La vivienda en Cuba: otro fracaso del modelo castrista

Vivienda en Cuba

Sumario

  • Entra en vigor en Cuba la nueva Ley 187 de Vivienda.
  • El artículo repasa antecedentes de 1959 y 1960, cuando la Reforma Urbana y otras confiscaciones del régimen de Fidel Castro despojaron a propietarios de inmuebles y consolidaron al Estado como dueño de gran parte de las viviendas, tierras y empresas.
  • La pieza afirma que el modelo comunista agravó el déficit de vivienda y hoy deja a miles de cubanos en derrumbes, albergues de larga duración, hacinamiento y precariedad, mientras el Estado prioriza otras inversiones, como hoteles, en lugar de atender la emergencia habitacional.

Esta semana entró en vigencia en Cuba la nueva Ley 187, Ley General de la Vivienda, publicada en la Gaceta Ofical el 14 de octubre del presente año, y anunciada como una de las 176 “transformaciones económicas y sociales” presentadas por el primer ministro del régimen Manuel Marrero, en junio.

La situación de la vivienda en Cuba es un tema complejo desde hace mucho, y la incapacidad del régimen de La Habana para resolver el problema creado por sus políticas estatistas no se ve disminuida con esta nueva ley.

Antecedentes

Fidel Castro Ruz, el 16 de octubre de 1953, en su famoso alegato de autodefensa “La historia me absolverá”, aseveró que la situación de la vivienda en Cuba era uno de los primeros problemas que su revolución resolvería.

El 14 de octubre de 1960, su régimen promulgó la Ley de Reforma Urbana, donde despojó a los dueños de propiedades inmobiliarias de sus bienes, entregándolos a los inquilinos de los mismos, sin compensación adecuada para los propietarios. La misma ley prohibió el arrendamiento privado.

El régimen estableció de forma arbitraria el trato económico que darle a los propietarios, de acuerdo a sus características, diferenciando entre las personas que pertenecieron al régimen anterior, personas desafectas a la nueva revolución o personas con nacionalidad extranjera.

Esta medida no solamente violó la Constitución de 1940 que establecía que cualquier expropiación tenía que ser precedida por el pago inmediato del precio de la propiedad expropiada, también violó la “Ley Fundamental” promulgada por el gobierno revolucionario en sus primeros momentos, que prohibía la confiscación de bienes, aunque autorizaba la confiscación de los bienes del depuesto Fulgencio Batista y de sus colaboradores.

La Habana antes y después del comunismo

De acuerdo al estudio del abogado Rolando Anillo Badía, presentado en el 2014 ante la Asociación para el Estudio de la Economía Cubana (ASCE) por sus siglas en inglés, las reclamaciones por expropiación presentadas por ciudadanos de otros países fueron muy inferiores a los reclamos de ciudadanos cubanos y estadounidenses.

“Las leyes dictadas por el gobierno cubano para nacionalizar las propiedades de ciudadanos estadounidenses contenían compromisos del Estado cubano de compensar a los propietarios. Sin embargo, en casi ningún caso se pagó compensación real alguna”, estableció en su investigación Anillo Badía.

En las ciudades más pobladas de la Isla, la medida causó el rechazo por parte de los propietarios, pero el beneplácito de los inquilinos, que en lo adelante pagarían una renta al Estado por vivir en esas casas, a pesar de que, por la cantidad de personas que rentaban sobre todo en la capital del país, existían desde mucho antes abundantes protecciones y derechos para impedir los desalojos y las arbitrariedades contra los inquilinos, medidas estas incluso más avanzadas que las existentes en Estados Unidos .

De acuerdo al artículo de la editora Lisa Reynolds Wolfe, publicado en la plataforma Cold War Studies comentando la situación de la vivienda antes de 1959 en La Habana:

“Debido a que la vivienda resultaba tan inasequible, un gran porcentaje de los habitantes de La Habana eran inquilinos. De hecho, para 1953, los arrendatarios constituían casi tres quintas partes de los hogares en todas las zonas urbanas y tres cuartas partes en el caso de La Habana. El régimen de alquiler estaba tan extendido que, en las dos décadas previas a la revolución, los inquilinos obtuvieron una serie de protecciones y derechos incluso más avanzados que los que existen hoy en la mayoría de las jurisdicciones de Estados Unidos.”

Confiscacion de la Compañía Cubana de Electricidad

Las personas que no fueron afectadas en ese momento, aceptaron el despojo de las propiedades de sus compatriotas sin darse cuenta que era un indicio del poco respeto por la propiedad privada, por la Constitución de 1940, vigente y que jamás repusieron, y por los propios decretos conque el nuevo régimen imponía a toda velocidad su sistema totalitario.

El discurso populista con fines totalitarios

Las falsedades que contenía el alegato de Castro después de asaltar el cuartel militar Moncada, no fueron advertidas por la mayoría de la población en su momento.

El artículo 91 de la Constitución del 40, protegía el hogar, la propiedad familiar que estaba exenta de impuestos siempre que su valor no excediera los dos mil pesos, y la declaraba inalienable e intocable. El artículo 34 del mismo documento establecía que el domicilio es inviolable, y el artículo 24 prohibía expresamente la confiscación de bienes.

En 1946, el Ministerio de Agricultura de la República de Cuba realizó el Censo Agrícola Nacional donde se afirma que el 75% de las tierras fértiles en Cuba estaban en manos de cubanos, frente a un 25% en manos de extranjeros, principalmente estadounidenses.

Si bien es cierto que Cuba era un país donde se necesitaban mejorías y cambios en muchos aspectos de la vida económica, social y política, la realidad no era tan terrible como quería mostrar el abogado Castro en su camino al poder absoluto.

“Aproximadamente el 95 % de las viviendas de la ciudad contaban con electricidad y el 80 % disponían de agua corriente. Esto contrastaba notablemente con las viviendas rurales, donde el 90 % carecía de electricidad o agua corriente”, agrega el artículo de Reynolds Wolfe.

Tanto el proceso de la Reforma Urbana como el de la Reforma Agraria, y las confiscaciones posteriores, convirtieron al Estado en el dueño único de los inmuebles, empresas, tierras e industrias en Cuba, poniendo en manos del régimen totalitario toda la riqueza del país, que había sido el resultado de décadas de esfuerzo e innovación por parte de los cubanos a partir de 1902.

La Reforma Urbana en 1960. Fidel Castro despojó a cubanos y extranjeros de sus propiedades.

“Las “Granjas del Pueblo”, luego tendrían un segundo nombre y se llamarían “Granjas Estatales del Pueblo”; se transformarían luego en “Agrupaciones Agropecuarias”, más tarde en “Distritos”, eufemismos todos destinados a enmascarar un inmenso feudo de más de 7.8 millones de hectáreas del mejor suelo agropecuario y forestal de Cuba, en manos de dos hermanos, de Fidel y Raúl Castro, que dirigieron esa tierra y sus labradores como si fueran soldados. Y la tierra arable de Cuba en el año 1959 se cuantificaba en 8. 522. 276 hectáreas, distribuidas en 42.089 fincas, que eran propiedad de 30 587 propietarios. ¿De qué sirvió privar de sus propiedades a esas personas…?”, se pregunta Alberto Méndez Castelló, periodista independiente y ex oficial del Ministerio del Interior, en un artículo publicado por Cubanet recientemente.

La realidad de la vivienda hoy

Lo cierto es que en la actualidad, la situación de las viviendas en Cuba se ha convertido en una pesadilla. Miles de cubanos viven en condiciones infrahumanas, hacinados, en espacios pequeños donde conviven familias enteras. Los derrumbes, sobre todo en La Habana, han cobrado vidas inocentes; los damnificados de huracanes permanecen en albergues durante décadas sin ninguna esperanza de salir algún día de esas condiciones, y otros permanecen viviendo en la calle, bajo techos y entre paredes improvisados con planchas de zinc, cartones y trozos de maderas.

Años de falta de mantenimiento de edificaciones, falta de materiales, corrupción y robo de insumos de la construcción, y otras precariedades han sido el resultado directo del modelo comunista, que ha creado un caos, ahora agravado por los basureros en las calles, la falta de agua y electricidad, y el abandono casi total, por parte del Estado, de los servicios públicos dejando al ciudadano en un abismo existencial.

Caridad Blanco Domínguez es la madre de dos jóvenes que fueron encarcelados por las protestas del 11 de julio de 2011. Su hijo Yander Quián Blanco fue condenado a 7 años de prisión, mientras su hija cumplió arresto domiciliario por ser madre de una niña pequeña. Caridad vivía con sus hijos en la Calle Zanja de Centro Habana, pero el lugar se derrumbó y tuvieron que trasladarse a un almacén en los bajos de un edificio.

“Una pared lateral de mampostería, y lo demás lo tuve que construír porque es en los bajos de un edificio que viene siendo como unos almacenes antiguamente, y así están unas cuantas personas que se les ha caído la casa, y les han ido dando esos espacios para que construyan […] los techos están malos porque esto se lo dieron a la gente casi sin terminar, los techos tienen demasiada humedad y se descascaran y caen, pero imagínese, antes de estar en la calle, no hay otra opción”, relató Caridad en el programa Barrio Adentro por las ondas radiales de Radio Martí, quien agregó que en esas condiciones vive con sus hijas y sus nietos.

Yvis Castellanos Puig, vive en un albergue en la Calle Desamparados de La Habana, después que el edificio donde vivía se cayera.

“Estoy aquí porque, según el gobierno, después de estar días en la calle nos dijo que esto iba a ser seis meses, porque esto es una unidad de tránsito solo por seis meses, y el día 1 de octubre cumplí nueve años aquí […] las personas que viven aquí vienen de todas las partes de La Habana vieja. En estos momentos hay 264 núcleos, cada núcleo es un cubículo y entonces por seis cubículos es un baño, pero las personas que viven aquí casi siempre vienen por derrumbe total”, compartió en Barrio Adentro Yvis, quien vive en ese lugar con sus tres hijos, uno de 23 años, uno de 10 y uno de 7.

El edificio donde ella vivía lo arreglaron después del derrumbe y ahora lo convirtieron en una tienda.

“Nos quedamos en un albergue, que no es ni albergue porque esto eran oficinas, divididas por planchas de playwood, que no podemos ni cocinar aquí con gas porque no está permitido, tiene que ser eléctrico. Hemos tenido tres incendios con peligro para la vida, que han tenido los bomberos que sacarnos de aquí", denunció.

Una publicación en junio de 2026, por el medio digital Ciber Cuba, afirma: “Las cifras muestran la magnitud del problema. Entre 2000 y 2013 se derrumbaron 3,856 edificios en La Habana, un promedio cercano a una estructura colapsada por día, según datos de la Oficina del Historiador de la Ciudad. Sólo en 2025, los derrumbes dejaron al menos seis fallecidos en la capital, incluida una niña de siete años”.

"El estado de construcción de los edificios en La Habana Vieja, Centro Habana y otros municipios capitalinos es preocupante porque numerosos inmuebles habitados están en riesgo de derrumbe, pero las personas se mantienen ocupando los edificios por la crisis habitacional en la isla. Las autoridades han reconocido el problema del deterioro de las viviendas, pero lo atribuyen a la falta de recursos materiales", afirma un artículo reciente de Martí Noticias.

Mientras el propio régimen de la Isla dice que tiene un déficit de novescientas mil viviendas (900,000), el conglomerado militar GAESA prioriza la inversión del gobierno en la construcción de hoteles, aunque lleguen pocos turistas a Cuba y La Habana se caiga a pedazos.

“Hace nueve años cuando yo llegué aquí, yo pensaba de una manera diferente. Pero al ver todos los abusos, eso ha abierto mi mente. Los intereses míos hace nueve años eran trabajar y que llegara el día del cobro y comprarle algo a mis hijos, pero ahora mi interés es una Cuba libre, mi sueño ahora es de libertad”, afirmó Yvis Castellanos Puig desde su albergue cerca del puerto de La Habana.

Si alguien utiliza esta oración tomada de la “Historia me absolverá” posiblemente podría parecer la frase de un desafecto al sistema actual, pero es una frase del mismo creador del caos que vive Cuba hoy: “El Estado se cruza de brazos y el pueblo sigue sin casas y sin luz”.

Setenta y tres años después, y con sesenta y siete de terror comunista, esta afirmación no solamente es una realidad para los millones de cubanos que hoy sobreviven en la Isla, sino es la muestra del fracaso total del sistema implantado por los hermanos Fidel y Raúl Castro.