Llamada por el castrismo la “seudorrepública” o “la república neocolonial” debido al papel desempeñado por Estados Unidos en su advenimiento, la República nacida en aquella fecha ─también borrada de las efemérides por el régimen comunista─ fue la consumación de los sueños de los independentistas criollos al cabo de décadas de guerra por independizarse de España
El 20 de mayo de 1902 representa ese momento culminante en la historia cubana. Ese día, en La Habana, se izó la bandera de la estrella solitaria en el Castillo del Morro y en el Palacio de los Capitanes Generales, mientras bajaba la de Estados Unidos.
“Hemos llegado”: Máximo Gómez iza la bandera de la estrella solitaria
A las 12:08 del mediodía, en la azotea del Palacio de los Capitanes Generales en La Habana, tras arriarse la Star Spangled Banner de los Estados Unidos, el Generalísimo Máximo Gómez izó, con emoción contenida pero visible, la bandera de la estrella solitaria, la misma que fuera por primera vez enarbolada en Cuba 52 años antes, en Cárdenas (Matanzas) por la expedición de Narciso López. Ebrio de júbilo tras décadas de lucha independentista, el viejo mambí de origen dominicano exclamó con voz cargada de significado histórico: “¡Creo que hemos llegado!”.
Esa frase, pronunciada mientras el pabellón nacional ascendía al tope del mástil, condensaba el sentimiento de culminación de un largo camino de lucha de los criollos en Cuba por independizarse de España. Al lado de Gómez se encontraba el gobernador militar estadounidense Leonard Wood, testigo del acto simbólico que marcaba el fin formal de la ocupación de Estados Unidos iniciada en 1899 tras la derrota de España, y el nacimiento de la República de Cuba. El momento, captado en fotografías históricas, se convirtió en uno de los íconos más emotivos de la soberanía alcanzada.
Tomás Estrada Palma, un veterano general del Ejército Libertador y sucesor de José Martí al frente del Partido Revolucionario Cubano, tomó posesión como primer presidente electo de la República. Para los cubanos, simbolizó el advenimiento de su nación tras décadas de lucha independentista coronadas por la Guerra de Independencia de 1895 a 1898 que promovieron Martí, Antonio Maceo y Gómez. Los dos primeros perecieron en combate antes de aquel día histórico. Fue un día de júbilo popular en toda la isla, con celebraciones que reflejaban el anhelo de una nación libre.
La fecha cerraba un período marcado por la devastación de la guerra, la crisis humanitaria, y la colaboración reconstructiva.
La correlación de fuerzas favorecía a España en proporción de 6 a 1
Durante la Guerra de Independencia de Cuba (1895-1898), la correlación de fuerzas era fuertemente desfavorable en términos numéricos para los mambises (Ejército Libertador), aunque los independentistas resistían gracias a que compensaban su inferioridad con tácticas de guerrilla, movilidad y conocimiento del terreno.
A finales de 1897 España mantenía en Cuba alrededor de 240.000 tropas regulares (peninsulares y coloniales) más unos 60.000 irregulares (voluntarios, guerrilleros y milicias locales, muchos de ellos cubanos pro españoles. Los voluntarios eran una milicia local compuesta por españoles residentes, criollos leales y hasta esclavos "voluntariados" por los hacendados. Esto sumaba cerca de 300.000 efectivos totales.
Mientras tanto el Ejército Libertador contaba con un máximo teórico de alrededor de 50.000-53.000 hombres al final de la guerra (incluyendo oficiales), pero en la práctica solo unos 25.000 estaban armados de forma efectiva. Muchos operaban en pequeñas partidas o columnas móviles.
En 1897, tras la muerte de Antonio Maceo (7 de diciembre de 1896) y con Máximo Gómez al mando, las fuerzas activas en operaciones eran notablemente menores: columnas como la de Gómez en Las Villas rondaban los 3.000-4.000 hombres en campañas específicas. Nunca superaron los 40.000 en total combatiente simultáneo.
La carta de Máximo Gómez a Grover Cleveland y la crisis humanitaria
La Guerra de Independencia (1895-1898) fue el esfuerzo final por romper con España tras el fracaso de la Guerra de los Diez Años y la Guerra Chiquita. El Ejército Libertador, bajo Gómez y Maceo, avanzó con la invasión de Oriente a Occidente, pero España respondió con dureza. En febrero de 1897, desde Sancti Spíritus, el General en Jefe Máximo Gómez escribió al presidente de los Estados Unidos Grover Cleveland. No solicitaba intervención militar directa, sino que EEUU usara su influencia moral para detener las atrocidades contra la población civil. Gómez apeló a la humanidad: levantó su voz “solo en nombre de los americanos desarmados, víctimas de una crueldad espantosa”, invocando la Doctrina Monroe, y principios cristianos, comparando la situación con otras masacres. Denunció la política española como barbarie medieval.
La Reconcentración, ordenada por el general Valeriano Weyler en 1896, fue el eje de la crisis humanitaria en Cuba. Para aislar a los mambises (como los Castro 60 años después, desterraron de las montañas del Escambray a los campesinos para aislar a los “alzados”), se obligó a cientos de miles de “guajiros” (se estiman entre 400.000 y 600.000) a concentrarse en ciudades y pueblos controlados por España. En condiciones de hacinamiento, sin alimentos ni saneamiento adecuados, se propagaron enfermedades como disentería, tifus y fiebre amarilla. Se calcula que murieron entre 170.000 y más de 200.000 personas, un golpe demoledor a la población cubana de la época. Mujeres, niños y ancianos sufrieron especialmente. Weyler fue relevado en 1897, pero el daño persistió. La carta de Gómez amplificó la indignación internacional y fortaleció el apoyo a la causa cubana.
El apoyo de la prensa de EEUU
Al otro lado del Estrecho de la Florida periódicos como el New York World de Joseph Pulitzer y el New York Journal de William Randolph Hearst difundieron relatos impactantes de las atrocidades de la reconcentración, con ilustraciones y titulares dramáticos. Aunque se les ha tildado de sensacionalistas o amarillistas, estas publicaciones generaron un fuerte clamor público. La frase “Remember the Maine, to hell with Spain!” movilizó a la opinión pública norteamericana.
Este respaldo mediático contribuyó decisivamente a que el Congreso actuara y EEUU interviniera, convirtiendo la causa cubana en un asunto de solidaridad humanitaria y destino nacional.
1898: La Intervención estadounidense
Estados Unidos intervino en 1898. El detonante fue la explosión del acorazado USS Maine en el canal del Puerto de La Habana el 15 de febrero (266 muertos). Aunque las causas exactas permanecen debatidas, la prensa lo atribuyó a España.
El 20 de abril de 1898, el Congreso de Estados Unidos aprobó una resolución conjunta que reconocía el derecho de Cuba a la independencia, exigía la retirada española y autorizaba el uso de la fuerza. Incluía la Enmienda Teller, propuesta por el senador por Colorado Henry M. Teller que declaraba explícitamente: “Los Estados Unidos por la presente renuncian a toda disposición o intención de ejercer soberanía, jurisdicción o control sobre dicha isla, excepto para su pacificación, y afirman su determinación, una vez logrado esto, de dejar el gobierno y control de la isla a su pueblo”. El presidente William McKinley firmó la resolución el 20 de abril. España declaró la guerra el 24 y EEUU respondió.
La guerra duró hasta agosto. La flota estadounidense destruyó a la española en Manila (Filipinas) y Santiago de Cuba. Tropas norteamericanas, incluidos los Rough Riders de Theodore Roosevelt, desembarcaron y tomaron posiciones clave como la Loma de San Juan en Santiago. El armisticio llegó el 12 de agosto y el Tratado de París (10 de diciembre) formalizó la renuncia española a Puerto Rico, Filipinas, Guam y Cuba, dejando a la Perla de las Antillas bajo ocupación temporal estadounidense para su pacificación y transición. Esta intervención aceleró el fin del dominio español y permitió la organización de un gobierno cubano propio.
La reacción de los mambises, según Orestes Ferrara
Orestes Ferrara, italiano naturalizado cubano que combatió como coronel en el Ejército Libertador bajo Máximo Gómez y José Miguel Gómez, describió vívidamente la reacción de los mambises ante la noticia de la intervención estadounidense. En sus memorias, relató un júbilo intenso y enloquecedor: “No puedo explicar el júbilo intenso, enloquecedor, que se apoderó de los cubanos. Corríamos por el campamento, nos abrazábamos y el grito [de alegría] resonaba por todas partes”. Los insurgentes, exhaustos tras años de lucha desigual, vieron en la intervención el apoyo decisivo que aceleraría la victoria y el fin del sufrimiento. Ferrara, testigo directo, capturó esa euforia colectiva en los campamentos, donde el anuncio se recibió como un rayo de esperanza que validaba sus sacrificios.
Esta reacción reflejaba el agotamiento de las fuerzas mambisas y la percepción de que la entrada de EEUU complementaba sus esfuerzos, permitiendo un desenlace favorable sin que España pudiera prolongar la resistencia.
Enmienda Platt
El principal argumento del castrismo para denostar a la República que nació el 20 de mayo de 1902 e ignorar la histórica fecha fue la adición a la Constitución cubana de la Enmienda Platt. La propuesta del senador Orville Platt al presupuesto del Ejército de EEUU fue añadida a la Constitución de 1901 con los votos de 16 de los 31 cubanos miembros de la Asamblea Constituyente. Once votaron en contra y cuatro se abstuvieron.
Permitía la intervención estadounidense cuando, a juicio de EEUU, el gobierno cubano no fuera capaz de proteger la vida, la propiedad y la libertad individual de los habitantes de la isla (es decir, en casos de inestabilidad, revueltas, anarquía o incapacidad del Estado para mantener el orden, posibilidad nada remota dada la inexperiencia de los cubanos para gobernar en la paz.
Washington intervino en tres ocasiones: 1906-1909, tras la renuncia del presidente Tomás Estrada Palma por una revuelta liberal; 1912, durante la llamada Rebelión de los Independientes de Color o "Guerra de las Razas"; y 1917-1922 (Intervención durante la Revolución de la Chambelona, una revuelta armada tras una elección disputada contra el presidente Mario García Menocal)
La mayoría de las disposiciones de la Enmienda Platt fueron derogadas el 29 de mayo de 1934 mediante el Tratado de Relaciones Cubano-Estadounidense de 1934 (parte de la Política de Buena Vecindad del presidente Franklin D. Roosevelt). Se eliminó completamente de la Constitución cubana en 1940.
La ayuda estadounidense en la reconstrucción (1898-1902)
Al finalizar la guerra, Cuba estaba en ruinas: campos destruidos, infraestructuras colapsadas, economía paralizada y población diezmada por la reconcentración y los combates. La ocupación militar estadounidense (1899-1902), bajo gobernadores como John Brooke y especialmente Leonard Wood, impulsó un programa amplio de auxilio y reconstrucción.
Se distribuyeron alimentos y suministros de emergencia para combatir el hambre. En salud pública, destacaron las campañas contra la fiebre amarilla después que el cubano Carlos J. Finlay propusiera la teoría del mosquito Aedes aegypti como vector de la enfermedad, y el norteamericano Walter Reed la demostrara experimentalmente.
Se implementaron saneamiento urbano, alcantarillado, pavimentación de calles, reparación de carreteras, puentes y puertos. Se reformó la educación con nuevas escuelas y formación de maestros que fueron a estudiar el sistema pedagógico estadounidense a Harvard, y se reorganizaron la administración, el sistema de justicia y las finanzas. Estas medidas redujeron drásticamente la mortalidad y sentaron bases para la recuperación económica y social de la isla.
La ocupación culminó formalmente el 20 de mayo de 1902 con la transferencia del gobierno a las autoridades cubanas electas.
Significación para Cuba del 20 de mayo de 1902
El 20 de mayo de 1902 simboliza el nacimiento de la República de Cuba como nación, fruto del sacrificio mambí y la colaboración internacional. Representa el triunfo de la idea de patria libre inspirada en Martí y el fin de la colonia española. La legislación del Congreso de EEUU especialmente la resolución de abril de 1898 con la Enmienda Teller, reafirmó el compromiso de dejar el control a los cubanos una vez pacificada la isla, y así se cumplió. La ayuda reconstructiva de Estados Unidos facilitó la transición y la estabilización.
En perspectiva histórica, esta fecha encarna la resiliencia cubana tras una guerra devastadora. Los mambises, según Ferrara, la vivieron con euforia como culminación de sus esfuerzos. Hoy, el 20 de mayo recuerda el valor de la tenacidad, el patriotismo, la solidaridad y la reconstrucción compartida en la forja de la identidad nacional cubana.
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