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Día de los padres, y los hijos ausentes


Día de los padres en Cuba.

El dolor de no tener a los hijos cerca en un día como este es hondo

CIENFUEGOS, Cuba.- El Día de los Padres continúa siendo entre nosotros una jornada señalada, aunque algunas mujeres aún coadyuvan a propalar el dicho que afirma que padre es cualquiera, frase discriminatoria que contribuye a reforzar el machismo que nos inoculan desde que nacemos.

Pero más allá de los efectos de la falsedad de esa frase, la paternidad de los cubanos también está surcada por los efectos de una desastrosa ideología que primigenia un ideal, incluso por encima de la existencia humana.

A la fuerza de los imprevistos causados por las contingencias, dicha ideología ha añadido consecuencias nefastas que se perciben en gran parte de nuestras familias, mucho más en un día como este.

Los padres antes sus hijos muertos

Este 17 de junio muchos padres cubanos acudirán a los cementerios.

Entre los numerosos desencuentros de la vida pueden estar esas partidas anticipadas, incomprensibles y hasta absurdas de los hijos. Pienso ahora mismo en los padres que lamentablemente acaban de perder a sus hijos en el accidente de la nave arrendada por Cubana de Aviación. Y también en los que todavía-a pesar de sus años- acudirán a los panteones oficiales de los cementerios para colocar alguna flor en los nichos que guardan los restos de sus hijos caídos en Angola o Etiopía.

Estoy seguro de que muchos de esos padres, conocedores de cómo han evolucionado los acontecimientos en esos países, se cuestionarán si valieron la pena esas aventuras intervencionistas cubanas. Y aunque nunca lo reconozcan públicamente, muchos se responderán a sí mismos que no, y se les aparecerá entonces el rostro de sus hijos en medio de la tristeza, y luego se desvanecerá como sus sueños y alegrías en algún remoto combate.

Los padres ante sus hijos presos

Recientes informes de organizaciones cubanas que monitorean las violaciones de los derechos humanos fijan el número de presos políticos en poco más de una centena.

A vuelo de memoria me vienen a la mente los casos del Dr. Cardet y del científico pinareño recién encarcelado. ¿Tendrán padres? ¿Tendrán hijos sufriendo a la par con ellos su injusto encierro?

Este domingo -si las autoridades penitenciarias lo permiten- las enormes y múltiples cárceles cubanas permitirán que esos presos de conciencia reciban la visita de sus padres y seres queridos, acaso cinco minutos, no mucho más, siempre bajo la mirada de los guardias.

Al menos ellos tienen la esperanza de salir algún día de su encierro, algo vedado para siempre a quienes perdieron sus vidas en las guerras africanas.

Los padres ante los hijos ausentes

Soy parte de esa generación a la que algunos califican como la de los padres con hijos ausentes, porque tomaron la decisión de emigrar.

Desde Guantánamo pude haberme ido por la base naval, pero mi deseo de ver crecer a mis hijos junto a mi esposa, fue superior al deseo de conocer la democracia y probar suerte en busca de una mejor fortuna.

La cárcel y la posterior discriminación de que he sido objeto me demostraron que siempre se puede estar peor, pero también que se puede vivir con muy poco; que la libertad no está en ningún país -aunque algunos permitan que la hallemos más rápido que en otros- sino muy dentro de uno, y que solo se pierde cuando permitimos que nos la quiten.

Con dos hijos varones -ambos en los EE.UU.- y un nieto de cuatro años nacido allá y al que solo he visto una vez, cuando llega este día añoro sus abrazos. Igual les pasa a otros amigos que sufren la lejanía de sus hijos.

Quizás por eso un día como hoy quienes vivimos esa experiencia potenciamos nuestro espíritu gregario y concertamos un encuentro para compartir recuerdos y algunos tragos que al menos servirán para alejar esa añoranza. En ese compartir cercano, donde siempre se hacen los mismos chistes y hasta quizás nos excedamos en gastos para estirar lo más posible el encuentro, recordaremos a los hijos y hasta quizás hablemos con ellos.

En esos minutos de conversación es posible que los imaginemos junto a nosotros, prestos a entregarnos su abrazo para moldear otro sueño, aunque una voz salida Dios sabrá de dónde, nos susurre que debemos controlarnos y ser fuertes, porque en definitiva somos hombres y no debemos mostrar debilidad en público, porque así nos enseñaron, ¿no?

Y es que el dolor de no tener a los hijos cerca en un día como este es hondo, tanto como magistralmente lo describiera César Vallejo en su extraordinario poema dedicado a su hermano Miguel o en ese otro no menos genial que tituló “Los heraldos negros”.

Ante esos hechos dolorosos no puedo evitar acordarme de los padres que perdieron a sus hijos en esas guerras nefastas, en quienes los tienen presos por sus ideas políticas y en los que los tienen dispersos por el mundo. Y una pregunta surge, inevitablemente: “¿Dios mío, hasta cuándo?”.

(Publicado originalmente en CubaNet)

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