Sumario
- Las voces de familias cubanas con hijos autistas se alzan contra el abandono institucional y la discriminación que denuncian, persiste en el país.
La madre de un joven autista, Arelys Ferrer Pérez, escribió una carta al gobernante cubano Miguel Díaz- Canel en la que denuncia que las personas autistas son discriminadas y abandonadas a su suerte por el Estado.
El reclamo de Ferrer Pérez no es un hecho aislado, sino el punto de quiebre de un largo camino burocrático.
“Escribí la carta al Presidente porque en nuestro país nos dicen que funcionan los canales y ya fuimos por los canales y nunca la entrevista se dio”, explicó a Martí Noticias, la madre de Owen Francisco Quintana Ferrer.
Según la carta publicada el 2 de abril, Día Mundial de la Concienciación del Autismo, varias familias han acudido a ministerios y a la Asamblea Nacional del Poder Popular desde 2021. La respuesta no ha llegado nunca.
“El Presidente nos dice que, como ciudadanos, desde el respeto, podemos escribir y ser escuchados, pero no hemos sido escuchados. Owen ha sido como otros autistas invisibilizados dentro de la sociedad cubana. Es lamentable el abandono”, insistió.
La misiva señala que, si bien existen redes de apoyo limitadas para la infancia, al llegar a la mayoría de edad, las personas autistas parecen desaparecer de las políticas públicas.
Ferrer Pérez describe como "inadmisible" que una condición que puede acarrear una discapacidad severa no reciba apoyos gubernamentales específicos para la vida adulta.
"Nuestros hijos viven situaciones que pueden ser resueltas perfectamente por los decisores de nuestro país", afirma en su mensaje, subrayando que la falta de recursos y programas de inclusión condena a las familias a un aislamiento total y a una carga de cuidados sin relevo ni asistencia estatal.
Uno de los puntos álgidos de la carta a Díaz-Canel es el relato de la mujer sobre la citación a su hijo, a pesar de su diagnóstico inobjetable, a la Comisión Médica del Servicio Militar.
Lo que debe ser un trámite administrativo de rutina para un joven común, se convirtió en una experiencia traumática y revictimizante para las familias de personas con autismo severo.
“Mi hijo tuvo que asistir a una comisión médica de las FAR [Fuerzas Armadas Revolucionarias], un muchacho que no tiene lenguaje, que tiene una vida muy rígida, muy estructurada y que fuera de los lugares que uno puede anticiparle, se pone en muy malas condiciones; que uno no sabe la reacción que pueda tener. Estoy hablando de, prácticamente, un hombre de 1.80 con 200 libras. Y que yo haya tenido que explicar y anticipar a mi hijo a una situación como esa”, indicó Arelys.
El escenario es desolador. En una sala de espera donde la mayoría de los jóvenes conversan o revisan sus teléfonos móviles, la presencia de un joven con autismo severo rompe la norma: “Para mí fue muy doloroso ver a jóvenes de la edad de mi hijo en otras condiciones y mi hijo con un juguete en la mano. Para mí fue una situación violenta, un abuso a nosotros y no lo puedo decir de otra manera”, recalcó Arelys.
Mientras el entorno militar exige protocolos rígidos, estos jóvenes enfrentan crisis sensoriales y ansiedad ante lo desconocido. La carta de denuncia apunta a una falla sistémica: la falta de una identificación que valide su condición de manera automática ante el Estado, evitando que tengan que pasar por evaluaciones presenciales innecesarias.
La denuncia cierra con un emplazamiento directo al gobierno: las familias de personas con autismo exigen ser escuchadas no como peticionarias de favores, sino como "ciudadanos de derecho".
La petición es clara: políticas de apoyo real, visibilidad para el autismo adulto y el fin de la discriminación institucional que hoy mantiene a cientos de cubanos en las sombras.
En Facebook, en los comentarios a la carta publicada, muchas madres, padres y abuelos de personas con autismo y otras condiciones se identificaron con el testimonio de Arelys, compartiendo experiencias semejantes de abandono institucional, falta de atención al llegar a la adultez y desgaste emocional acumulado durante años de cuidado a sus familiares.
Los mensajes destacaron el amor, la perseverancia y la fuerza de las familias cuidadoras, así como el anhelo de que la carta genere respuestas concretas. Varias personas expresaron que el dolor narrado es colectivo y representa la realidad omitida de numerosas familias.
Al mismo tiempo, otros comentarios manifestaron indignación y frustración ante la falta de empatía, la burocracia y la ineficiencia de las instituciones responsables. Se cuestionó la brecha entre el discurso oficial y la realidad cotidiana, la ausencia de políticas efectivas para los adultos con autismo y la sobrecarga que recae exclusivamente en las familias.
Una situación de desprotección similar enfrenta Yislainet Lara Apezteguia, que ya envió dos cartas a Miguel Díaz-Canel.
El motivo: su hijo de siete años Félix Berto Fernández Lara, diagnosticado con autismo y discapacidad intelectual leves, está siendo excluido del sistema educativo de Cuba una violación de la Constitución y de instrumentos internacionales de los que es parte La Habana.
“Las familias cubanas con niños y jóvenes con autismo, sobre todo los casos severos, necesitamos ser visibilizados y atendidos por nuestro gobierno que, por años, los ha desechado como si fueran seres inservibles, violando así la ratificación de Cuba en la Convención de los Derechos Humanos del 2007, de dar participación total al discapacitado en nuestra sociedad y de incluirlos en todos los programas como el resto de los ciudadanos de este país”, puntualizó Lara Apezteguia.