“No sigamos siendo presa del miedo”: sor Nadieska llama a los cubanos a reclamar sus derechos

Sor Nadieska Almeida. (Captura de video/YouTube/Pastoral Juvenil)

Sumario

  • La religiosa señala la acumulación de basura y un incendio en la iglesia de San Judas y San Nicolás, en La Habana, como ejemplos del deterioro y del silencio oficial ante el sufrimiento de la población.
  • Almeida pidió reforzar la solidaridad, no abandonar a los jóvenes y seguir exigiendo cambios en Cuba para que “nadie más decida por nosotros”.

La lucha diaria por conseguir lo elemental y el miedo a protestar están empujando a los cubanos hacia la resignación, advirtió la religiosa sor Nadieska Almeida, quien llamó a defender los derechos y la libertad frente al deterioro de las condiciones de vida en la isla.

En su reflexión “Llevamos tiempo”, fechada el 28 de septiembre y compartida por el sacerdote Alberto Reyes en sus redes sociales, Almeida cuestionó la respuesta del Gobierno al sufrimiento de la población y exhortó a no permitir que el agotamiento paralice las demandas de cambio.

“No sigamos siendo presa del miedo, ¿qué más nos puede pasar? Ya hemos sido despojados de mucho”, escribió.

La religiosa describió una realidad marcada por la insalubridad, la falta de acceso a medicamentos, agua potable y artículos de aseo, y una alimentación deficiente que, según señaló, debilita a las personas ante las enfermedades. En ese contexto, alertó sobre el dengue, la hepatitis y otros padecimientos que afectan a la población.

“Acceder a lo elemental se ha vuelto cada vez más difícil, consume todas nuestras energías”, sostuvo Almeida, quien vinculó esa lucha cotidiana con una creciente sensación de impotencia y desesperanza.

La denuncia incluyó la acumulación de basura en los alrededores de las parroquias y el incendio que, según relató, afectó a la iglesia de San Judas y San Nicolás, en La Habana. Almeida reconoció el reciente apoyo gubernamental para limpiar el lugar y sustituir la puerta del templo, pero señaló que el silencio sigue siendo la respuesta para quienes sufren las consecuencias de esas condiciones.

“El dolor sigue ganando terreno”, afirmó. A ese sufrimiento, añadió, se suma el temor a protestar, que limita la capacidad de expresarse y reclamar una vida digna.

Para explicar el desgaste que percibe, la religiosa recurrió a una expresión que le compartió una persona cuya identidad prefirió reservar: “el síndrome de las manos caídas”. Aclaró que no se trata de una enfermedad física ni de un estudio, sino de una manera de describir el hartazgo ante la realidad.

“No habla de una enfermedad física, habla de una especie de hartazgo de la realidad que nos lleva a decir: me rindo, no intento nada más”, explicó.

Almeida reconoció que también se ha sentido identificada con esa percepción. En su texto habló de la desesperanza, la frustración y el cansancio que ha experimentado al reclamar derechos, justicia y libertad, y al constatar que “llevamos tiempo denunciando y que no somos prioridad para este gobierno”.

Ante ese desaliento, pidió recuperar la confianza en quienes siguen ayudando a los demás y fortalecer la solidaridad, especialmente con los padres de familia que no encuentran alternativas a sus dificultades.

“Tenemos que recuperarnos y ser brazos y sostén para quienes estén más desesperados”, expresó, tras evocar el pasaje bíblico de Moisés y la ayuda que recibió para mantener las manos levantadas.

Su llamado también se dirigió a quienes acompañan a las nuevas generaciones: “No dejemos solos a nuestros jóvenes, ayudemos a construir sus sueños sin renunciar a los nuestros”.

La religiosa exhortó a optar por la verdad y la libertad, aun cuando ello implique enfrentar marginación, difamación o amenazas, y a no dejar que la violencia y la indiferencia se impongan.

“Es hora de recuperar lo que nos pertenece”, afirmó. Para Almeida, cada persona puede defender sus derechos desde donde se encuentre, con la convicción de que “lo que nos merecemos no se mendiga, se busca, se exige”.

Aunque reconoció el costo de los intentos de alcanzar la libertad, insistió en la necesidad de actuar “para que nadie más decida por nosotros” y construir, junto con las nuevas generaciones, la nación que anhelan.