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La fórmula de Castro II: silencio y negocios


Fotografía de archivo de los hermanos Fidel y Raúl Castro.
En un ranking universal, del uno al ocho se pudiera ubicar la forma autocrática de gobernar del General Raúl Castro. Quizás lo supere la dinastía comunista de Corea del Norte. Al lado de Norcorea, La Habana es Miami.

En la lista figura también el despotismo corrupto de Teodoro Obiang y su hijo Teodorín, en Guinea Ecuatorial. La junta de militares que hoy intenta abrirse al mundo en Birmania. Y la dictadura perfecta de 63 años en China, con la anuencia de las potencias democráticas e hipócritas. A cambio de producir barato, hacen negocios con los chinos, sin importarles las violaciones a las libertades individuales.

Si seguimos mirando el mapa, veremos algún estado canalla más. Como Somalia, una nación sin gobierno ni ley, donde en pleno siglo 21 se practica la piratería naval. Y hasta un narcoestado, Guinea-Bissau, uno de los países más pobre del mundo, y puerta de entrada de las drogas a Europa.

La Cuba diseñada por los hermanos Castro no se queda atrás. En la isla no se producen manifestaciones multitudinarias condenando las prohibiciones de viajes. Ni descontentos callejeros por el alza de la gasolina o la tarifa de la luz eléctrica.

Son minorías los atrevidos que salen a la calle a pedir libertad o exigir derechos. La población no se le suma. Desde las gradas, indiferente, observa los actos de repudio y palizas propinadas a los disidentes.

A la dictadura cubana se le puede clasificar entre las perfectas. Es un gobierno que no sólo ejerce el poder con mano de hierro, también exige que lo amen. Y mucho. Periódicamente, la gente debe hacer catarsis. Y aplaudir los logros de la revolución y el papel histórico desempeñado por Fidel Castro.

Todo lo que ha hecho el barbudo se debe aprobar. Da igual que en 1962 nos pusiera al borde de una hecatombe nuclear. Que fraguara planes descabellados en la agricultura. Que tomara el erario público sin consultar con nadie. Que enviara miles de hombres a pelear y morir en África.

Con este tipo de dictadura perfecta usted puede estar en desacuerdo, pero de cara a la galería, debe sonreír y admirar la sapiencia del comandante único.

Constituye una causa penal si se ofende la figura del líder. Una persona me contó que en prisión conoció a un hombre que estaba tras las rejas por haber dicho en la bodega del barrio que había soñado con Fidel Castro muerto.

También se comenta que una noche, aquellos individuos a quienes les gustaba contar chistes “contrarrevolucionarios”, fueron citados e intimidados por los servicios especiales.

De esas anécdotas ha pasado bastante tiempo. Muchos aseguran que la dictadura perfecta caribeña se ha ido erosionando. Mi tesis es que se fue perfeccionando.

Ahora no te mandan a un calabozo por escribir lo que piensas, aunque en el aire de la república sigue flotando la tenebrosa Ley 88 o ley mordaza, que permite a las autoridades encarcelarte por veinte años o más.

La represión no se esconde. Es ejercida a cara descubierta y con ventaja. Y si bien es cierto que ya no tiene el apoyo de una mayoría, cuenta con su silencio para actuar impunemente.

La estrategia es cambiar reglas de juego económicas, manteniendo la autocracia como forma de gobierno. Los sesudos se han apoderado de ese 75% de ciudadanos descontentos que en un gesto de desesperación, prefieren lanzarse al mar e intentar llegar a las costas floridanas, que sumarse abiertamente a grupos opositores.

La manera de conquistarlos ha sido simple. Abrirle las puertas a la oportunidad de ganar dinero. Oficializar lo que llevaba años haciéndose por debajo de la mesa. Y controlar para evitar que se enriquezcan y pongan en peligro el estado de cosas.

Cuando se sintió acorralado por la iglesia católica y otras denominaciones religiosas, el castrimo fue hábil. Y se sentó a dialogar. Ahora suspiran por estrechar relaciones con los acaudalados cubanos residentes en Estados Unidos.

No es nuevo. La memoria histórica suele ser corta. De tanto que habla, Fidel Castro más de una vez ha soltado prenda sobre sus estrategias. Hace años, a un reportero le confesó que si no se hubiese aliado al comunismo soviético, hubiera apostado por la negociación con la burguesía local.

No hizo falta. La desechó y la obligó a hacer las maletas. Ahora todo ha cambiado. En el nuevo plan de solidificar y modernizar el régimen, los empresarios de amplios bolsillos son un comodín perfecto.

Miran a China o Vietnam. Aunque es imposible comer frijoles negros con palitos. Estamos demasiado cerca de Estados Unidos. Y eso es en un arma de doble filo.

Con los discursos iracundos de Castro I, el gobierno cubano era una piedra en el zapato estadounidense. El actual silencio y habilidad para negociar el futuro del equipo de Castro II es una ventaja.

A fin de cuentas, el coloso del Norte lo único que necesita es un vecino con estabilidad interna, que no les cause problemas migratorios ni con el tráfico de drogas y el crimen organizado. El General cree tener esa fórmula.

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