Concesiones continuas para el castrismo

Ángel Carromero a su llegada a la cárcel de Segovia.

Lo que pasa con Cuba es bien extraño. Probablemente jamás había habido un acuerdo tan general sobre las necesidades de cambio y democratización para la Isla
La noticia del retorno de Ángel Carromero, con una depresión de caballo, desde Cuba a España ha sido sin lugar a dudas una de las informaciones que ha marcado el paso de la actualidad del 2012 al 2013 en los medios ibéricos. Lamentablemente lo ha sido más por el aspecto militante del protagonista y como arma arrojadiza en contra del PP, que no por el suceso que lo condujo a la cárcel en Cuba, un turbio accidente del que se desconocen las causas reales porque, recordemos, la instrucción del caso fue a cargo, nada más ni nada menos, que de una dictadura decrépita. Un accidente, alerta, que se llevó por delante a un opositor de envergadura al régimen castrista, Oswaldo Payá, y a uno de sus colaboradores cercanos, Harold Cepero.

En este fulgor informativo acerca del caso de Ángel Carromero el periódico El País se ha despachado con un editorial poco pertinente sobre la cuestión en el que, entre otras cosas, afirma que los argumentos de la familia Payá sobre la existencia de un segundo coche de la Seguridad del Estado que habría causado el accidente no tienen peso suficiente. Et voilà precisamente por eso se requiere esa investigación internacional que la familia Payá y voces del exilio están reclamando desde el primer momento. Aceptar que una dictadura imparta justicia sobre este caso o cualquier otro es dejar el caso irresuelto, es de hecho dejar que la injusticia se instale. Cerrar este trágico capítulo de la historia reciente de Cuba depende de una investigación que arroje luz sobre demasiadas sombras.

El caso es que si el gobierno español considera que Carromero debe estar en la calle porque no es culpable del accidente entonces no debería haber firmado ningún papel aceptando la instrucción del caso en Cuba. Debería estar reclamando la investigación internacional e independiente sobre la muerte de un ciudadano español. El haber firmado ese papel evidencia que estaría de acuerdo en la acusación, por lo que aceptaría que Carromero es culpable de un homicidio por imprudencia. Y eso en España también se paga. En ese caso, sería vergonzoso que se le quisiera dar la libertad lo antes posible, moviendo todos los hilos que, si no fuera porque es militante del PP, no se moverían. El zafarrancho es, así pues, de dimensiones considerables.

Lo que pasa con Cuba es bien extraño. Probablemente jamás había habido un acuerdo tan general sobre las necesidades de cambio y democratización para la Isla, si hasta un líder del comunismo ibérico como Gaspar Llamazares dijo estas Navidades que deseaba elecciones libres y plurales para los cubanos. En eso pues el comunista se puso de acuerdo con la expresidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, considerada la neocon patria, muy apreciada por los cubanos, pero fustigada por otras razones, por una nada despreciable cantidad de españoles y vapuleada por la mayoría de nacionalistas catalanes. A pesar de ese acuerdo entre un líder comunista y otra de corte liberal en cuanto a Cuba lo que se prepara es, en cambio, un escenario de mejores condiciones para el totalitarismo gracias a la suavización de la política de la Unión Europea frente a la dinastía castrista. Liquidar, de alguna forma u otra, a opositores tiene premio.

Es realmente inquietante que justo iniciado un nuevo año del siglo XXI y a 54 años del inicio de dictadura en Cuba, los países democráticos no hayan conseguido encontrar la fórmula que ayude a la emancipación del pueblo cubano, la manera de forzar al ilegítimo gobierno castrista a respetar los derechos fundamentales de todos sus ciudadanos. En lugar de eso solo asistimos a un escenario de concesiones continuas.