Sumario
- Las fuentes alternativas de energía, como paneles solares, plantas eléctricas y baterías portátiles, no se han extendido de forma masiva en Cuba por sus altos costos, aseguran cubanos.
Los paneles solares, los generadores y las baterías portátiles ofrecen alivio frente a los apagones en Cuba, pero sus elevados precios los mantienen fuera del alcance de muchos hogares.
Para muchos son "prohibitivos”, afirma el analista Julio Aleaga Pesant que sitúa en unos 700 dólares el precio de algunos equipos de tamaño mediano y advierte que, en el caso de los paneles solares, deben sumarse los componentes necesarios para aprovechar la energía que producen.
Testimonios recogidos por Martí Noticias en varias provincias del país indican aunque permiten cubrir algunas necesidades básicas, no sustituyen un suministro eléctrico estable.
Según Aleaga Pesant, en La Habana se concentran en negocios privados y viviendas de personas con mayores recursos, entre las que menciona a directivos de empresas y altos oficiales del Ministerio del Interior y de las Fuerzas Armadas.
Los generadores de combustible plantean, además, problemas de convivencia “por el ruido que provocan durante el día y la noche”, añade.
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Paneles solares y baterías en Cuba: entre el alto costo para las familias y el clima
En Baracoa, provincia de Guantánamo, el periodista independiente Emilio Almaguer cuenta con paneles solares y una batería portátil que pudo adquirir gracias al apoyo de sus hijos en el extranjero. Aunque estos equipos han mejorado su vida cotidiana, explica que su utilidad depende de la disponibilidad de sol o de electricidad para recargarlos.
“Hace tres días aquí está lloviendo y el sol casi no sale. Entonces el Ecoflow está abajo y tenemos que recurrir nuevamente a la leña y a lo que aparezca para poder elaborar los alimentos”, relata.
Cuando consigue cargar la batería, puede mantener apenas un ventilador encendido durante la noche y disponer de iluminación. “Es una solución viable porque mejora bastante la calidad de vida, pero no es la solución definitiva”, señala.
Almaguer atribuye el acceso a estos equipos a la ayuda de sus dos hijos, uno residente en Panamá y otro en Estados Unidos.
“Pero imagínate un trabajador, un jubilado, una persona que depende de un subsidio del gobierno que lo que gana son 3.000 pesos, nunca lo va a lograr”, expresa.
En Báguanos, provincia de Holguín, el activista Reinier González describe un acceso muy limitado a estas alternativas.
“Aquí prácticamente nadie tiene, solamente algunos negocios que se pueden contar con los dedos de una sola mano y posiblemente sobren. Es una pequeña minoría”, afirma.
Según González, los equipos más económicos que conoce cuestan entre 500 y 1.000 dólares, una suma que considera inalcanzable para quienes dependen de ingresos en pesos cubanos.
“Imagínese usted una persona que cobra 2.600 pesos mensuales, es imposible que pueda llegar a un panel solar para poder calentar los alimentos o tener refrigeración”, sostiene.
A los costos se suma la preocupación por los robos. González asegura que en su municipio han sustraído paneles incluso de instalaciones de la empresa eléctrica estatal. “A la propia empresa estatal eléctrica de aquí del municipio le están robando los paneles”, denuncia.
También han surgido servicios privados de fabricación e instalación de rejas para proteger los módulos solares, una medida que supone un gasto adicional para sus propietarios.