martes, julio 29, 2014, 12:37 am

Opiniones / Iván García

Diversión a cualquier precio

Los precios de las versiones recientes de PlayStation, Xbox o Nintendo oscilan entre los 300 y 400 pesos convertibles.

Un músico permanece en la puerta de un bar en la calle Obispo en La Habana.
Un músico permanece en la puerta de un bar en la calle Obispo en La Habana.
En La Habana consigues jineteras a domicilio por 20 pesos convertibles. Antenas ilegales del 'cable' a 10 cuc mensuales. Conexiones piratas a internet por 2 cuc la hora. Y aumentan las copias clandestinas de culebrones, seriales y filmes, sobre todo de procedencia estadounidense, sin pagar copyright.

Existen casas donde los fines de semanas se montan espectaculares discotecas con pantallas gigantes y música tecno. Cobran en moneda nacional, a 10 pesos la entrada. Si te gusta el deporte, por 25 pesos, puedes llegarte a ciertos  domicilios donde sus inquilinos convierten la sala de su casa en auténticos mini estadios. Y entre tragos de ron, miras distendido el derby Atlético-Real Madrid.

Ahora mismo, el sector local de los videojuegos también apunta al alza en Cuba. Por supuesto, no tienen el alcance y pujanza de las compañías foráneas, que solo en 2011, con más de 74 mil millones de dólares de ganancias a nivel mundial, dejaron sin aire las producciones cinematográficas.

Casi todo es ilegal. Pero los cubanos se las apañan con infraestructuras mínimas. Con accesos prehistóricos a internet y tecnologías obsoletas, han creado una incipiente industria del ocio. ¿Su objetivo? Distraer a familiares, vecinos y amigos, la mayor parte del tiempo estresados en conseguir comida.

Ya los discos pirateados con las últimas versiones de videojuegos se pueden comprar en tenderetes particulares que además ofertan CDs o DVDs de películas y musicales. Si deseas, puedes llamar por teléfono a un tipo con conocimientos informáticos.

El hombre llega a tu casa armado con un disco duro externo y una lista amplia de juegos en oferta. Los precios van desde un peso convertible hasta dos, los más recientes. En pocos minutos te instala en tu computadora los SIM 4 o FIFA Player 2012.

También hay expertos en 'craquear' los Xbox, Wii de Nintendo y PlayStation de Sony para que lean discos quemados. En caso de rotura. no existe ningún taller estatal dedicado a reparar videojuegos. Pero sobran los particulares que realizan esa labor.

De no tener parientes al otro lado del charco que te pueda enviar antes de Navidad un sofisticado videojuego, en La Habana lo puedes comprar en el mercado negro. Eso sí, prepara la billetera. Si es un PlayStation 2, nuevo en su caja, te lo pueden vender entre 100 y 120 pesos convertibles. De uso, quizás 40 pesos convertibles.

Los precios de las versiones recientes de PlayStation, Xbox o Nintendo oscilan  entre los 300 a 400 pesos convertibles. En las tiendas por moneda dura no se ofertan videojuegos. Algunos propietarios los alquilan, a 20 pesos la hora. Y créanme, les sobran clientes. Todos los fiñes del barrio se agrupan en la sala para distraerse con juegos violentos donde abundan las balas y la sangre.

Muchos padres pagan con gusto ese dinero para tener a sus hijos adolescentes entretenidos en juegos virtuales, y no aburridos en la esquina del barrio, sinónimo de botella de  ron o pastillas de Parkisonil.

A veces la familia en pleno se integra a la moda. Pasada las 7 de la tarde, el matrimonio González y sus dos hijos de 8 y 11 años enchufan el videojuego en un televisor de plasma de 32 pulgadas. Y hasta las 9 y media de la noche, hora del culebrón de turno, se la pasan jugando en grande.

“Hice esa inversión (comprar el videojuego) como una forma de estar juntos en esas horas muertas de la televisión cubana, donde por lo general trasmiten enlatados repetidos o las asfixiantes Mesas Redondas. Es verdad que no nos enteramos ni del parte del tiempo, pero esto de jugar es más interesante”, opina Roberto González.

Ante la falta de futuro y una vida dura que provoca oleadas de angustia y desesperanza, la gente prefiere refugiarse detrás de un 'joystick' (palanca de mando). Y no solo a los más jóvenes les encantan los videojuegos.

Pregúntenle a Juana, ama de casa de 68 años. Ella suele estar sentada hasta diez horas frente a la computadora y unas cuantas veces se le han quemado los frijoles, por estar absorta buscando detalles en un juego de detectives.

Iván García Quintero

ivangquintero+yahoo.es

Nació en La Habana, el 15 de agosto de 1965. Hijo de la periodista Tania Quintero Antúnez y del abogado, ya fallecido, Rafael García Himely. Después de pasar el servicio militar, no concluyó la enseñanza preuniversitaria, dedicándose a los más variados oficios, desde ayudante en una imprenta y aprendiz de plomería, hasta asistente de programas en la Redacción de Programas Especiales de la Televisión Cubana. En 1995 logró su sueño de incorporarse a una profesión que no le era ajena, el periodismo. Ese año fue admitido en Cuba Press, agencia de periodismo independiente fundada por el poeta y escritor Raúl Rivero el 23 de septiembre de 1995. Su gran afición por los deportes le permitió crear la sección Minideportivas de Cuba Press, única en el incipiente periodismo independiente cubano. A su formación autodidacta contribuyeron los talleres de prensa impartidos por Raúl Rivero, y lecturas como El Libro de Estilo de El País; manuales de la agencia EFE; publicaciones del Programa Latinoamericano de Periodismo de la Universidad Internacional de la Florida y la revistas Veja y Newsweek en Español, entre otros. Cuatro años antes de comenzar a escribir como periodista independiente, en marzo de 1991, estuvo dos semanas detenido en Villa Marista, cuartel general del Departamento de Seguridad del Estado, acusado de "propaganda enemiga". No fue enjuiciado, pero a partir de ese año, por cualquier motivo era detenido, la última vez, el 22 de octubre de 2008, según relatara en Estado de sitio. Ha sido colaborador de Encuentro en la Red, la Revista Hispano Cubana y la web de la Sociedad Interamericana de Prensa. Fue miembro de la Sociedad de Periodismo Manuel Márquez Sterling, creada en 2001 y dirigida por Ricardo González Alfonso, condenado a 20 años de prisión en abril de 2003 y excarcelado y desterrado a España en julio de 2010. A partir del 28 de enero de 2009 empezó a escribir en Desde La Habana, su primer blog. Desde octubre de 2009 es colaborador del periódico El Mundo/América y desde febrero de 2011 también publica en Diario de Cuba. Tiene esposa y una hija, nacida el 3 de febrero de 2003.
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