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Cuba, luchando contra sus demonios, fue 15ta. en Londres 2012


El cubano Leuris Pupo (c) posa con su medalla de oro tras la final de la prueba de pistola de velocidad desde 25 metros de tiro masculino de los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

Tres títulos más que en la cita anterior –aunque diez medallas menos que aquel total—le otorgaron finalmente a Cuba el lugar 15 en los Juegos Olímpicos de Londres.

Los de la Isla se acomodaron en algún sitio del podio en siete deportes diferentes, y solo los boxeadores, que cuatro años antes habían tocado fondo en China – en 2008 no ganaron ninguna división—hicieron ahora resonar dos veces, a orillas del Támesis, el himno de Bayamo.

Robeisy Ramírez se hizo del cinturón de los 52 kilogramos, Roniel Iglesias de los 64, en tanto obtenían bronces Lázaro Álvarez (56) y Yasniel Toledo (60). Otras coronas fueron las del tirador Leurys Pupo, en pistola rápida a 25 metros (un éxito increíble, pues en La Habana a veces entrenan sin proyectiles), de la judoca Idalys Ortiz (78 kilogramos) y del luchador de estilo greco Mijaín López (120 kilos).

El gladiador repitió su oro de la Olimpiada anterior, lo que no pudo hacer el corredor de vallas Dayron Robles; este último había externado su malestar por una deficiente preparación en los meses recientes, y su lesión de ahora en la final de Londres –donde defendía su reinado-- obligó a la delegación cubana a hacer público un dictamen médico, en el afán de atajar cualquier suspicacia.

También hubo premios al cuello de los atletas antillanos Yarisley Silva (segunda en pértiga) y Leonel Suárez (tercero en decatlón), dos pruebas diametralmente opuestas a la tradición de su país.

El judo aportó los subtítulos de Asley González (90 kilos) y Yanet Bermoy (52), en tanto otros tres criollos se aferraban a la última medalla posible: Robelis Despaigne (taekwondo, 80 kilogramos), Iván Cambar (pesas, 77 kgs) y Liván López (lucha libre, 66 kgs), todos ellos en el tercer lugar olímpico.

Si el velocista Dayron llegó a anunciar que diría adiós al deporte después de Londres, los pesistas habían hecho públicas sus carencias en la preparación, y el boxeo, minado por las deserciones, podría enfrentar nuevas bajas en el ciclo que se avecina. Así, el lugar 15 de Cuba en el medallero –un repunte de 13 escalones, con todo y recolectar menos premios que en Pekín—reflejó el esfuerzo espartano de unos atletas contra el mundo y contra sus demonios.

En un orden más universal, estos fueron los Juegos de Michael Phelps, el nadador norteamericano que ya es el máximo ganador de medallas en el olimpismo; los de Usaín Bolt, primer humano que gana los 100 y 200 metros planos en dos Juegos consecutivos; los del baloncesto yanqui, con sus jugadores de la NBA, otra vez campeones, y los del fútbol mexicano, con su rutilante oro como trofeo llevado a casa, allí donde el plomo es el metal cotidiano.

Estados Unidos volvió a comportarse como la potencia que es, y dominó el medallero, con 46 cetros, 29 platas y 29 bronces; China, que organizó la lid anterior en Pekín (cuando coronó a 51 deportistas, muchos más que los 36 estadounidenses) cayó esta vez a la segunda posición, con 38-27-22; los británicos, ante su afición, anclaron en el tercer puesto (29-17-29).
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