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La victoria del PRI, era la esperada, hasta me atrevo a decir la deseada; pero claro, no un PRI nuevo y restaurado, mucho menos la de un joven Peña Nieto que les provoca cierta reticencia.

México ejerció este domingo el privilegio de un país que puede votar, teniendo opciones; e impuso la legitimidad política de una democracia, por sobre cualquier vestigio de revolución.

Especialmente a los cubanos nos mostró que es efectivo y posible llevar un enfrentamiento cívico y transparente sin daños colaterales; nos obsequió la lección de cómo actúa una oposición responsable, y nos dejó claro que la columna vertebral en el cuerpo de una democracia sigue siendo el individuo. Nada es más poderoso que un voto.

Los partidos políticos y sus candidatos actuaron con formalidad, madurez y respeto a la voluntad popular. Casi 80 millones de mexicanos convocados a las urnas fueron los protagonistas, y eligieron a su presidente con absoluta libertad.

Ganó Enrique Peña Nieto, candidato del Partido Revolucionario Institucional, quien tendrá que afrontar, entre tantas, el desafío a la educación, el desempleo, el campo, el desarrollo social, la guerra al crimen organizado, la paz interna y la tranquilidad ciudadana.

Cuba y México establecieron relaciones diplomáticas el 20 de mayo de 1902; pero a partir de 1998, las diferencias entre ambos gobiernos afectaron la dinámica bilateral que por años estuvo basada en el respeto mutuo.

Desde horas tempranas de la tarde, mucho antes que el consejero presidente del Instituto Federal Electoral hiciera público los resultados oficiales del escrutinio de los votos de la elección presidencial mexicana; el gobierno de La Habana se sumía en una tensa calma. Clasificaba recuerdos, rencores, y futuros sueños.

Para la gerontocracia cubana, Acción Nacional (PAN) es un partido que, de ganar, no representa nada; continuaría ejerciendo el papel de enemigo inofensivo que, según creen, se pierde mirando hacia el norte.

Cabe pensar que la isla apostaba su suerte a la victoria del PRD, y a su candidato López Obrador. Es sabido que un triunfo del Partido de la Revolución Democrática, significaba un giro a la izquierda y un empujón importante a los países del ALBA; pero no es así, los gobernantes de nuestro querido caimán son marcadamente priistas. Los devaneos del poder con importantes figuras del PRD, llevan el mismo principio, que la relación de cualquier extranjero con una astuta jinetera que abre las piernas con fingido recato.

Desgraciadamente, nos acostumbramos al engaño y ya forma parte del ADN nacional. La victoria del PRI, era la esperada, hasta me atrevo a decir la deseada; pero claro, no un PRI nuevo y restaurado, mucho menos la de un joven Peña Nieto que les provoca cierta reticencia.

No obstante, con la ayuda de amigos y enviados, mejorarán las relaciones, es lo que toca. El tema más delicado que se impone resolver está en saldar o aliviar una deuda que Cuba, bróker sin paralelo en la bolsa del engaño, mantiene con el país azteca. El compromiso impagado es cuantioso, ronda los 430 millones dólares; pero hay quienes aseguran que lo mejor de un buen comienzo, es punto y seguido, o mejor dicho, un olvido.
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    Juan Juan Almeida

    Licenciado en Ciencias Penales. Analista, escritor. Fue premiado en un concurso de cuentos cortos en Argentina. En el año 2009 publica “Memorias de un guerrillero desconocido cubano”, novela testimonio donde satiriza  la decadencia de la élite del poder en Cuba.

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