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El dinero vuelve al centro de la campaña


De izda. a dcha., el candidato republicano a la Casa Blanca, Mitt Romney; el senador cubanoamericano Marco Rubio; el exgobernador de Florida, Jeb Bush; y el candidato al Senado, Connie Mack IV.

Es todavía imposible predecir quién será el ganador pues las encuestas están muy igualadas y las ventajas de uno u otro candidato está dentro del margen estadístico de error.

A menos de una semana de las elecciones presidenciales y a pesar de la atención que el huracán Sandy ha generado en Estados Unidos y en todo el mundo, la campaña electoral vuelve a centrar la atención en cuestiones económicas y nadie sabe todavía si ayudarán al presidente Obama o a su rival republicano Mitt Romney.

No se trata simplemente de las dificultades a las que todavía se enfrentan millones de norteamericanos sin trabajo, o la falta de empuje para el crecimiento económico que sigue siendo muy débil, sino que los recientes destrozos producidos por el huracán Sandy están provocando un nuevo debate acerca de la función del gobierno y es muy probable que sirva para poner a Romney a la defensiva.

De momento, Romney ha tenido ya que desmentir que tenga intención alguna de eliminar la agencia FEMA (Federal Emergency Management Agency), tal como algunos le echaban en cara y se ha visto obligado a hacerlo porque en la situación actual hay millones de personas que dependen de la ayuda de FEMA. En parte, esta posición contradice la filosofía expresada por Romney, de que es preciso reducir al máximo la función del gobierno y no hay duda de que sus adversarios políticos lo utilizarán para denunciarlo por una volubilidad excesiva.

Obama recibió un espaldarazo de gobernadores de ambos partidos, el más visible a cargo del gobernador republicano de Nueva Jersey Chris Christie, quien le agradeció pública y repetidamente la ayuda y solidaridad demostradas con su estado. Para un político que llegó a la Casa Blanca con promesas de superar las divisiones de partido, pero que es acusado repetidamente de haber tenido una gestión de enfrentamiento constante y de hacer campaña de una forma muy negativa, estas palabras han de tener un efecto balsámico y es muy posible que se reflejen en los votos del próximo martes.

Al mismo tiempo, la evidencia de que el gobierno puede ser indispensable, favorece las posiciones del Partido Demócrata y del presidente Obama, quien podría experimentar una recuperación en la intención de voto en los últimos días de la campaña.

Al principio de esta última semana preelectoral, Romney tenía hasta 6 puntos de ventaja en la encuesta Gallup, pero en otras su apoyo parecía algo menor y muchos lo atribuyen a la oportunidad que el huracán ofreció a Obama de mostrar un líder eficiente y preocupado por el bienestar del pueblo.

Por otra parte, está la preocupación por el enorme costo del temporal cuyos destrozos entre casi 20.000 vuelos cancelados y una enorme destrucción de infraestructuras y que, según algunas estimaciones, podría recortar el producto interior bruto en 0.6%, algo especialmente inoportuno cuando la economía sufre de un crecimiento anémico.

Quizá por esto el candidato Romney vuelve a insistir machaconamente en sus cuantificaciones económicas y su capacidad de enderezar los problemas del país, pero es posible que el huracán haya frenado el impulso que en las últimas semanas le permitió remontar la desventaja que tenía ante el presidente Obama.

En cualquier caso, es todavía imposible predecir quién será el ganador pues las encuestas están muy igualadas y las ventajas de uno u otro candidato en diferentes estados están con frecuencia dentro del margen estadístico de error. Para hacer aún más difícil cualquier previsión, Romney parece tener una ligera ventaja en el total de votos, lo que se conoce como "voto popular", mientras que Obama va por delante en el "voto electoral" que corresponde al reparto de votos por estado y que es el elemento decisivo para ganar la Casa Blanca.

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