“Resignarnos a estar presos o emigrar”: confesiones de un preso político desde la cárcel de Canaleta

Omar Ortega Mendoza. (Foto: Facebook/Caraballo Jos)

Han transcurrido ya cuatro meses desde que el activista y periodista independiente Omar Ortega fue recluido en la prisión de Canaleta, en Ciego de Ávila, tras ser condenado a dos años y medio de privación de libertad por el delito de desacato.

La sanción deriva de una transmisión en directo a través de Facebook que Ortega empleó para denunciar y criticar al gobernante Miguel Díaz-Canel, y a los agentes de la policía política que lo asediaban y vigilaban en el municipio donde reside, Morón.

“En este país hay que tener la boca cerrada, no se puede decir nada en contra del gobierno. No nos queda alternativa que resignarnos a estar presos o emigrar”, dijo Ortega en una llamada telefónica desde Canaleta a Radio Televisión Martí.

El ex asistente de camillero, de 34 años, había cumplido una sanción de diez meses de cárcel, también por desacato, después de publicar en las redes sociales fotografías de cadáveres en el hospital Roberto Rodríguez, de Morón. Según dijo entonces, eran víctimas mortales del Covid-19.


Denunció, asimismo, la desviación de recursos y medicamentos, carencias de insumos… en fin, las pésimas condiciones de una instalación de salud atestada de personas enfermas en medio de la pandemia.

Su información disparó una alarma que, sonó tan alto, que molestó los oídos de la alta dirigencia local. Tal fue la algarabía que el caso acaparó titulares en los medios provinciales, y hubo destituciones tras un proceso que depuró responsabilidades.

Hoy, en Canaleta, en el cumplimiento de su segunda condena carcelaria en menos de dos años, Ortega pasa días y noches sin noción del tiempo. Un pan de cumpleaños, entiéndase, de los más pequeños que se engullen de un bocado, y un poco de agua hervida con hierbas, componen el menú del desayuno.

“Las porciones de almuerzo y comida son de unos 100 gramos, alimentos mal elaborados, casi siempre con gusanos y gorgojos”, comentó el recluso, que dedica parte del tiempo a leer o escribir mientras tiene opción de jugar dominó o ver el Noticiero Nacional de Televisión en una galera que comparte con otras 14 personas.

“Por lo general, veo la sección de internacionales del noticiero, porque lo nacional todo es mentira”, indicó.

Una vez al día, la población penal de poco más de 1.000 reclusos, tiene derecho a patio, al aire libre, a tomar sol por 30 minutos.

Omar Ortega junto a un cartel que reza "Patria y Vida". (Foto: Facebook/Caraballo Jos)

A falta de familia, ha solicitado dos veces traslado a la prisión de Morón, donde reside su hermana, que además de dedicarse a la atención de sus hijos, se ocupa del abuelo, anciano y enfermo. Es su hermana, la única persona que puede hacer por él.

“Dudo que la Seguridad del Estado, que es la que nos atiende a nosotros, me vaya a poner la situación fácil. He tratado de localizar a algún oficial, pero no dan la cara”, dijo Ortega, que no tiene quien lo visite, ni le lleve la jaba de alimentos y artículos necesarios para la sobrevivencia en cautiverio por 30 días.

Sobre las condiciones de violaciones a los derechos humanos, plantea que suceden a menudo, y que muchos presos consideran que Canaleta es una prisión privada.

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“Dicen que esta prisión es particular, porque los guardias hacen lo que quieren, golpean a quien quieren. Le ley nunca funciona”, comentó el activista, tras asegurar que ha tenido suerte de no haber sido de los maltratados, al menos por ahora, porque estima que temen a la opinión pública internacional.

En cuanto a su salud, padece una bacteria en la piel que le provoca irritación y picazón aguda. Las posibilidades de que lo vea un dermatólogo no se barajan y solo escasas visitas a la enfermería del penal lo ayudan a capear la dolencia.

Dice ser de las personas que tiene sangre en venas y que hierbe, de las que no callan en un país de futuro incierto.

Mencionó como tendencia que los jóvenes opten por irse, y que otros estén presos. Se pregunta, por otra parte, qué pasará con la fuerza de trabajo en Cuba, o qué piensa hacer el Estado para levantar la economía.

“Enfrentar al gobierno es la única solución, somos los cubanos los únicos que podemos cambiar la situación del país”, concluyó.