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El turismo político en los países totalitarios


Un grupo de turistas pasea en coche por una calle de La Habana.
La revista Foreign Policy publica un artículo sobre empresas como las británicas Lonely Planet y Rough Guide, que se han convertido en grandes emporios a partir de sus guías de turismo político a países dictatoriales, repletas de excusas para los dictadores.

El autor, Michael Moynihan, señala que estas guías se caracterizan por una admisión formal de la falta de democracia y libertad, seguida por intentos retorcidos para contextualizar el autoritarismo y las atrocidades, virulentos ataques a Estados Unidos como culpable de tales acciones defensivas, y una visión del atraso económico como autenticidad cultural.

Según estas publicaciones, la censura en Cuba busca producir solamente contenidos de valor social, con una refrescante ausencia de intereses comerciales. Y aunque el viajero puede leer a disidentes como Yoani Sánchez, los opositores pueden ser paranoicos y amargados.

Estas guías también aseguran que los Comités de Defensa de la Revolución son una benigna organización cívica, y resaltan que Cuba es un país sin publicidad, donde el gobierno protege a sus ciudadanos del consumismo; un faro para el futuro, con educación, salud y vivienda universales.

Hay penuria, es cierto, pero en ella hay cierto grado de pureza, apuntan estos promotores del turismo político. Los cubanos se muestran felices, prácticamente no caminan: bailan. El artículo de Foreign Policy termina diciendo que, quizás, el secreto esté en el racionamiento.

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