano, un cuarentón residente en Sagua La Grande, provincia de Villa Clara, fue arrestado el pasado 27 de marzo saliendo de su casa. Dicen que se disponía a viajar hacia La Habana para participar en la misa que ofreció SS El Papa Benedicto XVI.

Y aunque es sabido que la relación entre los religiosos cubanos y el gobierno de Cuba nunca han sido las mejores; el propósito era loable. A la gran celebración asistieron miles de personas inspirados por la fe. "Cuba y el mundo necesitan cambios" -fueron las palabras de El Pastor.

En el momento de su detención, el señor Vázquez Chaviano, miembro de la Coalición Central Opositora, cumplía una sanción de un año y seis meses de trabajo correccional sin internamiento por un delito económico que debió extinguir el pasado 9 de septiembre.

Al respecto El Código Penal vigente de la República de Cuba, en su Capítulo III, Sección cuarta, Artículo 33. 8, dice – y cito – “Si el sancionado se niega a cumplir las obligaciones inherentes a la sanción de trabajo correccional sin internamiento o, durante su ejecución, las incumple u obstaculiza su cumplimiento, o es sancionado a privación de libertad por un nuevo delito, el tribunal dispondrá que cumpla lo que resta de la sanción de privación de libertad originalmente fijada, después de deducir de la misma el tiempo cumplido de aquella”.

Jorge fue detenido, o mejor dicho arrastrado justo frente a su domicilio, y no sobre un autobús ni en ninguna terminal aeroportuaria, lo que no me deja claro si en realidad se dirigía a La Habana, o a la panadería más cercana; su sanción fue revocada, y extendido el término de su cumplimiento. Por ello, y lógicamente inconforme, el 10 de septiembre Vázquez comenzó una huelga de hambre. Personalmente no soy amigo de ningún tipo de medida extrema.

Su libertad se convirtió en la exigencia de aquellos que, en un acto de excelsa solidaridad (pues la existencia es el bien más preciado que tiene el ser humano), decidieron correr la misma suerte, sumándose a la huelga. Con el paso de los días, los sumados, pasan de la veintena.

No han faltado los esfuerzos de quienes reciben galardones inventándose una sinonimia entre “Lealtad” y “Deshonestidad”, y se ufanan desacreditando el delicado estado de salud de los huelguistas. Ante eso, el gobierno prefiere callar.

"No cederé jamás al chantaje", escupió una vez el vigoroso Presidente y se quemó la boca frente a un simple ciudadano, que logró con su demanda la liberación de 52 presos políticos.

Hoy, la historia se repite; y a pesar de poseer una aplastante y honrosa simplicidad, siempre nos obliga a cuestionar: Un hijo pide por su padre, una esposa por su esposo y una madre por su hijo. La comunidad internacional vuelve sus ojos a Cuba y reza por un buen desenlace. Cuando alguien ofrece el vivir, para tan singular contienda, es doblemente encomiable.

Demasiado análisis puede provocar una parálisis. El tribunal espera una orden; y El General – en su afán de ser importante - busca un buen negociador para ceder sin que parezca. Pero el peligro está latente, algunos le llaman suerte; y otros, simplemente tiempo.
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    Juan Juan Almeida

    Licenciado en Ciencias Penales. Analista, escritor. Fue premiado en un concurso de cuentos cortos en Argentina. En el año 2009 publica “Memorias de un guerrillero desconocido cubano”, novela testimonio donde satiriza  la decadencia de la élite del poder en Cuba.

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