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Carlos Cabezas / El impacto de la resurrección de Jesús en nuestras vidas


Lo más importante es cuestionarnos si vivimos una vida de resucitados. Antes de Cristo el mundo era cruel y vengativo, lleno de odio, muerte y desprecio hacia el ser humano.

En este Tiempo Pascual que comienza deberíamos preguntarnos ¿qué significa la resurrección de Jesús para nosotros?, seguramente daríamos diferentes respuestas, más o menos acordes a la enseñanza teológica. Para mí, lo más importante es cuestionarnos si vivimos una vida de resucitados, y ahí comienzan los problemas.

El mundo en que vivimos exige que seamos consecuentes entre lo que decimos y hacemos. La historia de los cristianos está unida a una larga lista de mártires y santos que supieron ser consecuentes, dándolo todo por ser fieles a las enseñanzas del Evangelio. Desgraciadamente hemos sido más los que llamándonos discípulos del resucitado no actuamos como El. Las miserias humanas -llenas de todo tipo de pecados-, dejan mucho que decir y no son ejemplos positivos para los que nos rodean. Si al comienzo de la Iglesia conocían a los cristianos por el amor que irradiaban, hoy podrían conocernos por el anti-amor que conlleva nuestra actuación.

No somos plañideras para echarnos a llorar por ello. Hay que levantarse como hizo el rey David, una vez que el profeta Natán le echó en cara su gran pecado con Betsabé que le llevó a dar la orden para que a su esposo, Urías el itita, lo dejaran en el lugar más peligroso del combate para que lo mataran. David se arrepintió y lo hizo públicamente, el Salmo 50 –Miserere- nos lo demuestra.

¿Cómo podemos en el siglo XXI ser verdaderos discípulos del resucitado? Indiscutiblemente convirtiéndonos genuinamente, pero esa conversión no sería únicamente con una “metanoia” o cambio de mentalidad, sino debe estar unida a un cambio de actitud, para no ser sepulcros blanqueados.

El amor, traducido a nuestro quehacer, significa que todo debe pasar por ese prisma, todo en absoluto, no una parte que nos convenga y no exija sacrificios incómodos. Si algo introdujo la Fe cristiana al mundo fue precisamente el amor que nos llena de misericordia y compasión hacia el prójimo. Antes de Cristo el mundo era cruel y vengativo, lleno de odio, muerte y desprecio hacia el ser humano. Jesús cambió la perspectiva, pero muchos cristianos somos insensibles a ello, es como si la revolución que el Mesías provocó con su actitud fuera algo bello para observar pero no para imitar. De ahí que nos comportamos con la misma crueldad y desprecio al ser humano como lo hizo el mundo antiguo.

¡Cuidado!, no soy pesimista, todo lo contrario, al igual que José Martí “tengo fe en el mejoramiento humano…”, pero constato que continúan las guerras, armamentismo, penas de muerte, abortos, odios, venganzas, discriminaciones de todo tipo, desprecio al ser humano, etc, pero sobre todo, veo que todas estas miserias humanas las justificamos en vez de combatirlas, y que premiamos a sus promotores dejándonos aplastar por el miedo al enfrentamiento para cambiar la situación. Por suerte, existe un “pequeño resto fiel” que como acicate nos impulsa a querer vivir como resucitados.

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