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Títeres y titiriteros


Desde el simple cubano de la isla hasta el célebre extranjero, pasando por los comunistas defenestrados y los abominables infiltrados, todos responden a las maniobras castristas como dóciles marionetas frente a las manos hábiles de titiriteros.

El régimen que desgobierna a Cuba domina muy bien los hilos del poder. La dictadura de la isla maneja a quienes se les antoja con desleal y asombroso éxito. Desde el simple cubano de la isla hasta el célebre extranjero, pasando por los comunistas defenestrados y los abominables infiltrados, todos responden a las maniobras castristas como dóciles marionetas frente a las manos hábiles de titiriteros.

Los que ejecutan la función saben muy bien los límites: los personajes tienen que estar en el territorio nacional. La función debe ser anunciada.


Los protagonistas serán conocidos o develados con titulares rimbombantes, se necesita público y la representación debe estar impregnada de valores éticos de pureza tal que sólo sean constatables en la farsa que se representa.

La descripción concuerda "muy bien" con los sucesos que llevaron al paredón al general Arnaldo Ochoa, la batalla por el regreso de Elián González y la forma con que se agasajó al expresidente Jimmy Carter en el aeropuerto de La Habana "con el corazón y los brazos abiertos". Quien en el año 1980 recibió la estocada del régimen de verde olivo, ahora es el centro de la obra que los titiriteros de La Habana representan con su versatilidad infinita.

El premio Nobel dejó al lado su nobleza para repetir el pregón de la tiranía: "Liberen a los cinco". El ex-inquilino de la Casa Blanca llegó a tiempo a escena, quienes movieron las hebras tras bastidores, respiran satisfechos.

Este es el cuento de nunca acabar. Los que dominan las figurilllas en el teatro tendrán espectáculo mientras encuentren flexibles monigotes que salten dóciles y confiados. El telón se abrirá siempre que exista la mirada ávida y morbosa del público, acostumbrado a ingerir toda la bazofia que se le engulla. Termino estas letras, al menos a mi, esta historia me repugna.

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