sábado, abril 19, 2014, 11:11 pm

Opiniones / Joan Antoni Guerrero

Mariela Castro ensaya la tiranía web 2.0

La web 2.0, aquella que da la palabra a todo el mundo, no responde a las necesidades del totalitarismo, sólo contribuye a fortalecer y perfeccionar las democracias.

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En a penas diez mensajes en Twitter Mariela Castro nos muestra el concepto errado que el régimen castrista tiene de las redes sociales. Una tiranía se sostiene gracias a la concepción 1.0 de la realidad, por eso el castrismo fallará en todas las aventuras con las que pretende vendernos como espontánea la actividad cibernética de periodistas y elementos confiables del sistema.

La web 2.0, aquella que da la palabra a todo el mundo, no responde a las necesidades del totalitarismo, sólo contribuye a fortalecer y perfeccionar las democracias. Hasta el momento, cuando se ha introducido esta interactividad en sociedades cerradas y herméticas, su irrupción ha acabado por desalojar a gobiernos autoritarios.

En sociedades democráticas, las redes han permitido una mayor participación de la ciudadanía en discusiones políticas, con lo cual el discurso de los políticos ha tenido que contemplar problemáticas introducidas en la agenda por movimientos que han llevado su protesta al espacio público. El poder tiene que responder a las redes sociales, porque las redes sociales son la gente, y los políticos están para servir a la gente, y no para manejarla a su antojo y en función de sus intereses.

Cualquiera puede imaginar que para un dictador como Fidel Castro, acostumbrado a extenderse ampliamente en sus discursos, adaptarse a un medio de comunicación como Twitter y limitarse a lanzar mensajes en 140 caracteres no debe ser una tarea fácil. Tampoco puede resultarnos difícil imaginar las sensaciones que podrían estar recorriendo todo su cuerpo al observar que no es precisamente la autoridad lograda tras una lucha heroica en Sierra Maestra lo que cuenta a la hora de ser considerado en un espacio virtual.

Para sostenerse en Twitter y contar con un volumen apreciable de seguidores se requiere sobre todo popularidad, de acuerdo. Por eso, Mariela Castro ha conseguido más de 2.000 seguidores en menos de 24 horas. Pero lo más importante, se precisa de cierta empatía con los otros, tener habilidad persuasiva. Y es que no es lo mismo que pararse vestido de verdeolivo encima de una tarima ante una audiencia obligada. Las relaciones entre administrador y administrado no pueden estar nunca más sostenidas por el monólogo. Ahora todo es diálogo, conversación.

En las redes sociales los ciudadanos no son un público cautivo como aquella masa obligada a aguantar los soporíferos monólogos de un personaje como Fidel Castro. Todos los rituales de una dictadura como la castrista responden a una lógica de web 1.0, en los que no se concibe que existan electrones libres, ni tampoco que a cualquiera se le permita hablar por los codos sobre el tema que le dé la gana, sea o no especialista en él.

Es por todo esto que los primeros diez tweets de Mariela Castro, que acaba de desembarcar en Twitter con gran eco mediático, han sido esta semana muy reveladores. La sobrina de Fidel sigue los pasos de su tío. Su actitud destila autoritarismo. Y hoy, afortunadamente, son malos tiempos para este tipo de comportamientos políticos. Ella forma parte de la elite gobernante, por lo que considera que tiene la potestad para emitir cualquier afirmación respecto a temas de interés nacional sin que nadie pueda replicar sus apreciaciones en una dirección que ponga en evidencia su falta de sentido.

En Cuba, la autoridad es algo que no se puede cuestionar. Es por ello que cuando Yoani Sánchez saluda su llegada a la red social con una bienvenida al pluralismo, Castro Espín responde con un ataque poco elegante (manda a la bloguera  a estudiar; la califica indirectamente de ignorante y además insinúa que su actividad en la blogosfera responde a un interés comercial, por eso emplea la expresión "para mejorar tus servicios"). Así pues, podemos decir que Castro Espín aterriza en Twitter con modos poco elegantes y con una actitud claramente ofensiva. Más adelante, volvemos a observar esta actitud agria y a la defensiva cuando emplea términos como "mediocre" y "aburridos" para descalificar a sus detractores.

En menos de dos horas de presencia en Twitter, Castro Espín ha emitido pues varios insultos, ¿cuántos habrá lanzado cuando lleve 10.000? En esa primera tarde, Mariela recibe gran cantidad de mensajes atrevidos de personas que quieren expresar su malestar con la dictadura que ella representa. Esto la incomoda soberanamente. Se siente violentada y es entonces cuando su mente, reproduciendo un viejo esquema del poder a la cubana, saca su escudo protector y acaba recurriendo de nuevo al insulto. Tacha a todo aquel que se le opone de "parásito despreciable" y, además, insinúa que los que la contradicen han sido enviados por una fuerza superior ("los empleadores") que les paga para hacerle la vida imposible a ella.

Auguro jornadas de tuiteo muy insatisfactorias para Mariela Castro, cuando observe que en un entorno de libertad cualquiera puede expresar sin temor a nada sus opiniones libremente. La escenografía castrista de una Cuba ideal se viene a bajo cada día en Internet, donde está expuesta la cruda realidad de esa Isla. Y ni los más socorridos maquillajes funcionan.

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Comentarios
     
por:: Anonymous user
noviembre 10, 2011 14:08
Mariela parece que quiso imitar al tío. Él inventó la etiqueta "GUSANOS" y ella, con su "PARÁSITOS", pensó que estaba en la misma línea.
En los cursos que da Yoani, enseñan a contar caracteres.

Y no estaría de más, que, allí o en otro sitio, Mariela aprendiera también que hablar de "guiones predeterminados", por no llamarlo redundancia, es una obviedad.
Si el objetivo es gastar caracteres sin aportar nada que interese, lo consigue. Pero entonces ¿para qué escribe?

por:: Daniel S Rodriguez
noviembre 14, 2011 00:36
Por que tanta fanfarria por esta señora? Desde el principio de la humanidad, hijo o hija de gato. Caza al raton.Aqui no hay nada que buscar, nada que encontrar y mucho menos algo de que asombrarse.