Sumario
- El Programa Mundial de Alimentos y UNICEF alertan sobre dietas inadecuadas y riesgos de desnutrición y anemia infantil en Cuba.
- Los apagones agravan la crisis alimentaria: casi la mitad de los encuestados perdió alimentos por falta de refrigeración y más del 80 % reportó dificultades para cocinar.
- Aunque Naciones Unidas no ha declarado oficialmente una hambruna en Cuba por falta de datos verificables, los testimonios reflejan una emergencia alimentaria persistente en numerosos hogares.
Comer en Cuba se ha convertido en una lucha diaria: encontrar alimentos, reunir el dinero para pagarlos y cocinarlos antes del próximo apagón. En medio de una crisis que golpea con mayor fuerza a las familias vulnerables, varias madres aseguran que dejan de comer para poder alimentar a sus hijos.
“No me alcanzaba media libra de arroz y la compartí entre ellos. Yo me acosté simplemente con un vaso de agua. Muchas veces nos hemos acostado hasta con un vaso de agua con azúcar”, relató una madre cubana a Martí Noticias.
Otra mujer describió el sacrificio en términos similares: “Yo prefiero que mi hijo se acueste con la barriga llena, aunque yo me acueste con un vaso de agua. No importa”.
Los testimonios muestran una realidad que se repite en numerosos hogares de la isla: madres que reducen sus porciones, eliminan comidas o pasan la noche sin alimentarse para proteger a sus hijos. Las consecuencias ya se reflejan en su salud.
“Pesaba 64 kilos y estoy pesando 49”, contó una madre de cuatro hijos. Para algunas familias, sentarse ante un plato completo de comida se ha convertido en algo excepcional. Otra entrevistada explicó que comparte en una misma bandeja lo poco que logra conseguir.
“En una bandeja comemos los tres, nos unimos. Nunca he pensado comer así un plato de comida, un manjar, no”, afirmó.
Organismos internacionales advierten sobre la alimentación
La situación también aparece reflejada en evaluaciones de organismos internacionales. El nuevo Plan Estratégico para Cuba 2026-2030 del Programa Mundial de Alimentos reconoce que la dieta promedio de las familias cubanas es inadecuada.
UNICEF, por su parte, ha advertido sobre una situación de vulnerabilidad alimentaria y nutricional, con un aumento de la anemia y otras deficiencias que representan un riesgo mayor para los niños durante sus primeros años de vida.
El arroz, base de la dieta del cubano, se ha convertido en un lujo en muchos hogares.
A esas advertencias se suman los resultados de investigaciones independientes. La encuesta “En Cuba hay hambre 2025”, realizada por Food Monitor Program y Cuido60 a partir de 2.513 entrevistados en todas las provincias, reveló que el 33,9 % de los hogares consultados tuvo al menos una persona que se acostó sin comer alguna vez durante los 30 días anteriores.
Otros estudios indican que ocho de cada diez cubanos se vieron obligados a eliminar alguna comida por falta de dinero o alimentos. La cifra incluye a personas que dejaron de desayunar, almorzar o comer ante la imposibilidad de cubrir el costo de los productos básicos.
Los apagones también destruyen alimentos
La crisis eléctrica agrava todavía más el problema. Cerca de la mitad de los encuestados por estas organizaciones independientes afirmó haber perdido alimentos por los apagones, mientras el 80,4 % reportó dificultades para preparar la comida debido a las interrupciones del servicio.
Sin electricidad para refrigerar, algunas familias deben hervir o cocinar inmediatamente todo lo que consiguen para evitar que se descomponga.
Cubanos cocinan con leña en la calle en medio del apagón.
“Tuve que descuerar el pollo para sacarle la grasita, hervirlo todo para que no se echara a perder y comérmelo todo”, explicó la madre de cuatro hijos.
Los cortes eléctricos obligan así a consumir en pocas horas alimentos que deberían durar varios días, lo que reduce aún más las reservas familiares y aumenta los gastos en hogares donde buena parte de los ingresos ya se destina a la comida.
Pese a la gravedad de los testimonios y los resultados de las investigaciones, Naciones Unidas no ha declarado oficialmente una hambruna en Cuba. Para aplicar esa clasificación deben comprobarse simultáneamente niveles extremos de falta de alimentos, desnutrición infantil aguda y mortalidad relacionada con el hambre.
En Cuba no existen suficientes datos públicos, actualizados y verificables para medir de forma independiente esos tres indicadores. Sin embargo, los testimonios muestran una emergencia cotidiana que no siempre aparece en las estadísticas: madres que pierden peso, familias que comparten una bandeja y hogares donde un vaso de agua sustituye la última comida del día.