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De héroes olímpicos a hollejos


Poster del documental KnockoutKuba.

En pocos casos podría aplicarse mejor la expresión popular cubana “Te exprimen y después te dejan botado como un hollejo”.que en los de aquellos que le dieron a Cuba gloria deportiva, y al régimen de Fidel Castro un inagotable filón propagandístico.

Por estos días la prensa nos trajo, bumper to bumper, las noticias de que había muerto en La Habana de un infarto, a los 60 años, el tricampeón olímpico y mundial de boxeo Teófilo Stevenson, y de que el médico disidente cubano Darsi Ferrer anunciaba que vendrá a Estados Unidos como refugiado político para reunirse con su familia en Chattanooga, Tennessee.

Si Darsi no hubiese revelado como nadie las entrañas de la “potencia médica” metiéndose a filmar en los inhóspitos hospitales de La Habana; si no hubiese expuesto su cuerpo a los golpes de la turba en un parque del Vedado para que en Cuba se celebrara en público un Día Internacional de los Derechos Humanos; si no hubiese dejado una parte ya irrecuperable de su vida en la prisión de Vallegrande, por tratar de curar la virtud y el decoro nacionales, todavía habría que agradecerle a Darsi Ferrer el derechazo al mentón de la dictadura que fue el documental KnocKout Kuba.

Para filmarlo, el médico de Santos Suárez y el realizador sevillano Benito del Valle se fueron con una videocámara a las humildes viviendas –en algunos casos un cuartucho en un solar--donde languidecían en su tercera edad --unos alcoholizados, otros semiparalíticos, la mayoría desilusionados— once de los boxeadores que desde la cima de los más altos podios deportivos escucharon emocionados y orgullosos el himno de Bayamo.

Pero en pocos casos podría aplicarse mejor la expresión popular cubana “Te exprimen y después te dejan botado como un hollejo” que en los de aquellos que le dieron a Cuba gloria deportiva, y al régimen de Fidel Castro un rico filón propagandístico.

Héroes como Douglas Rodríguez, también recién fallecido, quien con las manos fracturadas desde las Olimpiadas de Munich en el 72, pidió a los médicos del equipo que competía en el Mundial de La Habana en 1974 que le inyectaran anestesia. Y así peleó; y así ganó el título mundial, y le colgó su medalla al Comandante. Y así, de ortopédico en ortopédico, sólo duró unos años más en el boxeo.

Muchos años después, cuando Del Valle y Ferrer lo entrevistaron para “Knockout Cuba”, atravesaba un episodio de sobriedad en su alcoholismo crónico. Desde esa breve lucidez se quejó ¿“Tú crees que es para que yo estuviera así? (…) Yo no creo en ninguno de esta gente. En ninguno creo yo”.

¿Se acuerda usted de Enrique Regüeiferos, subcampeón olímpico y campeón panamericano y centroamericano?. Murió de cáncer a los 53 años. Quizás porque muchas veces no encontró un transporte para asistir a las sesiones de quimioterapia. Su madre, una viejecita, tuvo que recogerlo y llevárselo a su casa para que no muriera desamparado.

¿Y de Félix Betancourt, campeón centroamericano en Kingston, Jamaica?. Cuando filmaron el documental sobrevivía en Santos Suárez, vendiendo chicharrones en el barrio para llegar a fin de mes. En tres ocasiones solicitó al Comité Central del Partido Comunista una vivienda mejor. Nunca le respondieron.

Jorge Luis Romero, subcampeón mundial en La Habana 1974 disputó la final con el pegador puertorriqueño Wilfredo Gómez. Gómez lo mandó a la lona cinco veces, pero nunca le tiraron la toalla: Fidel Castro estaba en la Ciudad Deportiva presenciando el cartel. Al momento de la filmación padecía el mal de Parkinson, estaba inmóvil y apenas podía hablar, pero no tenía cómo ir a recibir tratamiento y nunca respondieron una solicitud que hizo su hijo para que le asignaran un auto.

Y así, once historias similares. Las palabras no sirven de mucho aquí: hay que escuchar a estos hombres para tener una idea del dramatismo de sus caídas. Cortes y un resumen del documental pueden verse en Youtube en http://www.youtube.com/watch?v=cdI9v3PLaUc&feature=related

Ahora, mientras la prensa internacional recuerda que Teófilo Stevenson rechazó al menos una oferta millonaria para que saltara al profesionalismo, nos llegan desde su natal Puerto Padre algunas pistas sobre la realidad, no muy diferente, que enfrentó en sus últimos años de vida.

Una tía por parte de madre del pugilista le aseguró al periodista independiente Alberto Méndez Castelló que “Pirolo”, como le decían en el pueblo, murió pobre.

La señora, llamada Miriam, le comentó al colaborador de Cubanet que no se explicaba cómo no lo sepultaron, junto a sus padres, en ese pueblo que tanto amó y donde todos fueron sus amigos.

Méndez Castelló reporta que cuando se supo la noticia de su muerte el pasado lunes 11, decenas de personas acudieron allí, al número 79 de la Calle 56, en el antiguo central Delicias, porque Stevenson siempre mantuvo lazos “extremadamente afectuosos” con los lugareños, sin importar credos políticos o posiciones sociales.

La tía Miriam se había ocupado de cuidar la casa que le fuera construida a Stevenson por orden de Fidel Castro. El periodista describe el domicilio en su pueblo de uno de los más grandes boxeadores de todos los tiempos: las ventanas están clausuradas con pedazos de cartón y ramas de árboles. En el portal no hay bombillos, y adentro apenas los hay.

Pero la parienta del multicampeón cubano, de quien el promotor Don King dijera “Sería fenomenal como profesional. Tiene la misma clase que Alí y que Frazier", le comentó a Méndez Castelló. “¿Usted ve las condiciones en que está esta casa? Pues esto es un palacio comparado con la casa en que Teófilo estaba viviendo con su mujer y su hijo en el Reparto Náutico, allá en La Habana”

En su conversación con el doctor Ferrer y Benito Del Valle, Douglas Rodríguez, el que acabara joven su carrera deportiva tras pelear por Fidel con las manos fracturadas, prometió que el día que se volviera a encontrar con el Comandante y éste le preguntara qué había sido de él, le iba a decir: “¿Yo? Estoy en la calle. Nosotros, los que somos campeones del mundo, olímpicos, panamericanos, centroamericanos, estamos en la calle”.
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    Rolando Cartaya

    Rolando Cartaya (La Habana, 1952) Graduado de Periodismo, Universidad de La Habana 1976. Ha trabajado en la página cultural de Juventud Rebelde, la agencia UPI, el servicio Worldnet y como editor de las revistas “Newsweek”, “Discover” y “Motor Trend” en español. Ha traducido más de 20 libros para la editorial cristiana Thomas Nelson, Inc. Con Radio Martí desde 1989, ha sido editor, redactor, reportero, y director y guionista del programa “Sin Censores ni Censura”. Actualmente trabaja en martinoticias.com. Fue vicepresidente en la isla del Comité Cubano Pro Derechos Humanos.

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