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El 23 de Febrero 1981 Juan Carlos solidificó la democracia española


El Rey don Juan Carlos durante la emisión de su mensaje a la nación el 23 de Febrero de 1981. ,

"La corona no puede tolerar acciones o actitudes de personas que pretendan interrumpir por la fuerza el proceso democrático", dijo entonces Juan Carlos I.

El rey Juan Carlos I de España que este lunes abdicó en su hijo Felipe, ganó su legitimidad ante los españoles el 23 de febrero de 1981 cuando se opuso al intento de golpe de Estado defendiendo "el orden constitucional" frente a los golpistas.

"He ordenado a las autoridades civiles y a la junta de jefes de Estado Mayor que tomen todas las medidas necesarias para mantener el orden constitucional", anunció el Rey en un discurso televisado que trajo la tranquilidad a un país en vilo desde las 18h00 horas cuando 200 guardias civiles encabezado por el teniente coronel Antonio Tejero habían tomado el Congreso.

"La primera imagen que tuve fue de sorpresa ante un guardia civil que entraba dando gritos, colocándose el tricornio y que comenzó a dar gritos y tiros", relata a la AFP el exministro de Defensa, José Bono, entonces un joven diputado de 30 años, que vio como Tejero se le ponía al lado, mientras gritaba "¡Quieto todo el mundo!" a los diputados.

Bono, que se encontraba en el estrado asistiendo en la votación de investidura del presidente Leopoldo Calvo Sotelo, admite que "el momento de mayor tensión fue cuando dispararon, más de 30 veces, más de 30 impactos que siguen en las paredes del Congreso porque decidimos no quitarlos, que se quedaran como heridas históricas de aquel golpe".

Los golpistas intentaban intimidar a los diputados, especialmente al vicepresidente del gobierno, el teniente general Manuel Gutiérrez Mellado, que intentó oponerse a ellos, siendo zarandeado por Tejero, mientras sonaban las ráfagas.

Las cámaras del Congreso mostraron a los diputados escondiéndose tras sus escaños a excepción de Gutiérrez Mellado, el expresidente del gobierno Adolfo Suárez, y el líder comunista, Santiago Carrillo, que permanecieron sentados. "Era posible que nos mataran, pero lo que cabía era salvar el honor", relató Carrillo posteriormente a la televisión pública española.

La confusión reinó algún tiempo entre los diputados, muchos de los cuales creyeron que se trataba de un asalto de miembros de la organización armada separatista vasca ETA.

"Yo no tuve dudas acerca de que era un golpe de Estado porque reconocí a Tejero", conocido tras su implicación en una fallida conspiración anterior, aseguró Bono.

Comenzó entonces una larga noche, en la que las informaciones "nos llegaban con dificultades. Dos diputados tenían transistores y nos iban llegando noticias de boca en boca", añadió el exministro, recordando que "supimos que el Rey había hablado, pero lo supimos muy tarde y de una manera muy distorsionada".

Juan Carlos, nombrado sucesor por el dictador Francisco Franco, "se había legitimado desde el punto de vista jurídico en la Constitución, pero evidentemente su legitimación desde el punto de vista social se produjo esa noche cuando en lugar de optar por los golpistas optó por su pueblo, y en ese sentido hizo más por la monarquía que todos sus antepasados juntos", aseguró Bono.

Desde que tuvo noticia del golpe, Don Juan Carlos, con un joven príncipe Felipe de 13 años a su lado durante toda la noche, habló por teléfono desde su palacio de la Zarzuela con las distintas autoridades militares para averiguar los apoyos que tenía el movimiento, como el del capitán general de la Región Militar de Valencia (este), Jaime Milans del Bosch, quien decretó el estado de excepción y sacó los tanques a la calle.

"Toda la tarde fue un continuo pulso, una dura pelea en la que el Rey y Sabino (Fernández Campos, secretario del monarca) tuvieron que aplicarse a fondo para sujetar a los regimientos", reveló al diario El País Francisco Laína, entonces director de Seguridad, quien encabezó un gobierno provisional que duró las horas del golpe, formado por secretarios y subsecretarios de Estado.

Entre esos regimientos figuraba la División Acorazada Brunete, la mejor del ejército español, con la que los golpistas querían ocupar la capital y que se quedó parada por la decidida actuación del general Guillermo Quintana Lacaci, capitán general de la Región Militar de Madrid, que se puso a las órdenes del Rey sin dudar.

Sobre la 01h00 del 24 de febrero, el discurso televisado del monarca supuso el comienzo del fin del golpe: "en un momento de la noche vi un periódico, El País, que anunciaba 'El país con la Constitución', en una" de las veces que salí para ir al servicio y entré diciéndoles a los miembros de la mesa (del Congreso): han fracasado porque si hubiesen triunfado fuera, ese periódico no habría salido. Esto sería sobre las cinco o las seis de la mañana", recuerda Bono.

A medida que pasaba el tiempo, algunos de los guardias salen por las ventanas dispuestos a entregarse y pocas horas después, se entregaron Tejero y Milans del Bosch, mientras también fue detenido el general Alfonso Armada, que fuera instructor militar del rey.

Milans del Bosch murió en 1997, mientras que Armada falleció en 2013 habiendo negado siempre haber sido el cerebro del golpe, ante las sospechas de que debía encabezar un gobierno en caso de éxito de la intentona.
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