Un año más los católicos nicaragüenses no han podido vivir las celebraciones religiosas en plena libertad. Si bien, por lo general, las misas se realizan con regularidad, las procesiones que se solían hacer en las principales calles de cada localidad han sido impedidas por el régimen Ortega-Murillo.
Aunque no hubo decreto ni comunicado oficial que confinara las tradicionales procesiones en el interior de los muros de las iglesias, la persecución policial contra un grupo de jóvenes que intentó realizar una representación religiosa en 2023 en las calles de Nindirí, Masaya, ha confinado desde entonces la Semana Santa en Nicaragua.
Con el inicio de la Cuaresma, el 18 de febrero, muchas parroquias nicaragüenses organizaron lo que llamaron el "primer viacrucis interno", una tradición que para los católicos marcó el comienzo del periodo de 40 días de preparación espiritual previo a la Semana Mayor.
A la fecha, las actividades de la Iglesia Católica siguen limitadas y solo se realizan adentro, en los jardines o en los patios de los templos católicos provocando, en muchos casos, hacinamiento en medio de altas temperaturas propias de esta época del año y recorridos extremadamente reducidos del Viacrucis dependiendo del tamaño de cada iglesia.
Por otra parte, los católicos que por enfermedad o edad avanzada no pueden llegar a las iglesias han perdido la oportunidad de, al menos, ver pasar el Viacrucis frente a sus casas.
Según el informe más reciente de Nicaragua: Una iglesia Perseguida suscrito por Martha Patricia Molina, entre 2019 y julio de 2025, la Policía Nacional prohibió 16.564 procesiones y actividades religiosas, y que desde 2023 las prohibiciones pasaron de ser selectivas a masivas, obligando a la Iglesia a recluir su vida litúrgica “a lo interno de cada templo”.
En una actualización de la situación de libertad religiosa para este año, Molina señaló que “la Semana Santa de este 2026 se va a vivir con las mismas condiciones en que se han celebrado las anteriores: bajo amenaza, bajo asedio y bajo vigilancia completa en cada una de las actividades religiosas. Pero, además, en estos últimos días, la Policía se ha puesto más incisiva con los sacerdotes. Les pide más información”.
El confinamiento de las procesiones es solo una parte de la persecución que sufre la Iglesia Católica en Nicaragua, donde con la expulsión del sacerdote José Concepción Reyes Mairena, de la Diócesis de León, en febrero de este año, ya son 309 los religiosos que han sido forzados a salir del país.
Precisamente, sobre esta situación se pronunció el Arzobispo de Miami Thomas Wenski, quien el pasado 31 de marzo denunció “la continua represión en Nicaragua, donde el régimen ha expulsado a más de 300 personas, entre obispos, sacerdotes, seminaristas y religiosos, y ha prohibido las ordenaciones sacerdotales en cuatro diócesis”.
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Nicaragua prohíbe procesiones de Semana SantaEl propio sacerdote nicaragüense en el exilio Edwin Román indicó a ACI Prensa que en esa celebración presidida por Wenski participaron cuatro sacerdotes exiliados, incluidos él y el padre Marcos Somarriba, párroco de Santa Agatha; además de otros seis sacerdotes que llegaron a Estados Unidos siendo niños o jóvenes; y un diácono que pronto será ordenado sacerdote, todos de origen nicaragüense.
EEUU denuncia la falta de libertad religiosa en Nicaragua
Por su parte el Gobierno de Estados Unidos por medio del vicesecretario del Departamento de Estado, Christopher Landau, denunció la prohibición de las procesiones públicas y deseó al pueblo de Nicaragua la recuperación de la libertad religiosa.
"La Semana Santa es un tiempo sagrado para las familias de todo el mundo, incluida la mía. En toda América Latina, la gente se reúne en las calles de sus ciudades para profesar su fe y conmemorar la Pasión. Pero, una vez más este año, la dictadura Ortega-Murillo niega al pueblo de Nicaragua el derecho a profesar su fe de esta manera al prohibir tales procesiones públicas. Nicaragua ha acogido históricamente algunas de las procesiones más bellas y famosas de la región (por ejemplo, en Granada y León) y espero el día en que nuestros amigos nicaragüenses recuperen su libertad religiosa” destacó Landau el 1 de abril en una publicación en X.
Ya antes la Comisión de los Estados Unidos para la Libertad Religiosa Internacional (Uscirf, por sus siglas en inglés), en su informe 2025 recomendó al Gobierno de Estados Unidos catalogar a Nicaragua como un "país de especial preocupación".
En 2024, las condiciones de libertad religiosa en Nicaragua "seguían siendo pésimas" y el régimen, agrega Uscirf, continuó su ofensiva contra la libertad religiosa mediante la detención arbitraria, el encarcelamiento y el exilio de líderes religiosos y fieles, la cancelación de la personalidad jurídica de las organizaciones religiosas y el acoso e intimidación de los fieles.
Nicaragua se ubica entre los 78 países en el mundo donde los cristianos no están a salvo de persecución, según la Lista Mundial de la Persecución 2025 que elabora Open Doors, organización no gubernamental con sede en los Países Bajos.
Sin embargo, el régimen Ortega Murillo negó las críticas y denuncias y en un comunicado en medios oficialistas señaló que su gobierno "desmiente categóricamente las acusaciones perversas que han emitido voceros del Gobierno norteamericano y que cualquier Ser Humano, nicaragüense o no, puede también desmentir en base a las realidades que vive nuestro País y nuestro Pueblo Devoto, Creyente y lleno de Fe".
El comunicado del régimen nicaragüense, sin embargo, no explica por qué no permiten la realización de procesiones en las calles del país, como era tradición, y por qué éstas ahora se realizan intramuros en cada iglesia.