Apagones agravan la crisis en zonas rurales de Cuba: "Estamos incomunicados"

Los cubanos recargan los celulares cuando llega la electricidad, pero durante el apagón la cobertura es pésima, según testimonios.

La crisis energética que atraviesa Cuba se ha convertido en una tragedia cotidiana para miles de familias, especialmente en las zonas rurales, donde los apagones prolongados paralizan la vida y agravan la pobreza.

La crisis energética estructural que padece Cuba, debido a la falta de combustible, las averías en termoeléctricas obsoletas y la falta de inversión, genera apagones crónicos y prolongados que, si bien impactan a toda la isla, afecta más gravemente a las localidades pequeñas, que suelen ser las primeras en sufrir los cortes para proteger la carga en centros urbanos principales.

La ausencia del fluido eléctrico, por más de 20 horas incluso, paraliza la vida diaria y corta las comunicaciones; deteriora el acceso a la salud pública, provoca pérdida de alimentos, impide el bombeo de agua y detiene los pequeños negocios, intensificando la pobreza rural.

“Lo que estamos pasando con los apagones es terrible. Va más allá de todo lo que hemos pasado hasta el día de hoy, todos estos años atrás. Nos están poniendo al día dos horas de corriente, cuando mucho, tres. Inmediatamente que se va la corriente, se va la cobertura y se va todo tipo de conexión hasta los teléfonos fijos”, dijo en un audio divulgado por el Observatorio Cubano de Derechos Humanos, María Carla Hernández Sánchez, vicecoordinadora de la Alianza Campesina y residente en el municipio holguinero Calixto García.

“Estamos, prácticamente incomunicados. Como yo soy madre, tengo un niño pequeño, que gracias a Dios se encuentra bien de salud, pero sí de momento hubiera alguna urgencia, alguna enfermedad, no tenemos manera de comunicarnos para poder sacarlo al hospital. No hay comunicación”, lamentó.

A más de 500 kilómetros de distancia, los residentes en Sagua la Grande, en la provincia Villa Clara, padecen las mismas torturas, indicó a Martí Noticias, Jaime Castillo.

“La luz la ponen tres horas. Tres horas al día. Puede ser por la tarde, por la mañana. No tiene horario. Cuando se va la luz, no tienes donde cargar el teléfono. No hay forma de llamar ni de recibir llamadas. En tres horas no da tiempo para cargar el teléfono, ni los equipos de una casa como las lámparas recargables. El hospital tiene la planta. Pero a veces se rompe”.

De igual modo, las altas temperaturas y la proliferación de mosquitos empeoran la salud física y mental, afectando gravemente a los más vulnerables.

Los estudiantes pierden días de clase y el hogar se vuelve invivible, destacó Máximo Armesto, vecino de Manuel Tames, en la provincia Guantánamo.

“Doce, quince, dieciséis horas a diario. Cuando más, cuatro horas y nos quedamos sin comunicación, hay esperar que la restablezcan. Tampoco tenemos transporte, no existe. Se fue la corriente. Cuando hay que ir al hospital hay que ir por tus propios medios, pagando una moto que cuesta mil y pico pesos o alquilar un carro que cuesta 300”.

El transporte público en localidades pequeñas de Cuba es prácticamente inexistente y se basa, principalmente, en alternativas compartidas. Los locales utilizan camiones adaptados, taxis colectivos viejos y coches de caballos y la espera prolongada de estos vehículos es la norma.

“El policlínico no funciona porque los aparatos fundamentales de hacer placas, ultrasonidos, esas cosas, se los llevaron para el municipio cabecera. Aquí un niño se enferma o un adulto tiene que esperar si viene el transporte para poderlo trasladar. Hay gente que ha muerto esperando, esos casos ya se han dado, en esta semana y en la otra se han dado. Compañeros que conozco que han estado enfermos, no se han podido comunicar y ya están bajo tierra”, enfatizó Armesto.

En la barriada de Guao, ubicada entre la ciudad de Cienfuegos y en Cumanayagua, Mireya Velázquez al ser preguntada por las horas que dura el apagón, contestó: “Pregúntame que tiempo viene. La ponen dos horas, tres horas, cuatro horas, según. Solo la ponen por la noche”.

“Si ocurre un accidente, y hay que llamar a una ambulancia, no se puede. Una bronca hay que llamar la policía y la ambulancia, no se puede. Estamos incomunicados. Por el día tenemos que cocinar con carbón, con leña, con rayo porque tampoco hay ni qué cocinar”, recalcó Velázquez.

La vicecoordinadora de la Alianza Campesina, concluye su mensaje, recordando que a ningún dirigente la importa la situación que enfrenta el pueblo.

“Que les importa a ellos que la gente se muera, que les importa que los niños no tengan que comer, que les importa que los niños pasen las noches enteras en vela con estos apagones, con la cantidad de mosquitos que hay, con la cantidad de enfermedades. Los únicos que sufrimos somos el pueblo…mientras esta dictadura siga en pie”.