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Makarovs en las calles y explosivos en las tiendas


Fotografía de archivo de un policía cubano.

La población ha vivido apaciguada, dentro de un constante atropello. Como era de esperar, se infestaron. Hoy, la violencia como el béisbol forman parte de la identidad nacional.

Sabemos que la sociedad cubana transita, sin saber hasta cuándo, por un peligroso deterioro. Los responsables de hacer, y los expertos en política, se empeñan en crear un mundo de falacias sin mirar a su alrededor. Tanto poder los premió con el delirio, y con la terrible virtud de saber esconder sus temores tras un nimbo de coacción.

Televisar fusilamientos, ordenar actos de repudio, usar la violencia física contra personas inocentes que solo cometen la “infracción” de pensar o actuar diferente a los cánones impuestos, agredir con alevosía a mujeres que como arma solo empuñan gladiolos…son, entre otras las inimitables soluciones que utiliza el gobierno de Cuba para borrar por la fuerza la creciente antipatía.

Muchos años de desafuero, han dejado una marcada huella social. Así como se puede predecir el resultado de un experimento determinista; igual podemos presagiar el comportamiento humano, en situaciones límites.

La población ha vivido apaciguada, dentro de un constante atropello. Como era de esperar, se infestaron. Hoy, la violencia como el béisbol forman parte de la identidad nacional.

Hace un tiempo, una muchacha de 19 años, maestra emergente en una escuela primaria del capitalino Vedado, novia de un conocido pelotero del equipo Metropolitano; fue asaltada en Guanabacoa. La joven fue asesinada; el móvil, una cadena goldfield. El arma que acabó con su vida, no salió de una fábrica clandestina de fusiles artesanales, sino de un contenedor robado que a estas alturas no se ha encontrado.

Las pandillas han cogido las calles y se van poniendo de moda. Amanda, la hija de un amigo mío también fue víctima de un asalto, los delincuentes usaron una pistola Makarov (el arma auxiliar militar estándar del ejército cubano).

La mañana del pasado jueves 6 de septiembre, se recibió una llamada telefónica de “explosivo” en las tiendas de divisa “La Sortija” y “La Isla de Cuba” ubicadas en el municipio Habana Vieja. Al día siguiente, 7, y sin que aun hayan sido aclaradas las causas, un incendio de proporciones acabó con un almacén de municiones en un lugar conocido por Plan Mango, allá en Cienfuegos.

Casualidad, coincidencia. Según algunos psicólogos, los factores de riesgo violento, en una comunidad o ambiente, son: “Privación económica”, “Desorganización en la comunidad y poco apego al vecindario” (todos se quieren largar), “Acceso a pistolas u otras armas”, “Historial de destrucción de propiedad o vandalismo” (eso es La Revolución), y “Pocas actividades para los jóvenes en la comunidad”. (Irrespeto por el futuro).

Todas estas condiciones están presentes en la Cuba actual. No es mi estilo ni me interesa hacer apología al delito y a la desobediencia, mucho menos incitar y estimular la ferocidad. Si quiero llamar la atención sobre un problema que se fue de medida y ha sobrepasado el tope, algo que pesa más que el suministro del petróleo de Hugo Chávez.

La violencia genera violencia, exacerba el odio y recrudece el arrebato. No debemos olvidar que Fe, Tolerancia y Racionalidad, es lo que nos separa del resto de los animales, y de nuestro primo El Neandertal.
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    Juan Juan Almeida

    Licenciado en Ciencias Penales. Analista, escritor. Fue premiado en un concurso de cuentos cortos en Argentina. En el año 2009 publica “Memorias de un guerrillero desconocido cubano”, novela testimonio donde satiriza  la decadencia de la élite del poder en Cuba.

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