Cuba y Venezuela o el Canto del Cisne

  • Jorge Riopedre

POLICÍA DISPERSA CON GASES LACRIMÓGENOS MARCHAS OPOSITORAS EN CARACAS

La ocupación cubana de Venezuela se halla cerca de coronar con éxito el largo y metódico proceso diseñado por el castrismo hace más de 20 años, la transición de un gobierno democrático mediatizado de baja intensidad a un régimen absolutista de corte rojizo inspirado en la violencia, mecanismo justificado por el marxismo como partera de toda sociedad vieja a punto de dar a luz una sociedad nueva. Hay que reconocer que los aventajados alumnos de la Stasi y la KGB soviética han hilado muy fino desde que Hugo Chávez (la Tarpeya venezolana) les permitiera establecer una cabeza de playa en Caracas luego de asumir la presidencia en febrero de 1999.

Desde entonces se dieron a la tarea de desmantelar las claves culturales de la economía y el entramado social barrio adentro, fomentaron la emigración de empresarios, profesionales y desafectos, pasaron por la criba a los militares para evitar que se repitiera el fiasco de Chile (lo contó el Gen. Rafael del Pino años atrás), asumieron el control del aparato de inteligencia y colocaron a su procónsul Nicolás Maduro en la primera línea de sucesión al trono del chavismo. Si a los venezolanos les parece caótica e insoportable la presente situación del país, deben prepararse para cuando la nueva constitución bolivariana entre en vigor y proclame la clave de su naturaleza absolutista: "El Partido Socialista de Venezuela, vanguardia organizada de la nación venezolana, es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado".

¿Cómo se las agenciaron estos condottieri (mercenarios) para adueñarse del poder en Venezuela? Sencillamente cambiaron la naturaleza campestre, colonial y bárbara del caudillismo por las modernas artimañas dialécticas de Engels: Nosotros, los revolucionarios, los alborotadores, prosperamos mucho más por los medios legales que por los medios ilegales y por el alboroto. Los partidos de orden, como ellos se llaman, perecen por el estado legal que ellos mismos crearon. ¿No crearon los venezolanos el marco legal de su propia desgracia? ¿No votaron por Chávez los venezolanos reiteradamente? ¿No permitieron los venezolanos que Chávez utilizara los medios legales para cambiar las reglas del juego? Pero no se sientan mal por tanta falta de previsión, ustedes no son los únicos que se ahorcaron con soga propia, los cubanos gritaron al unísono ¡está es tu casa, Fidel! Y otro tanto ocurrió con Rafael Correa, Evo Morales y algunos más que esperan por el flautista de Hamelín.

Las protestas públicas, por heroicas que sean, no cuentan con los medios necesarios para impedir la adopción de una nueva constitución en Venezuela, frenar las acciones represivas de la Guardia Nacional, conseguir el apoyo de los militares venezolanos u obtener un respaldo efectivo de Washington y mucho menos de América Latina.

Salvo gestos solidarios acompañados de regaños más o menos fuertes, poco puede hacer el presidente Donald Trump en una coyuntura política cada vez más alejada de la región excepto por el grave problema del tráfico de drogas. Tampoco sirve de mucho la cobertura de los medios de prensa entretenidos con las estupideces de Maduro, cuartillas redundantes o declaraciones airadas de políticos que prefieren omitir la cruda realidad de lo que se avecina en Venezuela o proclamar en el foro el derecho de la oposición venezolana a tomar las armas contra el opresor. Ante una situación tan desesperada como esta hay tres opciones improbables pero posibles: que los militares cierren filas con la oposición; La Habana negocie con Washington una transición pacífica en Venezuela a cambio de concesiones económicas, o Estados Unidos busque por su cuenta una solución al conflicto venezolano.

Nada es imposible, pero en términos de probabilidades, los expertos afirman que es más probable que te caiga un rayo que ganar la lotería.