La creciente influencia de China en inteligencia en Latinoamérica

Ilustración/Diálogo Américas

Sumario

  • China intensifica sus operaciones de inteligencia en Latinoamérica, combinando ciberespionaje, diplomacia, economía e influencia política, con especial foco en sectores estratégicos y gobiernos.
  • Las actividades incluyen redes de espionaje humano a través de agregados militares y coberturas no oficiales, expediciones científicas con potencial estratégico, despliegues navales de doble uso y una infraestructura espacial vinculada al Ejército Popular de Liberación.

La expansión de los intereses económicos y políticos de China en Latinoamérica ha ido acompañada, en los últimos años, de una creciente preocupación por las actividades de vigilancia e inteligencia, especialmente en el ciberespacio. Según el Informe sobre el Panorama de Amenazas para Latinoamérica en 2025 de CrowdStrike, los ciberactores vinculados a China fueron entre los grupos estatales más activos que tenían como objetivo la región, llevando a cabo operaciones contra instituciones gubernamentales, infraestructuras de telecomunicaciones y sectores estratégicos.

Para Laura Harth, directora del programa China in the World de la organización de derechos humanos Safeguard Defenders, con sede en Madrid, España, el objetivo de Pekín es ampliar su influencia estratégica, debilitar las alianzas democráticas y asegurar ventajas geopolíticas en el extranjero, incluido el apoyo a sus reivindicaciones sobre Taiwán, dijo a Diálogo.

Según Harth, uno de los motores de las actividades de inteligencia de China en el extranjero es la iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI), que según los expertos funciona no solo como un programa de infraestructura e inversión, sino también como una herramienta de influencia política y de posicionamiento estratégico. Su componente tecnológico, la Ruta de la Seda Digital, incluye redes de telecomunicaciones y proyectos de infraestructura digital liderados por empresas como Huawei, que ha sido restringida o incluida en listas negras en varios países por motivos de seguridad.

“La BRI es un ejemplo claro del uso por parte de Pekín de supuestos beneficios económicos para impulsar su agenda política”, observa Harth. “Basta observar la rápida sucesión de países que se adhirieron a la BRI y, casi al mismo tiempo, trasladaron su reconocimiento diplomático de Taiwán a la República Popular China (RPC), como República Dominicana, El Salvador, Honduras y Nicaragua”.

Las redes de espionaje como ecosistema

En Latinoamérica, los esfuerzos de inteligencia de China rara vez se basan en agentes aislados. En cambio, los analistas describen un ecosistema complejo en el que se superponen inteligencia, diplomacia, economía e influencia política.

“Muchas de estas actividades se presentan como diplomacia people-to-people [interpersonal] y suelen percibirse como intercambios inocuos, cuando en realidad sirven para construir redes de información, relaciones y vectores de influencia”, explica Harth.

Las operaciones de inteligencia humana también se desarrollan a través de canales diplomáticos oficiales, incluida la red de agregados militares chinos destinados en embajadas de toda la región. Los analistas señalan que estos oficiales suelen estar vinculados al aparato de inteligencia del, Ejército Popular de Liberación (PLA).

Según una investigación de la consultora británica Grey Dynamics, la estrategia de inteligencia de China hace hincapié en “el acceso de largo plazo, la penetración de las élites y una cobertura informativa persistente”, en lugar de la recolección táctica a corto plazo.

En paralelo, el Ministerio de Seguridad del Estado de China opera en la región mediante coberturas diplomáticas y coberturas no oficiales (NOC), que incluye a empresarios, consultores, investigadores y académicos.

Las preocupaciones sobre la influencia política surgieron en diciembre de 2024, cuando Paraguay revocó el visado del diplomático chino Xu Wei, que había viajado al país para asistir a una conferencia. Las autoridades paraguayas lo acusaron de interferir en los asuntos internos, después de que, según se informa, instara a los legisladores a reconsiderar el reconocimiento diplomático de Paraguay a Taiwán.

Cartografía del territorio y doble uso científico-militar

Las expediciones científicas también pueden tener implicaciones estratégicas. A principios de 2026, una misión conjunta de China y Chile exploró la Fosa de Atacama, una de las zonas oceánicas más profunda del océano Pacífico y un lugar estratégico conocido. El buque de investigación chino Tan Suo Yi Hao participó en la expedición, desplegando el sumergible de agua profundas Fendouzhe, capaz de d los 10 000 metros de profundidad.

Aunque se presenta como investigación científica, la exploración de las profundidades marinas puede generar datos geoespaciales y oceanográficos de gran valor. Por ejemplo, la cartografía detallada del fondo marino puede ayudar a identificar y analizar infraestructuras como los cables submarinos, que son fundamentales para las comunicaciones globales.

Preocupaciones similares han surgido sobre el doble uso de los despliegues navales chinos en la región. A principios de 2026, el buque hospital chino Silk Road Ark visitó varios países de Latinoamérica como parte de una misión de asistencia médica. Sin embargo, cuando el buque llegó a Valparaíso, las autoridades chilenas le denegaron la autorización para tratar a los residentes locales a bordo, alegando que las normas sanitarias nacionales exigían que el personal médico estuviera acreditado en el país. La decisión se tomó en un momento de mayor escrutinio de las actividades estratégicas de China en la región.

Aunque estos despliegues se enmarcan oficialmente como diplomacia médica, los analistas de seguridad señalan que los buques de la Armada china suelen llevar equipos de comunicaciones y sensores avanzados, lo que plantea dudas sobre su capacidad para recabar información.

Inteligencia tecnológica y dominio informativo

China también ha ampliado su capacidad militar en materia de información e inteligencia espacial. En abril de 2024, el PLA creó la Fuerza de Apoyo a la Información (ISF), una nueva rama diseñada para integrar las capacidades cibernéticas, espaciales y de guerra electrónica.

La ISF desempeña un papel central en el concepto chino de “guerra informatizada”, integrando datos de satélites, inteligencia de señales y operaciones cibernéticas en la toma de decisiones militares.

Un informe reciente de la Comisión Especial de la Cámara de Representantes de Estados Unidos sobre el Partido Comunista Chino identificó al menos 11 instalaciones espaciales vinculadas a China en América Latina, incluyendo emplazamientos en Argentina, Venezuela, Bolivia y Brasil. Estas instalaciones, que incluyen estaciones terrestres y observatorios astronómicos, se presentan formalmente como civiles, pero los expertos sostienen que forman una extensa red de infraestructura espacial de doble uso vinculada a entidades militares chinas y se utilizan para recopilar inteligencia sobre el adversario y fortalecer las capacidades bélicas del PLA.

Entre los casos más debatidos se encuentra la estación de seguimiento del espacio profundo operada por China en Neuquén, Argentina. Aunque se presenta oficialmente como una instalación civil de exploración lunar, está operada por una organización vinculada al PLA y ha sido objeto de un escrutinio constante por parte de los analistas debido, entre otras cuestiones, al acuerdo que concede a China el control operativo a largo plazo y a la limitada supervisión ejercida por las autoridades argentinas.

El análisis de imágenes satelitales también ha identificado emplazamientos en Cuba, concretamente en zonas como Bejucal y Calabaza, que según los expertos podrían utilizarse para interceptar las comunicaciones de la región.

Espionaje económico

Otra dimensión preocupante es la inteligencia económica y tecnológica.

La Ley Nacional de Inteligencia de China obliga a las organizaciones y a los ciudadanos a apoyar y cooperar con la labor de inteligencia del Estado cuando se les solicite. Los analistas de seguridad afirman que este marco legal crea vías para la recopilación de inteligencia a través de empresas, asociaciones de investigación y proveedores de tecnología.

Los expertos en ciberseguridad también han expresado su preocupación por las vulnerabilidades asociadas a la infraestructura digital. El software de gestión portuaria, las plataformas logísticas y los sistemas de automatización, como los que se utilizan en los principales puertos regionales, incluidos Chancay en Perú y Santos en Brasil, pueden generar grandes volúmenes de datos comerciales y operativos con valor estratégico.

El ciberespionaje es otro vector. En los últimos años, los investigadores de seguridad han documentado campañas cibernéticas de larga duración llevadas a cabo por grupos patrocinados por el Estado chino que tienen como objetivo a operadores de telecomunicaciones y entidades gubernamentales de todo el mundo. Algunas operaciones se han basado en malware sofisticado, como GRIDTIDE, y han explotado servicios legítimos en la nube para mantener un acceso persistente a los sistemas comprometidos.

El reclutamiento digital también representa una preocupación creciente. Las agencias de inteligencia de varios países han advertido de que las plataformas de redes profesionales, como LinkedIn, pueden utilizarse para identificar y acercarse a empleados de sectores sensibles, a menudo con el pretexto de ofrecerles consultoría o estudios de mercado a cambio de una compensación económica.

Un modelo “whole-of-society”

Las operaciones de inteligencia de China también se entrelazan con la acción del Frente Unido, un aparato de influencia política, que el líder chino Xi Jinping describió como el “arma mágica” del Partido Comunista.

Este conjunto de actividades se inscribe en lo que los analistas denominan un enfoque “whole-of-society”. “Además de las formas tradicionales de espionaje, China adopta un modelo en el que cada interacción puede convertirse en un vector de recolección de información, de influencia o de futura coerción”, explica Harth.

El Frente Unido actúa a través de asociaciones de la diáspora, cámaras de comercio, fundaciones culturales y redes académicas, construyendo relaciones privilegiadas con políticos, empresarios, medios de comunicación y universidades.

Los analistas afirman que estas redes también pueden facilitar la vigilancia de las comunidades de la diáspora china en el extranjero y la presión sobre los disidentes o activistas críticos con Pekín.

Safeguard Defenders ha informado de la presencia de comisarías de policía chinas en el extranjero en varias partes del mundo, incluida América Latina. Según la organización, se han identificado al menos 14 oficinas de este tipo en ocho países de la región, entre ellos Brasil, Argentina, Ecuador, Chile y Perú. Aunque se presentan formalmente como centros de servicios administrativos para los ciudadanos chinos, las investigaciones indican que estas comisarías se utilizan para vigilar a las comunidades de la diáspora en el extranjero, recopilar información y apoyar actividades más amplias de recopilación de inteligencia.

“No se trata de algo que ocurra solo en los niveles más altos del poder, sino que se extiende a todos los ámbitos —político, económico, de seguridad, científico, académico y cultural. Es una erosión lenta y encubierta de la soberanía de un país y de su capacidad de decisión independiente, que cualquier nación debería rechazar”, concluye Harth.

(Publicado originalmente en Diálogo Américas)