Ecos del Clásico Mundial: lo feo de un evento muy mejorable 

Peloteros venezolanos celebran la conquista del título en el Clásico Mundial de Béisbol.

Sumario

  • El Clásico Mundial de Béisbol busca equipararse al Mundial de fútbol, pero la injerencia de la MLB y sus franquicias limita su desarrollo y lo reduce a un torneo de exhibición.
  • Se critica la presión de equipos de Grandes Ligas sobre managers de selecciones, la falta de transparencia en seguros y decisiones arbitrales polémicas, que hacen imperioso el uso del sistema ABS.
  • Se plantea restringir reglas de elegibilidad para equilibrar nativos y descendientes, y conformar grupos por sorteo para evitar sospechas de favoritismo en futuras ediciones.

Si bien el Clásico Mundial de Béisbol dejó emociones a granel y momentos para la historia, es un evento muy mejorable para próximas ediciones, en aras de su continuidad.

El WBC trata de ser al béisbol el equivalente de la Copa Mundial de fútbol (salvando las distancias, por supuesto), pero mientras las partes involucradas, principalmente la MLB, no se convenzan a sí mismos de eso, el Clásico no pasará de ser un divertido torneo de exhibición.

Manos fuera del Clásico

Los equipos de Grandes Ligas, donde militan gran parte de las estrellas que le aportan brillo y color al WBC, deben dejar de inmiscuirse en las decisiones de los managers de las diferentes selecciones nacionales.

Se entiende que las diferentes franquicias quieran proteger sus inversiones millonarias y no quieren que peloteros que cobran salarios estratosféricos vayan a lesionarse en un torneo fuera de su control.

Pero una vez que un pelotero se compromete con el equipo de su país, el manager debe ser libre de usarlo cuando lo amerite, independientemente de que existen regulaciones, sobre todo, en el uso de los lanzadores.

El director venezolano, Omar López, reveló tras su victoria, que recibió presiones de varios equipos de MLB referentes a la utilización de sus pitchers.

Mientras, el estadounidense Mark DeRosa no trajo a su cerrador Mason Miller en el noveno inning del partido final, para honrar un acuerdo con los Padres de San Diego de usarlo sólo en situación de salvamento, una injerencia simplemente imperdonable.

Por otro lado, no hubo transparencia en la manera en se manejó el tema de los seguros, que cubrió a algunos y dejó fuera a otros por supuestos riesgos de lesiones, lo cual afectó el desempeño de ciertas selecciones, principalmente a Puerto Rico.

El arbitraje, oh, el arbitraje

Un juego como el que disputaron en semifinales República Dominicana y Estados Unidos no podía terminar por una decisión equivocada del umpire principal.

No es que los quisqueyanos hayan perdido por ese tercer strike que el árbitro Cory Blaser le cantó a Geraldo Perdomo para el último out del juego.

Perdieron porque no batearon a la hora buena y no ejecutaron las jugadas que debían.

Pero hubo varias decisiones arbitrales cuestionables, lo que lleva a una necesidad inminente de imponer el sistema de revisión de lanzamientos, ABS, por sus siglas en inglés, para evitar injusticias.

Por cierto, el umpire Blaser, en el partido de marras entre EEUU y RD, sólo falló en siete conteos de los 284 pitcheos que se hicieron en el partido, aunque como casi siempre ocurre, la última impresión es la que queda en la memoria.

Restringir las reglas de elegibilidad

Basta con demostrar algún parentesco lejano para poder jugar por la selección de un país al que muchos ni siquiera han tenido intenciones de ir.

Es cierto que esa tolerancia excesiva busca, entre otras cosas, elevar el nivel de las selecciones más débiles e impulsar el interés por el juego en terrenos tan áridos, peloteramente hablando, como, por ejemplo, Israel, Brasil o República Checa. Incluso, la misma Italia, que junto a Países Bajos, es uno de los pilares beisbolísticos en el Viejo Continente.

Pero algún límite o rigor debe tenerse en cuenta. Lo de los italianos se pasó de la raya: sólo cuatro jugadores, el catcher Alberto Mineo y los lanzadores Sam Aldegheri, Claudio Scotti y Gabrielle Quatrinni, nacieron en Italia.

Sólo cuatro jugadores de la selección italiana nacieron en el país.

El resto se repartieron para llegar al mundo entre Estados Unidos, Venezuela y San Marino.

Se agradece la pasión e intensidad que ponen al jugar por el país de sus ancestros, sin cumplir siquiera la exigencia de nacionalizarse, pero un balance entre nativos y descendientes evitaría a futuro críticas y suspicacias que en nada ayudan a la organización del evento.

Conformación de los grupos por sorteo

Los países que llegaron a las semifinales deberían ser cabezas de los cuatro grupos en el siguiente Clásico Mundial y el resto de los integrantes debería sortearse a suerte.

No quiere decir que Italia, cuarto lugar en el 2026, deba ser necesariamente sede de su grupo, pues jugar una llave, digamos, en Roma o Milán, no va a aportar ni una centésima parte de las ganancias de Tokio, con todo y que Japón ocupó el quinto lugar esta vez.

Las sedes se establecen de antemano y la capital nipona es una plaza obligada, por lo que económicamente representa para el certamen.

Con un sorteo para configurar los grupos se evitan teorías conspirativas sobre cierto favoritismo con los grandes, principalmente Estados Unidos, escenario principal del WBC.