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Respirar puede tumbar el sistema


Photo Service del Yara

El empleado que estaba a cargo de la fotocopiadora, no en la mejor forma, me mandó a salir: salga, si usted entra puede tumbar el sistema, hay muchas personas respirando.

Llegué toda sofocada, después de estar más de tres cuartos de hora esperando una ruta 27. Ante la ausencia de ésta, decidí optar por un almendrón: esos carros de los años cuarenta o cincuenta, que ahora son prácticamente el único transporte existente, y cuestan diez pesos por persona.

Necesitaba sacar unas fotocopias decentes para los trámites de viaje del hijo de una amiga, que al no encontrarse ella viviendo en el país, me dejó un poder legal, para representar a su primogénito en su ausencia.

El salón de Foto-Service, en La Rampa, con aire acondicionado, donde brindan estos servicios estaba algo lleno: había unas seis personas esperando documentos. Como quiera que el salón era lo suficientemente amplio, abrí la puerta y entré.

De inmediato, el empleado que estaba a cargo de la fotocopiadora, no en la mejor forma, me mandó a salir: salga, si usted entra puede tumbar el sistema, hay muchas personas respirando. Antes de obedecer su orden, le conteste: ¿Cree usted que yo pueda tumbar el sistema con mi respiración? -Mire el sistema se va a caer solo y no va a ser por mi causa. Entonces el empleado, muy airado me respondió: Aquí no se va a caer nada. ¡Ah no- le dije-, pues La Habana se está cayendo! Dígame usted donde se mandó a hacer sus espejuelos, para encargarme yo unos, porque cuando salgo de mi casa, todo lo que veo es deterioro y derrumbes. Se quedo callado. Salí hacia el otro salón caluroso, y más tarde, cuando me tocó mi turno, entré y el señor de marras me dijo, delante de los presentes: En el mundo hay mucho deterioro señora. Es cierto -le respondí, pero a mi el que más me preocupa es el de mi ciudad, el de mi país. No dijo nada más, me imprimió las copias y nos despedimos, como si nada hubiera pasado. Todos los presentes se quedaron callados, nadie tomó partido. A veces el silencio es más elocuente que las palabras.

Sola, cuando me iba, me quedé pensando: si de verdad dependiera de mi respiración, muy a gusto estaría un minuto sin respirar, y convocaría a varios amigos para que hicieran lo mismo.

Este artículo publicado en Voces Cubanas el 27 de agosto del 2012.

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