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El secuestro de 10 cubanos contado por una testigo


Vista de un grafiti que dice "Z 100%" aludiendo al grupo criminal de los Zetas

Para grupos vinculados al narcotráfico y el contrabando de personas en México, el secuestro e incluso el asesinato de cubanos que viajan rumbo a la frontera con Estados Unidos se ha vuelto una jugosa práctica.

“Cuando los vi subir al autobús con aquellas máscaras oscuras y con un arma en cada mano, le apreté el brazo al hombre que iba al lado de mi asiento y pensé que todos íbamos a morir allí mismo”.

Así resume los veinte minutos de terror que vivió hace tres semanas en Tapachulas, México, y que al decir de su hija le han descontrolado los nervios por completo.

Ninguna de las dos aceptó que publicáramos sus nombres ni fotos suyas: temen por sus vidas aunque ya se encuentren en Estados Unidos.

Esta mujer de 61 años, natural de Ciudad de La Habana, fue testigo del asalto a un autobús donde viajaban ella y 22 cubanos más junto a otros mexicanos, por parte de un grupo armado que por sus características parece ser los Zetas.

El incidente ocurrió el 23 de abril último aproximadamente a las 6pm, y dos días más tarde ella llegaba a suelo estadounidense.

“Habíamos acabado de salir de Tapachulas con destino a Matamoros. Antes habíamos escuchado que para los cubanos que intentaban llegar a la frontera esta ruta directa a Matamoros era muy peligrosa porque los Zetas los secuestraban y pedían después rescates altísimos a sus familiares en Estados Unidos. Pero nos faltaba el dinero y era la ruta más barata”.

“Menos de dos horas después de iniciado el viaje, en medio de una carretera solitaria, una camioneta se nos atravesó en el camino. De ella se bajaron cuatro hombres con las cabezas cubiertas y subieron al autobús. Nos apuntaron con sus armas, y fueron bajando a muchos pasajeros. Todos cubanos. El hombre que iba a mi lado intentó resistirse y le dijeron que le volarían los sesos allí mismo”.

Los delincuentes bajaron solo a cubanos del autobús. Según la testigo, fueron 10 en total. Ocho hombres y dos mujeres.

“No bajaron a más de nosotros porque no tenían espacio en la camioneta para transportarlos. Ellos mismos hablaban eso entre ellos. Incluso bajaron a una mujer que traían amarrada por las manos, y la dejaron en la carretera para poder llevarse a un cubano más”.

Cuando cargaron a todos los que querían, le dieron la orden al chofer de continuara el viaje, con una condición muy simple: Si paraba a denunciarlos los matarían a todos.
“Para que no los denunciáramos en ningún puesto de policía cercano nos siguieron hasta el mismo Matamoros. Solo pudimos dar parte a la policía cuando llegamos a la frontera, al día siguiente.”

Han pasado 23 días desde entonces, y nada se ha sabido de esos 10 cubanos inmigrantes. Tampoco ha habido noticia de rescates pedidos por ellos.

Para grupos vinculados al narcotráfico y el contrabando de personas en México, el secuestro e incluso el asesinato de cubanos que viajan rumbo a la frontera con Estados Unidos se ha vuelto una jugosa práctica.

Según se ha podido verificar en otros casos, a veces son los mismos policías corruptos quienes pasan a las organizaciones criminales el dato de que un autobús transporta a pasajeros cubanos hacia determinado destino.

En muchos casos los secuestradores consiguen altos montos de dinero a cambio de ellos. En otros los obligan a quedarse en sus organizaciones criminales, o los asesinan en el acto.

El último incidente de este tipo fue revelado por la agencia AFP en septiembre de 2010, cuando la policía mexicana rescató a seis inmigrantes cubanos que pasaron más de un mes secuestrados cerca de un balneario de Cancún. Anteriormente, en diciembre de 2009, el gobierno mexicano había repatriado a cuatro de 14 cubanos que fueron secuestrados y algunos de ellos torturados por contrabandistas de indocumentados, también en Cancún.

Para la testigo del secuestro en Tapachulas el pasado 23 de abril, el destino de sus compañeros de viaje podría ser terrible: “Lo que yo vi fueron monstruos, eran hombres dispuestos a matarlos en cualquier momento. Nosotros habíamos estado en México más de un mes, presos mientras nos devolvían los documentos, y escuchábamos las historias de las cosas horribles que les hacían los Zetas a los cubanos que secuestraban. Lo mejor que podría pasar con ellos es que todavía estuvieran vivos esperando por un rescate. Pido a Dios por ellos”.
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