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Reinventar la almohadilla sanitaria, un reto para las cubanas


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Llueven las quejas de este artículo de primera necesidad, que en la isla está racionalizado, se distribuye irregularmente y tiene una pésima calidad.

El periodo menstrual para las mujeres en Cuba se convierte todos los meses en un reto para el ingenio: ¿Cómo sustituir una almohadilla sanitaria?

Este artículo sanitario está limitado en la libreta de racionamiento a un paquete de 10 almohadillas por mes. Sin embargo, su distribución es irregular y la entrega de las íntimas (nombre con el que conocen este artículo en la isla) puede atrasarse hasta cinco meses, según explica Yusmila Reyna, residente del municipio Songo la Maya en Santiago de Cuba.

Queda la opción de “comprarla a sobreprecio en el mercado negro a un costo de 10 pesos cubanos, a diferencia de su precio de 1.25 en moneda nacional en las farmacias o inventar”, explica Reyna.

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“Encima de que son limitadas, no alcanzan. Las mujeres que tienen una menstruación abundante para nada les alcanza, además de que son almohadillas que no tienen una buena calidad porque son muy finas”, agrega.

Las quejas sobre la mala calidad de las almohadillas sanitarias son frecuentes, tanto, que el oficialista diario Granma señaló que a pesar que desde el 2004 se han enfocado en mejorar el producto incorporándoles alas con pegamento para dotarlas de una forma más ergonómica y un “súperabsorbente”, la falta de adhesivo de sus alas y la escasez en su relleno “hacen pensar que tal inversión de recursos no arrojó los resultados esperados”.

El artículo asegura que en las fábricas (tres plantas de la Empresa de Materiales Higiénico Sanitarios (MATHISA) que producen 43 millones de unidades) se chequea la calidad de cada una de ellas y que de encontrar deficiencias como “baja capacidad de absorción, colchón de la almohadilla incompleto, poca capacidad adhesiva en el pegamento o corrimientos de este hacia el cuerpo de la pieza”, se detiene la máquina y se inspecciona toda la producción terminada.

Los fabricantes alegan que tienen un máximo control de la calidad y que la falla está en los distribuidores: farmacias y bodegas. En estos establecimientos sólo se reciben los paquetes cerrados y se aseguran de que las clientas revisen la mercancía antes de llevársela, pues no se aceptan devoluciones, explica la nota.

En tanto, las cubanas se las arreglan a la vieja usanza. “Cuando uno tiene una ropa vieja, la lava bien, la esteriliza y nos la ponemos, es un pedazo de trapo y nos lo ponemos. Eso se lava se hierve y después se vuelve a usar”, explica Mara Alfonso del municipio Caimanera en Guantánamo.

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Con esta variante “corres el riesgo de contraer una enfermedad, son incómodas y tienden a pelar las piernas”, comenta Yusmila y agrega que como no son absorbentes, “las visitas al baño tienen que ser más frecuentes, pasará tan solo una media hora para que necesiten cambiarla”.

Algunas mujeres usan el algodón, que cubren con una tela hasta darle la forma de una almohadilla, este sustituto también es incómodo, pues el algodón se hace bolas y no tienen adhesivo.
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