Sumario
- El preso político, que había sido encarcelado bajo acusaciones de sabotaje por apedrear una tienda MLC en Santiago de las Vegas, denunció las graves condiciones de vida y los abusos sistemáticos dentro del penal.
El preso político cubano Ángel Castro Carreras salió en libertad condicional este 23 de julio tras cumplir cinco de los seis años de su condena en régimen severo en la prisión del Combinado del Este.
Castro Carreras había sido encarcelado por el delito de Sabotaje bajo acusaciones de apedrear una tienda en Moneda Libremente Convertible (MLC) en Santiago de las Vegas.
Desde su casa en Arroyo Naranjo, el activista de 31 años, conversó con Martí Noticias para denunciar las severas condiciones de vida, el desabastecimiento crónico y los abusos a los que está sometida la población penal en una de las cárceles de mayor seguridad en la isla.
El acceso al agua potable está drásticamente restringido para los reclusos, lo que genera un entorno de insalubridad constante.
“Un pepino de agua; o sea, un litro y medio de agua de un tanque: para tomar y para todo con este pepino porque no dan más agua. Saca tu cuenta que es ese pepino para el día entero”, relató Castro Carreras.
El exprisionero político añadió que los baños permanecen en condiciones de extrema suciedad y que los periodos sin aseo personal son prolongados. Al momento de su liberación, los nueve hombres que compartían su compañía llevaban diez días consecutivos sin poder bañarse.
Respecto al suministro eléctrico dentro del Combinado del Este, Castro Carreras explicó que la corriente es racionada y administrada de forma estricta por las autoridades penitenciarias.
La electricidad se activa únicamente durante horarios específicos, como la emisión de la Mesa Redonda y la telenovela y los sábados, desde las 10 de la noche hasta la finalización de la segunda película del espacio televisivo, momento en que es interrumpido totalmente.
A la falta de energía y agua se suma la falta de atención médica y la proliferación de plagas. Castro Carreras denunció que no existe asistencia médica regular ni servicios de estomatología, al tiempo que calificó las celdas como "laboratorios de chinches" debido a la infestación masiva en los colchones y camastros.
Otro de los puntos expuestos por el activista fue el despojo impune de bienes personales dentro de la prisión, señalando directamente a los oficiales del penal.
“Cuando un prisionero es trasladado a una celda de castigo o a otro sector, sus objetos de valor, como calzado en buen estado o máquinas de pelar, suelen desaparecer sin que existan vías de reclamo ni consecuencias para los responsables”.
Según el testimonio de Castro Carreras, la droga conocida como “papelillo” o “el químico” prolifera cada vez más, “destruyendo aún más las vidas de muchas personas”.
Pese al ambiente hostil, Castro Carreras destacó que la convivencia entre presos comunes y prisioneros políticos se caracteriza por la convivencia pacífica y la ayuda mutua. Ante la falta de recursos proporcionados por el Estado, los reclusos han establecido redes de apoyo para compartir medicinas y alimentos.
"Lo que se ve más es la unión porque los tiempos están difíciles. Los que viven en una celda se protegen entre sí, se ayudan con medicinas o lo que alguno necesite porque solo podemos contar con nosotros mismos", concluyó.