Enlaces de accesibilidad

Blanche Zacharie de Baralt y “El Martí que yo conocí”

José Martí (1853–1895).
José Martí (1853–1895).

Sumario

  • Blanche Zacharie de Baralt, en su obra “El Martí que yo conocí”, ofrece una perspectiva íntima y emotiva sobre la figura del Apóstol, basada en su experiencia personal.
  • El libro, publicado en 1945, combina anécdotas y lirismo para retratar al héroe nacional cubano desde una óptica humana y cercana.
Getting your Trinity Audio player ready...

En el vasto y apasionante universo de la literatura cubana, pocas figuras han logrado darle una voz tan personal y emotiva a la memoria de José Martí como lo hizo Blanche Zacharie de Baralt en su célebre obra “El Martí que yo conocí”.

En este libro, de estilo cercano, anecdótico y a la vez profundamente lírico, nos adentramos en la vida del más grande de todos los cubanos y la riqueza del testimonio de la autora nos obsequia una semblanza excepcional de nuestro Apóstol.

Blanche Zacharie de Baralt (1865-1947).
Blanche Zacharie de Baralt (1865-1947).

De Baralt no fue sólo una intelectual y cronista de su tiempo; fue también una mujer marcada por el privilegio —y la responsabilidad— de haber conocido personalmente a José Martí. Su libro, publicado en 1945, se erige como una joya testimonial, en la que la autora narra sus vivencias con Martí desde la peculiar óptica de una adolescente fascinada por el carisma y la sensibilidad del héroe nacional.

Al igual que Carlos Ripoll, otro exhaustivo investigador de la vida y de la obra de José Martí, aunque posterior, De Baralt elige la confesión, el detalle evocador, la atmósfera sensorial: el lector se sumerge en salones habaneros neoyorquinos, siente la vibración de las palabras del Apóstol y percibe la gravedad de su mirada. Su prosa, sin excesos, es cálida, envolvente, repleta de sinceridad, y construye un retrato humano, cercano, despojado de la estatua y el mármol.

Uno de los méritos más sobresalientes de “El Martí que yo conocí” es la perspectiva desde la que está escrito: la de una mujer todavía joven, casada, observadora, sensible. De Baralt narra con la honestidad de quien no pretende glosar la figura monumental de Martí, sino compartir el recuerdo de un hombre real: magnánimo, delicado, atormentado a veces por las circunstancias y la distancia de su patria.

Portada de “El Martí que yo conocí”.
Portada de “El Martí que yo conocí”.

Como en la novela “Amistad funesta” de José Martí, la única novela que escribió, De Baralt se permite la emoción y la introspección. No teme mostrarse vulnerable ante la magnitud del personaje, ni resalta únicamente los grandes gestos patrióticos, sino que se detiene en las pequeñas acciones —una mirada, una palabra de aliento, una sonrisa— la premura, que revelan la naturaleza íntima del hombre detrás del mito.

Si algo caracteriza la obra de De Baralt es su capacidad para mezclar la historia y la memoria personal, la ternura y la crítica, el humor y la nostalgia. En el texto, hallamos ese pulso: la autora no idealiza, narra; no embellece, recuerda. Sus páginas están cargadas de detalles cotidianos, de dudas, de la magia de conocer a un gigante de la patria en la dimensión doméstica de la vida.

El tono confesional de De Baralt, la cadencia de su prosa, sus evocaciones del Nueva York finisecular remiten inevitablemente a esa manera martiana de contar la historia de cada uno de sus pasos a través de personajes y vivencias femeninas. Desde ambientes no tan distintos, ambos, Martí y ella, se alían en la tarea de preservar la memoria y dotarla de matices, de humanidad.

En una época donde la historia suele presentarse como un relato unívoco y distante, textos como “El Martí que yo conocí” resultan imprescindibles. Gracias a la sensibilidad de De Baralt, podemos acercarnos a José Martí desde la ternura, la admiración y, sobre todo, la cotidianeidad. La autora nos recuerda, con la delicadeza de quien cuida un secreto, que los próceres también fueron humanos y que la memoria, cuando es sincera, trasciende el tiempo y las fronteras.

Así, al leer a De Baralt, comprendemos que la literatura cubana —y la memoria de Martí— están hechas no solo de fechas y proclamas, sino de voces femeninas, de recuerdos íntimos, de la vida que late en las páginas y en los corazones.

Blanche Zacharie de Baralt, con “El Martí que yo conocí”, nos regala un héroe cercano, humano y entrañable. Su prosa, teñida de nostalgia y delicadeza, se hermana con la de tantos que también dedicaron pinceladas de su pluma a esa alma única en el arte de vivir la historia personal y colectiva de Cuba. Leer a De Baralt no es sólo reencontrarse con Martí, es también escuchar la voz de una mujer que supo mirar más allá del mito, en lo hondo del patriota, y compartir, con todos nosotros la emoción genuina de haber conocido al Apóstol.

Foro

XS
SM
MD
LG